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Hubiera sido, nunca lo fue y jamás será

En efecto, debería estár en esté momento haciendo una base de datos en MySQL con PHP, pero cada cosa tiene su momento.

Pero dedicaré mis últimas energías antes de sumirme en el letargo mañanero.
La primera parte de la historia es irrelevante, más tiene en lo posible una buena estética litúrgica apesar de mi sueño, la segunda parte es la que tiene total relaciona con el titulo, y al final está el R5.

Para ambientar el post



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Parte l : la tarde superflua

Llego de estar sumido en tremendo portón de estrés, los finales de un proyecto por delante y una universidad que entrecierra mis párpados y hace que pierda el contraste acerca de mi futuro. tanto así que la narcolepsia ha vuelto para acompañarme en mi cama, y las pajas claro está. perdí a las 2 horas del septiembre sin fap. y para encimar la gastritis que sufro desde principios de año me acumula un desánimo cada mañana el cual intentó paliar con galones de agua más sin embargo fracaso.
Hubiera sido, nunca lo fue y jamás será
Pero no es nada que otros no sufran, más el no darme cuenta de mi holocausto y mi impotencia es lo que me afecta, o por lo menos no estaba consciente de todo esto hasta hace 2 días, gracias a una minucia insignificante entre los eventos que acontecen en el souvenir de mi mísera vicisitud, y de mi sequía al escribir, tuve un zarpazo.
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Una tarde tranquila con el petricor del suelo impregnando mis juveniles pulmones, encontrando al ambiente sumamente pleno, me organizaba para llevar a mi hermana a una competencia, con tiempo de sobra como para sobarme los guevos y sonarme los mocos, me organice, me cepille el cabello ya que es largo, en fin estupideces que rellenan el post, mientras me dirigía a el metro pensaba en lo bien que me encontraba y en lo poco que lo valoro. me subí al tren el cual estaba casi vació, lo cual es raro, me dispuse a continuar mi travesía mientras veía los rostros ajenos, y las caracterizaba por algo, y cómo buen taringuero, ví si había alguna mina con el imán en sus ojos o en su cuerpo como para chocar la mirada y pensar en todo lo que la habrá arrastrado hasta llevarla hasta ese lugar, en ese momento, sin grandes descubrimientos, mi rollo mental se detuvo, pues mi hermana se dejó el maldito casco, entonces sin salir de mi estado hermético me dispuse a tomar el tren de vuelta, al ver el vagón todo era diferente, se asemejaba a una lata de sardinas con todos apostados y aplastados por el otro, fruto de la sobrepoblación latinoamericana que nos costará muy caro. entrando allí me fije en dos personajes, una chica de unos 17 años que era bastante alta, medía 1,80 probablemente, y un desafortunado de la vida o de sus actos en silla de rueda, al ser yo un individuo con un pelo largo y crespo llamo bastante la atención además de que parezco un jeque árabe, con mi color de piel, y mi inexpresiva mirada, a pesar de que no soy alto, mido 1,70 la chica se fijo en mí, y cómo sabría que el viaje sería largo empecé a hablar con ella, era simpática, sencilla, un gusto la conversación pero nada relevante.

Llegue a mi casa tomé el casco y volví al metro para encontrarme con un vagón más cómodo, en todo el viaje noté una mina joven, bonita con unos pechos con los que me recostaría a dormir como todo un campeón, me miraba constantemente, esperando que le hablara, pero no me llamaba demasiado la atención más que en sus dotes visuales. llegue a una parte de la ciudad en la que la concentración de minas divinamente hermosas es más vista gracias a la herencia de los patriarcas europeos que impregnaron mediante el ultraje hacia las aborígenes sus genes indoeuropeos, algunas bendecidas con la apariencia celta por la cual yo encuentro gran afinidad y gusto.

Parte ll: El momento cúspide.

