Los seres humanos se desarrollan gradualmente dentro del cuerpo de la mujer. La muerte de un óvulo humano fertilizado no parece ser lo mismo que la muerte de una persona. Sin embargo, no hay una línea neta de separación entre el feto en formación gradual y el ser adulto. Por esta razón, el aborto plantea un difícil problema ético.
Los que defienden el derecho al aborto de las mujeres se refieren a sí mismos como "pro-electistas" más que como "pro-abortistas". De este modo procuran soslayar el tema del estatuto moral del feto y en su lugar hacen del derecho al aborto una cuestión de libertad individual. Pero no es posible dar por asumido que el derecho de una mujer a tener un aborto es una cuestión de libertad individual porque primeramente habría que dejar establecido que el feto abortado no es un ser digno de protección. Sí el feto es digno de protección, entonces las leyes contra el aborto no crean "crímenes sin víctimas" como hacen las leyes contra las relaciones homosexuales consentidas entre adultos. Así pues, la cuestión del estatuto moral del feto no puede ser soslayada.
El argumento central contra el aborto puede ser expuesto así:
Es un crimen matar a un ser humano inocente.
Un feto humano es un ser humano inocente.
Por tanto, es un crimen matar a un feto humano.
Los defensores del aborto niegan usualmente la segunda premisa de este argumento. La disputa sobre el aborto se torna entonces en una disputa sobre si un feto es un ser humano, o, dicho en otras palabras, cuándo comienza una vida humana. Los oponentes del aborto emplazan a sus adversarios a que identifiquen un estadio en el proceso gradual del desarrollo humano que marque una línea divisoria moralmente significativa. A menos que exista esa línea, dicen ellos, o bien tendremos que elevar el estatuto del inicial embrión hasta el del niño, o bien degradar el estatuto del niño hasta el del feto; y nadie aboga por la última alternativa.
Las líneas divisorias más comúnmente sugeridas entre el óvulo fertilizado y el niño son el nacimiento y la viabilidad. Una y otra están abiertas a la objeción. Un niño nacido prematuramente puede muy bien estar menos desarrollado en estos respectos que un feto a punto de alcanzar su normal término, y resulta bastante peculiar sostener que no podemos matar al niño prematuro pero que podemos matar al feto más desarrollado. La cuestión de la viabilidad varía de acuerdo con el estado de la tecnología médica disponible, y, nuevamente, resulta singular mantener que un feto tiene derecho a la vida si la mujer embarazada vive en Londres, pero que no lo tiene si ella vive en Nueva Guinea.
Los que buscan negar al feto el derecho a la vida encontrarían fundamentos más sólidos si cuestionasen la primera en lugar de la segunda premisa del anterior argumento. Describir un ser humano es usar un término que engloba dos nociones distintas: ser miembro de la especie Homo sapiens, y ser una persona, en el sentido de ser un individuo racional o consciente de sí. Si se toma "humano" como equivalente a "persona", la segunda premisa del argumento, que afirma que el feto es un ser humano, es claramente falsa; porque no se puede defender de modo plausible que un feto sea o racional o consciente de sí mismo. Si, por otra parte, se tomara "humano" con el exclusivo significado de "miembro de la especie Homo sapiens", entonces habría que mostrar por qué el mero hecho de ser miembro de una especie biológica dada debería ser base suficiente para un derecho a la vida. En lugar de eso, el defensor del aborto debería argumentar considerando al feto tal como éste es en sí -las características que actualmente posee- y valorando su vida de acuerdo con ello.
Rosalind Hursthouse, Beginning Lives, Oxford, 1987.
Judith Jarvis Thomson "A Defense of Abortion",
Peter Singer, Applied Ethics, Oxford, 1986.
Michael Tooley, Abortion and Infanticide, Oxford, 1983.
http://www.parlamentario.com/db/000/000597_proyecto_ive_2018.pdf
Los que defienden el derecho al aborto de las mujeres se refieren a sí mismos como "pro-electistas" más que como "pro-abortistas". De este modo procuran soslayar el tema del estatuto moral del feto y en su lugar hacen del derecho al aborto una cuestión de libertad individual. Pero no es posible dar por asumido que el derecho de una mujer a tener un aborto es una cuestión de libertad individual porque primeramente habría que dejar establecido que el feto abortado no es un ser digno de protección. Sí el feto es digno de protección, entonces las leyes contra el aborto no crean "crímenes sin víctimas" como hacen las leyes contra las relaciones homosexuales consentidas entre adultos. Así pues, la cuestión del estatuto moral del feto no puede ser soslayada.
El argumento central contra el aborto puede ser expuesto así:
Es un crimen matar a un ser humano inocente.
Un feto humano es un ser humano inocente.
Por tanto, es un crimen matar a un feto humano.
Los defensores del aborto niegan usualmente la segunda premisa de este argumento. La disputa sobre el aborto se torna entonces en una disputa sobre si un feto es un ser humano, o, dicho en otras palabras, cuándo comienza una vida humana. Los oponentes del aborto emplazan a sus adversarios a que identifiquen un estadio en el proceso gradual del desarrollo humano que marque una línea divisoria moralmente significativa. A menos que exista esa línea, dicen ellos, o bien tendremos que elevar el estatuto del inicial embrión hasta el del niño, o bien degradar el estatuto del niño hasta el del feto; y nadie aboga por la última alternativa.
Las líneas divisorias más comúnmente sugeridas entre el óvulo fertilizado y el niño son el nacimiento y la viabilidad. Una y otra están abiertas a la objeción. Un niño nacido prematuramente puede muy bien estar menos desarrollado en estos respectos que un feto a punto de alcanzar su normal término, y resulta bastante peculiar sostener que no podemos matar al niño prematuro pero que podemos matar al feto más desarrollado. La cuestión de la viabilidad varía de acuerdo con el estado de la tecnología médica disponible, y, nuevamente, resulta singular mantener que un feto tiene derecho a la vida si la mujer embarazada vive en Londres, pero que no lo tiene si ella vive en Nueva Guinea.
Los que buscan negar al feto el derecho a la vida encontrarían fundamentos más sólidos si cuestionasen la primera en lugar de la segunda premisa del anterior argumento. Describir un ser humano es usar un término que engloba dos nociones distintas: ser miembro de la especie Homo sapiens, y ser una persona, en el sentido de ser un individuo racional o consciente de sí. Si se toma "humano" como equivalente a "persona", la segunda premisa del argumento, que afirma que el feto es un ser humano, es claramente falsa; porque no se puede defender de modo plausible que un feto sea o racional o consciente de sí mismo. Si, por otra parte, se tomara "humano" con el exclusivo significado de "miembro de la especie Homo sapiens", entonces habría que mostrar por qué el mero hecho de ser miembro de una especie biológica dada debería ser base suficiente para un derecho a la vida. En lugar de eso, el defensor del aborto debería argumentar considerando al feto tal como éste es en sí -las características que actualmente posee- y valorando su vida de acuerdo con ello.
Rosalind Hursthouse, Beginning Lives, Oxford, 1987.
Judith Jarvis Thomson "A Defense of Abortion",
Peter Singer, Applied Ethics, Oxford, 1986.
Michael Tooley, Abortion and Infanticide, Oxford, 1983.
http://www.parlamentario.com/db/000/000597_proyecto_ive_2018.pdf