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Así habló Bart: Nietzche, filosofía y los Simpson

Así habló Bart: Nietzche, filosofía y los Simpson


”Por el momento las cosas siguen siendo de otro modo, la comedia de la existencia no ha tomado aún «conciencia de sí misma», y todavía estamos en la época de la tragedia, en la época de las morales y de las religiones”.

NIETZSCHE, F. La Gaya Ciencia

JESSICA ALEGRÍA: Eres malo, Bart Simpson.
BART: ¡No, no tan malo! Estoy muy --
JESSICA ALEGRÍA: Sí, eres malo. . . y me gusta.
BART: Soy una rata de alcantarilla.

LOS SIMPSONS. ”La novia de Bart”. Temporada 6. Episodio 7.


EL CHICO MALO

Son todas historias conocidas: le cortó la cabeza a la estatua de Jeremías Springfield; quemó el árbol de Navidad de la familia; robó una copia del videojuego Apocalipsis; hizo trampa en una prueba de coeficiente intelectual y se coló en una escuela para genios; engañó a la ciudad para que creyera que había un niño atrapado en un pozo, y un infinito etc. Bart Simpson no es un pequeño travieso adorable que siempre parece meterse en problemas sin querer; no es un rebelde con un corazón de oro. Es un delincuente astuto, un chico malo, un bardero, uno de los secuaces de Satanás, si uno cree en ese tipo de cosas.

bart simpson


Suele pensarse que la virtuosa es su hermana, Lisa. Ella es brillante, talentosa, muy lógica, racional y sensible. Ella tiene principios: lucha contra la injusticia como la ve, es vegetariana porque cree en los derechos de los animales; se levanta contra los codiciosos excesos del Sr. Burns; y tiene amor y compasión por sus amigos y familiares, y de hecho por todos aquellos que son menos afortunados. Ella es la niña que (se supone) deberíamos amar. Probablemente se diría que Lisa es el único personaje admirable en el programa.



Pero, como siempre, entre teoría y realidad hay una larga brecha. Por lo menos desde sus inicios en los tempranos 90, Bart fue el personaje más popular de la serie y la cara de todo el merchandising que inundó los negocios por aquellos tiempos. Mientras que Lisa, salvo contadas excepciones, fue la protagonista de muchos de los episodios más olvidables, aburridos y sensibleros de la tira.

Para explicar esto, vamos a hablar sobre otro “chico malo”, el chico malo de la filosofía. Se llamaba Friedrich Nietzsche. Él también era una especie de astuto delincuente filosófico. Se resistía a la autoridad, era un bardero. ¿Y vieron qué hablamos de Bart siendo uno de los secuaces de Satanás? ¡Nietzche directamente escribió un libro llamado 'El Anticristo'! Parecía odiar todo. Cada ideal que la mayoría de las personas amaban y querían para sí mismos; los derribaba mostrando hábilmente cómo estaban interconectados con cosas que esas mismas personas odiaban. Renegó de la religión, se rió de la compasión, llamó a Sócrates un bufón que se tomó demasiado en serio a sí mismo. Dijo que Kant era un decadente, Descartes un superficial y John Stuart Mill un cabeza hueca. Infamemente escribió en Así habló Zarathustra, “si vas a lidiar con mujeres, ¡no olvides el látigo!”.

nietzche


Ahora, mientras Nietzsche rechazaba e incluso se reía del ideal tradicional de la llamada “buena persona”, la persona compasiva y religiosamente virtuosa, forjó también su propio ideal: el espíritu libre, la persona que rechaza la moralidad tradicional, las virtudes tradicionales, la persona que abraza el caos del mundo y da estilo a su persona.

Por eso, desde una perspectiva nietzscheana, es lógico que hemos estado admirando al personaje “malo”. Lisa Simpson sería parte de lo que Nietzsche llama decadencia, moral esclava, resentimiento. Todos sabemos que es divertido ser malo, pero ¿podría haber algo saludable y reafirmante de la vida, algo filosóficamente importante al respecto? ¿Podría Bart Simpson ser, al fin y al cabo, el ideal nietzscheano?