en mi vuelta hacía el metro, con mis actividades por fuera del mismo ya concluidas pise por ultima vez en el día el vagón. Ya cansado, sin mayor interés en los demás. y con mi cabeza enfocándose más allá de las nubes, y el estrés matutino invadiendo el colectivo. con las caras empañadas de la verdadera mierda de el humano corriente, (la monotonía) el ambiente se tornaba aburrido más allá de las conversaciones de siempre, y de pasajeros que viajan desde el celular, mientras están parados en un vagón con rayaduras. el ambiente oliendo a dudas y al desahucio famélico del colombiano pobre de esperanzas, pero rico en ilusiones inútiles. me subí al siguiente vagón allí había un puesto vació, y al lado una mina, pero no cualquier mina, más o menos de mi edad 16 años o quizás un poco mayor, la exactitud es inútil. importa más la etapa en la que vive. Vestía de forma monocromática con un buso que cubría sus brazos, sin detallarla demasiado solo miré su pelo, me senté a su lado, cómo si ese lugar estuviese dispuesto para mi, cómo si mi egocentrismo generico fuera algo más que un suspiro originado en cambios electroquímicos e interacciones neuronales que rápidamente subirán el ritmo cardíaco. pues de repente sentí una euforia indivisible, un miedo excitante y deslumbrante, porque estaba solo yo con una mujer más nombre que sus características, sin más renombre que su apariencia, sentados en cualquier parte del planeta con nuestras bocas a centímetros del placer y a segundos del dolor. Con todo un día a las espaldas, una nitidez pérdida y representada en lo oscuro de nuestras ojeras, con una vida por delante, y millones de muertes por superar, con nada en los dedos, y nada más que un papel, unas llaves y un celular en los bolsillos, teníamos todo. adelante de mí se veían con poco brillo nuestros rostros, tenía unas gafas que convenía con su estilo. y yo un cabello que obligaba qué ella viera tan bien el espejo para descubrir mi imagen, y en el acto los cruces de mirada habían nacido, ambos en una competencia para ver quien dá más su atención, con una tensión lírica en mis dedos, mis piernas delatando mi ansiedad, tanto de mi desbordando en ese asiento, hasta que vi sus manos, blancas como el papel de mis bolsillos que velaban por mi memoria, hicieron que cayera en tentación, de mirar su rostro, una cara pálida, unos pómulos cómo tramos esculpidos que se adornaban con lunares, todo lo opuesto a un universo en colores, en tamaño, pero igual que el cielo estrellado, yo me quedaría mirándola hasta que se acabará el espéctaculo, tanto en unos segundos, unos ojos oscuros cómo los míos, y unos labios que a vista simple serían tan suaves como la epifanía de la muerte con aroma de mujer, con la dulzura que llevarían a Hansel y Gretel a entrar a una casa, y a mí, de morderlos cómo si viviera en hambruna. tanto fue el voyerismo que mi pálpito acelerado empezó a resonar en todas mis cavidades volví a mirar al espejo, pensando en qué podría hacer yo para volverla a ver, porque sabría qué después de alejarme de ella, nuestro reencuentro sería tan improbable como la falla de un ROLEX o un CASIO. tan asustado por la idea que aún no había pasado, y tan encantado de una figura que apenas había detallado. sin saber nada, con el blanco en mi mente, desprovisto de mis habilidades recursivas, con mi mente embelesada y desbaratada por el quebranto de su mirada. el tiempo pasaba. presionaba mi pecho como si de una navaja se tratará. respirando a cuestas, sin titubear y sin apartar nuestras miradas, intentando mostrar algún atisbo de desinterés. mientras tantas ideas intentaban salir de mi mente, y otra se quedaban en la salida de mi boca, con una voz grave atorada en mi garganta, y una lengua inmóvil ante el deseo y el groso intento de salir de esa parálisis hipnótica tan excitante. llego el fin, puertas se abren. las personas salen, el vagón casi vació, y ningúno del dos se paraba, se hacía eterno mi sufrimiento intentando tan siquiera que una convulsión de palabras brotara en mí y me permitieran dejar salir todo lo que tenía adentro. pero no lo conseguía, no tuve más opción que pararme, y acto seguido ella hizo lo mismo, se puso en frente mío mientras mi sangre se helaba, como si esperara que dijera algo. ambos hacía la puerta y mientras ambos tomábamos direcciones distintas, todo de mi se rompía y me carcomía una gangrena alimentada por mis miedos, y crecía en mi una frustración que no había sentido nunca.

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El odio, el dolor, esa frustración me hicieron tomar conciencia de tal hecho, y decirme a mi mismo, JAMÁS VOLVERÁ A PASAR, Desde aquel día, han pasado 2. he hecho bastantes cambios, organizando mi vida, mis actitudes, mis habilidades y mis respuestas ante las situaciones, tomandolo enserio, la diferencia ha sido increíble. quizás no cumpla al 100% pero avanzo hacía una vida más dependiente de mí, y menos del entorno.

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R5: En un día tranquilo encontré a una chica que me carcomió por dentro sin una palabra, solo con sus miradas, me dejo incapaz de hacer algo al respecto ante tantas cosa que me gustaban de ella, decidí hacer varios cambios, prometiéndome no desperdiciar estás oportunidades.

Posdata: no me rompan los huevos con que el post está muy largo o hay mucho texto, que pueden esperar de un título tan existencialista. además las virgo historias son geniales, y el texto está bien cuidado
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