Que es la muerte?


A lo largo de la historia, morir se ha considerado de muchas maneras. El criterio médico legal que se usa para certificar el fin de una vida fue cambiando a lo largo del tiempo, muchas veces incluso en contra del sentido común. Por eso en este video verás cómo fue cambiando el concepto de muerte a través de la historia y el tiempo, en nuestro planeta.
Durante la Grecia Clásica se creía que la muerte se producía al separarse el espíritu del cuerpo y que la falta de respiración era un indicador casi infalible de que la vida había terminado. Galeno sostenía que durante este proceso se podían distinguir dos vías: una ascendente, marcada por la pérdida del espíritu vital, y una descendente, en la que se producía la pérdida del espíritu intelectivo.
En el siglo XVIII, Rudolf Virchow, el padre de la patología moderna, introdujo la idea de que la verdadera muerte es la muerte celular. Sin embargo, lo que durante siglos estas teorías compartieron fue la idea de que el fin de la vida acontecía cuando la persona dejaba de respirar, pero gracias a esto, personas que sufrían catalepsia o alguna condición similar, eran dados por muertos y enterrados vivos. A comienzos del siglo XIX, la invención del estetoscopio llegó para quedarse y, de paso, para modificar este criterio. Desde entonces, el evento que marcaba el fin de la vida, pasó a ser la ausencia de latido cardíaco. Pero poco duraría el corazón como centro de vida, entrado el siglo XX, los desarrollos tecnológicos en el campo de la salud se aceleraron a pasos agigantados.
A partir de la creación y uso difundido del respirador o ventilador mecánico en la década del ‘40, comenzaron a observarse una serie de eventos que obligaron a la comunidad científica a repensar el viejo criterio de paro cardiorrespiratorio. En 1959 por un lado, los investigadores Wertheimer, Jouvet y Descotes presentaron una nueva caracterización de la muerte en pacientes conectados a un respirador mecánico como ‘muerte del sistema nervioso’ y, por otro, Mollaret y Goulon acuñaron el término coma depassé para describir un estado de coma irreversible, la idea de muerte del sistema nervioso implicaba la ausencia de cierta actividad cerebral y el coma depassé se definía como un estado de coma profundo, con ausencia de reflejos, de respiración espontánea, baja presión sanguínea, entre otros indicadores.
Ambos criterios apuntaban a señalar que se trataba de casos en los cuales, sin la asistencia de máquinas de soporte vital y otras intervenciones médicas, los pacientes no seguirían con vida y que, además, se trataba de condiciones irreversibles.
Casi una década después, en 1968, un comité de la Universidad de Harvard publicó en la revista de la Asociación Médica de los Estados Unidos un informe que sentó las bases de lo que hoy conocemos como muerte encefálica. Este equipo, convocado para pensar esta temática que revolucionó entre otras cosas el campo de los trasplantes de órganos, estaba dirigido por Henry K. Beecher, un anestesista especializado en cuestiones éticas referidas a la experimentación en seres humanos, e integrado por diez médicos, un historiador, un abogado y un teólogo.
Casi una década después, en 1968, un comité de la Universidad de Harvard publicó en la revista de la Asociación Médica de los Estados Unidos un informe que sentó las bases de lo que hoy conocemos como muerte encefálica. Este equipo, convocado para pensar esta temática que revolucionó entre otras cosas el campo de los trasplantes de órganos, estaba dirigido por Henry K. Beecher, un anestesista especializado en cuestiones éticas referidas a la experimentación en seres humanos, e integrado por diez médicos, un historiador, un abogado y un teólogo.
Este comité propuso adoptar una nueva definición de muerte basada en la irreversibilidad del daño cerebral producido en ciertos pacientes en coma. En otras palabras: a partir de esta nueva definición, una persona conectada a un respirador mecánico puede ser declarada muerta, aunque su corazón siga latiendo y su sangre fluyendo, si se comprueba que el daño cerebral sufrido es irreversible.
Las pruebas diagnósticas necesarias para demostrar este cuadro clínico fueron la falta de receptividad y respuesta; la ausencia de reflejos; la apnea; el electroencefalograma isoeléctrico; excluir la posibilidad de hipotermia y drogas depresoras y repetir esto veinticuatro horas después. Si estas condiciones se mantienen, entonces el profesional debe declarar la muerte, ahora ‘cerebral’.
Las pruebas diagnósticas necesarias para demostrar este cuadro clínico fueron la falta de receptividad y respuesta; la ausencia de reflejos; la apnea; el electroencefalograma isoeléctrico; excluir la posibilidad de hipotermia y drogas depresoras y repetir esto veinticuatro horas después. Si estas condiciones se mantienen, entonces el profesional debe declarar la muerte, ahora ‘cerebral’.
Esta decisión implica entre otras cosas, la posibilidad de disponer de ciertos órganos para trasplantes y que, en estos casos, pueda suspenderse todo método de soporte vital, como el respirador, sin que ello implique terminar con la vida de la persona. Esta declaración fue la primera consecuencia, y quizás la más importante, derivada de las nuevas tecnologías aplicadas al campo de la salud. A partir de este momento, en los Estados Unidos primero y progresivamente en la mayoría de los países occidentales, se adoptó esta definición y se adaptaron las legislaciones vigentes para que se aceptara el criterio de muerte encefálica.
La muerte, entonces, quedó establecida como un diagnóstico médico más. Esta definición ubicó a nuestro cerebro como el órgano cuyo daño marca el final de la vida. De manera, la muerte es ahora posible con latidos cardíacos, pulso y tensión arterial, signos que todavía hoy conservan el nombre de vitales (sostenidos artificialmente gracias a la ciencia). Aunque aún permanece firme en el imaginario popular, el corazón fue desplazado por el cerebro del lugar de privilegio que ocupó durante siglos y la ausencia de su latido ya no marca necesariamente el fin de nuestros días.
Es así que lo que definimos como muerte no es un acto sino un proceso continuo, gradual y complejo que traspasa los límites de la biología y la medicina y que se acompaña de cuestiones filosóficas, éticas, legales y sociales para ser comprendida en su totalidad. Los avances científico-tecnológicos en el campo de la salud nos permitieron comprobar que no parece existir una clara división entre la vida y muerte. ¿Qué piensas al respecto?
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