Para responder estas preguntas, hay que saber qué es el ideal nietzcheano. En sus primeros escritos, Nietzsche tenía una perspectiva dualista y sostuvo que el mundo estaba dividido en apariencia y realidad, voluntad y representación, una visión que repudió muy pronto al afirmar que no hay nada que enmascare el caos, no hay ser detrás de hacer. Ahora, aquí está la consecuencia realmente interesante de este cambio en su posición: a diferencia de la visión anterior, en la que éramos meros fenómenos de la voluntad subyacente, proyecciones artísticas, obras de arte para la unidad primordial que es el verdadero artista y espectador, ahora voluntad y fenómeno son la misma cosa. Así, nosotros mismos nos convertimos en artistas, espectadores y obras de arte, todo en uno: “Como un fenómeno estético, la existencia todavía es soportable para nosotros, y el arte nos proporciona ojos y manos y, sobre todo, la buena conciencia de ser capaces de convertirnos en ese fenómeno”.
Nietzsche borró la distinción entre el arte y la vida. En consecuencia, Nietzsche pasa de hablar sobre la justificación del mundo a la justificación individual. Es en forma de expresiones de voluntad como se manifestará que somos artistas y obras de arte combinadas, y así nos justificamos, damos sentido a nuestras vidas, creándonos a través de estas expresiones de voluntad, a través de nuestras acciones. Dicho en pocas palabras, somos lo que hacemos de nosotros mismos, lo que tengamos ganas de hacer de nosotros mismos.

¿Qué significaría, sin embargo, hacer una obra de arte de la vida de uno? Para Nietzsche, el 'sujeto' no es algo dado, es algo agregado e inventado y proyectado detrás de lo que hay. Parte de lo que Nietzsche busca acá, entonces, es construirse a uno mismo a partir de los diversos impulsos, instintos, voluntades, acciones, etc. Uno se construye a sí mismo a partir de su voluntad y sus deseos.
Este ideal nietzscheano culmina en la figura del Übermensch, o Superhombre, el ser que ha logrado este tan difícil proyecto de hacer una obra de arte de su propia vida, el ser que se crea a sí mismo.

¿ES BART EL SUPERHOMBRE?

Bien, entonces Nietzsche es el chico malo de la filosofía y Bart Simpson es el chico malo de Springfield. Ciertamente, Bart desprecia a la autoridad, y ha rechazado (o quizás nunca ha adoptado) la moralidad tradicional. Por ejemplo, cuando trata de convencer al Sr. Burns de que le permita acompañarlo a encontrar el tesoro de los Peces del Infierno, le dice: “¿Puedo ir con usted? No como mucho y no sé distinguir el bien del mal”. Pero ¿Nietzsche habría aprobado a Bart? ¿Podría Bart de algún modo ser un ejemplo del ideal nietzscheano? Por desgracia, la respuesta es claramente no.

superhombre
”Me quedé de seis”


Ante todo, a pesar de que Nietzsche condena la “moral esclava”, no está abogando por la “moral de los amos”. Los amos eran brutos, violentos e irreflexivos. Nietzsche no los considera como un ideal, diciendo que deberíamos ser como ellos, que el poder hace las cosas bien, etc. No nos aconseja intimidar a otros, robarles la guita del almuerzo, y comernos sus magdalenas. Así que incluso si Bart se apegara a una ética de moralidad del amo, aunque esta caracterización le sentaría mejor a Nelson o a Jimbo antes que a él, eso no lo convertiría en un ejemplo del ideal nietzscheano.

No, el ideal de Nietzsche es el artista, el autosuperado, el individuo que se crea a sí mismo, que forja nuevos valores, que hace una obra de arte de su propia vida. Bart no se caracteriza de esta manera. Tiene cierta idea del caos del mundo y su existencia, pero la forma en que se define a sí mismo es en gran medida reactiva, y esto es algo que Nietzsche no aceptaría.

Bart se define a sí mismo y forja su identidad no desde una afirmación triunfante de sus talentos y habilidades, y de un entrelazamiento de los elementos dispares de su ser, sino sencillamente en oposición a la autoridad. Es un antagonista, la otra cara de la moneda, la sombra que viene indefectiblemente con la luz. Un ejemplo de esto es cuando Bart accidentalmente hace que despidan al Director Skinner de la escuela y lo sustituyan por Ned Flanders, quien elimina la detención, pone a todos los niños en el cuadro de honor y le da golosinas a cualquiera que sea enviado a su oficina. Al no ser ya una figura de autoridad, Skinner y Bart se hacen amigos, por extraño que parezca, pero Bart se da cuenta de que extraña la figura autoritaria de Skinner (figura que es imposible de encontrar en Flanders). Es Lisa quién le explica la razón de este sentimiento:

BART: Es extraño, Lisa. Lo extraño como amigo, pero lo extraño aún más como enemigo.
LISA: Creo que necesitas a Skinner, Bart. Todos necesitan un némesis. Sherlock Holmes tenía a su Dr. Moriarty (…) incluso Maggie tiene ese bebé que la ve feo.






