Cómo se dice “mala leche” en portuñol
Enrique Masllorens
Este gobierno y sus funcionarios militantes, lejos de los tecnócratas de escritorio, interpretan el idioma del pueblo. Y estamos convencidos que en unión, solidaridad y organización daremos vuelta la Historia. En los próximos días parte a Angola una segunda tanda de empresarios y funcionarios argentinos, para continuar estrechando relaciones de intercambio comercial.
En esta oportunidad también serán de la partida directivos del INCAA con la misión de promover y distribuir productos audiovisuales de realizadores, técnicos y artistas argentinos. Esta verdadera política de Estado de exportar valor agregado y trabajo de argentinos se enmarca en la profunda convicción de la importancia de abrirnos al mundo desde nuestra propia identidad, de los valores e imaginarios que nos sustentan y nos singularizan como Nación. Los tan amados países que los cipayos vernáculos nos ponen como ejemplo a seguir, han basado parte de su poderío comercial, además de su monstruoso aparato militar, en el uso, abuso y monopolio de los productos del entretenimiento cultural. Y así como han ahogado nuestro desarrollo autónomo y soberano, nos siguen inundando, desde sus distribuidoras cuasimonopólicas, con cine a veces bueno y muchas otras, de lo peor.
Otro tanto sucede con las grandes majors de la industria discográfica que nos introducen a fuerza de insistencia, marketing e inversiones desmesuradas, productos descartables como el tal Justin Bieber, entre otros de igual inconsistencia.
Tanto la primera delegación como la que está por suceder son comandadas por el secretario de Comercio Interior Guillermo Moreno, que como escribiera en mi columna “¡Es el Estado, estúpido!” no se representa a sí mismo ni actúa por cuenta propia. Moreno es parte de un Estado presente, con ideología y que lleva a cabo las instrucciones y directivas de la presidenta de la Nación.
En su programa dominical de Canal 13, el ex periodista y actual operador Jorge Lanata volvió a hacer un papelón digno de un mal actor o de un comicastro de cabaret. Quien se imagina a sí mismo como un sucesor de Tato Bores y trata vanamente de copiarlo, utilizó el remanido recurso de los entonces jóvenes y talentosos productores de CQC, persiguiendo a Guillermo Moreno por Angola con un improbable periodista de ese país africano. La “gracia” consistía en entrevistar repetidas veces al funcionario y mofarse por el portuñol en el que respondía. Sin objeciones para hacer, sin consultar a los empresarios –muchos de los cuales se abrían por primera vez a mercados externos– y tampoco entrevistar a los funcionarios y empresarios anfitriones, la primicia, lo destacable para Lanata era el bendito portuñol de Moreno. Por supuesto se prendieron en la mofa personajes lamentables y llenos de odio como Alfredo Leuco en Radio Continental y el coro de “analistas serios e independientes” de los diarios mayoritarios. Sépanlo, en portuñol “mala leche” se dice “la nata”.
Los que por razones profesionales nos relacionamos con luso parlantes, sabemos del esfuerzo que como prueba de buena voluntad y acercamiento hacen ellos con nosotros, mezclando el castellano con el portugués. Y sin tanta generosidad, los argentinos estamos en deuda muchas veces por no esforzarnos en mostrar por lo menos una buena intención, ganas de acercarnos. Quien esto escribe fue entrevistado durante una hora en la TV Senado en Brasilia y tanto entrevistador como entrevistado hablamos en portuñol. Además, Guillermo Moreno vivió en Brasil y no fue a Angola como un colonizador británico o estadounidense que pretende que todo el mundo hable inglés. Su forma de expresarse fue una síntesis de la misión argentina: acercarnos, conocernos, derribar barreras, tender puentes.
Claro que para quien hace pocos años nos mostraba por televisión el mapa del aparato de dominación que es el Grupo Clarín y nos aclaraba que lo que pensábamos, los espectáculos que veíamos, la TV que elegíamos, nuestra cultura en general y hasta nuestras elecciones políticas, estaban digitadas, controladas y ordenadas por el Gran Hermano Clarín y su gran maestre Héctor Magnetto, acercarnos a países no centrales es una pérdida de tiempo. Como lo es el trabajo militante de Moreno defendiendo la mesa de los argentinos, lidiando por la yerba, por los precios de la canasta de los más humildes, y recordando a Néstor Kirchner peleando por impedir la cartelización de los precios de los alimentos diciéndole al supermercadista: “Coto, yo lo conozco”. Pero este gobierno y Moreno como punta de lanza también interviene en esa vergüenza que es Papel Prensa despojado arteramente por la dictadura cívico militar y entregado a Clarín y La Nación. Y eso, a Magnetto lo asusta y preocupa mucho. Y los reclutas del progresismo periodístico que se pasaron de bando por 30 denarios, como Lanata, Tenembaum y Zlotogwiazda, hacen saludo uno y disparan contra los enemigos del Jefe. Jorgito fue un periodista transgresor en los ’80. Ahora es meramente un operador cuya mayor rebeldía es fumar en cámara.
Los que lo vivimos en vivo y en directo en Vélez, o como Emilio Pérsico que estuvo a su lado en el palco, sabemos que luego de la ovación a Cristina, quien más aplausos cosechó fue Guillermo Moreno. Porque este gobierno y sus funcionarios militantes, lejos de los tecnócratas de escritorio, hablan, sienten e interpretan el idioma del pueblo. Y estamos convencidos que en unión, solidaridad y organización, daremos vuelta la Historia para construir esa Argentina grande que San Martín soñó, sin dar ni un solo paso atrás. Quem queira oir que ouça.
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