Todo el mundo puede necesitar un némesis, pero el problema de Bart es que parece crearse o definirse a sí mismo precisamente en oposición a la autoridad, y no como un personaje identificable por derecho propio.

Otro episodio revelador sobre la identidad de Bart es cuando se transforma en el modelo a seguir durante una corriente de fanatismo por la autoayuda. El gurú Brad Goodman sostiene que todos deberían actuar como Bart, y “hacer lo que se les antoje” (en el original inglés, la frase es más profunda, ya que Bart dice “I do what I feel”, es decir, “hago lo que siento”).
En un principio, al ver que todos están siguiendo su ejemplo, Bart proclama a su hermana: “Lisa, en estos momentos soy un dios”. Pero pronto descubre que esta situación lo deja carente de cualquier tipo de identidad propia que podría haber llegado a tener. Cuando todos actúan como él, se vuelve uno más en la masa y, por lo tanto, desaparece. Bart no está contento, y de nuevo es Lisa quien proporciona la respuesta de por qué:

BART: Lisa, todos están actuando como yo. ¿Por qué lo odio?
LISA: Es simple, Bart: te has definido como un rebelde, y en ausencia de un medio represivo, tu nicho social ha sido asimilado.
BART: Sí, ya entendí.
LISA: Después de la sesión de autoayuda, perdiste tu identidad. Entraste al engranaje de la sociedad hipersimplificada de la comida instantánea.
BART: ¿Y qué hago?
LISA: Bueno, esta es tu oportunidad de desarrollar una identidad nueva y mejor. Puedo sugerir. . . noble y sumisa
BART: Me parece bien, dime qué hago.






Toda la identidad de Bart se crea en torno a rebelarse ante la autoridad. En consecuencia, cuando la autoridad desaparece, Bart pierde su identidad. Él ya no sabe quién o qué es él. Curiosamente, Lisa, con toda su sabiduría, sugiere a Bart que forje una nueva identidad, una identidad “noble y sumisa”, presumiblemente como la de Ned Flanders. Bart, sin saber cómo hacerlo, quiere que ella le diga qué hacer. En otras palabras, una vez más, lejos de ser el ideal de autosuperación y autocreación nietzcheano, Bart todavía busca identificarse a sí mismo de manera reactiva, en respuesta a lo que hacen los demás, a través de la mediación de otros (ambos a través de Lisa, quien le indicará qué hacer). En un “entorno represivo”, Bart se constituye como la anti-autoridad, hace todo lo que sus padres y maestros le prohíben hacer, eso es todo lo que él es. En ausencia de ese medio, Bart se desespera porque alguien lo ayude a definirse y crearse a sí mismo.

Bart, entonces, representa lo que Nietzche adelantó que pasaría si tomábamos sus ideas de dejar atrás las comodidades metafísicas de Dios, la religión y la moral y las exagerábamos al punto de caer en el mero nihilismo. Hacer eso nos significaría que no existe ningún significado en la existencia, que todo es en vano.
Lo último que Nietzsche quería hacer era crear otra religión, otro sistema eterno y absoluto, así que se preocupó en aconsejar a sus lectores en investir sus vidas de sentido, en abrazar el caos y hacer de sus vidas obras de arte.
Bart representa este peligro nihilista. Él casi no tiene virtudes; no tiene espíritu creativo; ha aceptado el caos de la existencia, pero no de forma tal que lo forme y forje algo bello a partir de él; sino que lo acepta y lo trata con una especie de espíritu de resignación. Nada significa nada, nada tiene sentido o propósito, entonces ¿por qué no hacer lo que se me antoja? Su rebeldía no en un esfuerzo por destruir a los viejos ídolos que hacían de la vida algo vacío, sino una mera falta de una identidad sólida, una carencia de un Ser completo.
Lamentablemente, al final Bart puede ser considerado como un ejemplo de lo que Nietzsche estaba tratando de advertirnos si sobrevenía el nihilismo. Bart no es nuestro héroe nietzscheano, nuestro superhombre, sólo un ejemplo del declive nihilista.


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