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Cosacos, jinetes de las estepas

Info3/13/2012
Historia de un pueblo libre y rebelde. Desde el siglo XIV hay en el Este de Europa referencias históricas de pueblos guerreros nómadas que así mismos se nombraban como cosacos (kazak, jinetes, vagabundos, hombres libres) que se constituían en una especie de Federación de tribus independientes de cualquier estado y cuya actividad se centraba en guerrear con los pueblos vecinos obteniendo mujeres, ganado y medios de subsistencia gracias al pillaje. Geográficamente siempre estuvieron mayoritariamente ubicados en las estepas del sur de Rusia, Bielorrusia y Ucrania, alrededor de los grandes ríos Don, Dnieper y Dniester. Los registros históricos de los cosacos antes del siglo XVI son escasos. En el siglo XV se describía la sociedad cosaca como una difusa federación de comunidades independientes, que formaban a menudo ejércitos locales completamente separados de los estados vecinos (como por ejemplo Polonia, el Gran Ducado de Moscú o el Khanato de Crimea). Desde finales del siglo XVII y más aún tras acuerdos firmados con Catalina la Grande, los cosacos siempre estuvieron al servicio de los zares defendiendo los territorios rusos de las invasiones de polacos, tártaros y turcos, como una especie de ejército independiente con permiso para robar y expoliar a las comunidades rurales, aunque fueron empleados en muchas ocasiones con funciones de policía para combatir el descontento campesino y obrero, fulminar sable en mano las manifestaciones en las grandes ciudades y acabar con las huelgas ocurridas en las pocas zonas industriales de Rusia. En la Revolución de Octubre de 1917 la mayoría de los cosacos quedaron a la expectativa de los acontecimientos, pero una vez comprendieron que los bolcheviques pretendían organizar un estado en donde deberían integrarse, se alistaron mayoritariamente en el contrarrevolucionario Ejército Blanco en el que lucharon hasta su derrota, que provocó el exilio de un gran número de cosacos por toda Europa. En el Ejército Rojo hubo unidades de cosacos, aunque dada su facilidad para cambiar de bando, nunca se fiaron demasiado de ellos y desarrollaron mayoritariamente funciones de vigilancia, transporte e intendencia más que de combate directo. Aún así, hay referencias de gestas militares protagonizadas por cosacos rojos y un significativo número de soldados cosacos fueron condecorados por su valor. Cuando Hitler invadió la Unión Soviética en 1941 un gran número de cosacos que vivían en zonas de Ucrania y el Caúcaso engrosó las filas del ejército alemán, además de los más de cien mil desertores del ejército soviético que se convirtieron en colaboradores nazis, muchos de ellos también cosacos. Se integraron en el ejército alemán cosacos que pertenecieron al ejército Blanco, exiliados por toda Europa, para acabar con el régimen comunista. Como los oficiales alemanes nunca llegaron a fiarse en exceso de estas unidades cosacas no especialmente disciplinadas, fueron utilizados como carne de cañón en las grandes batallas por las ciudades rusas sitiadas, con un elevadísimo número de bajas, o fueron dedicados a hacer la guerra por su cuenta, hostigando al Ejército Rojo como guerrilleros allí donde podían y siendo un suplicio para la población civil por su ferocidad y crueldad. Tras la batalla de Stalingrado los cosacos emprendieron la retirada camino al oeste junto con el ejército alemán, quedando divididos en dos grandes grupos: los que marcharon a luchar contra las guerrillas comunistas de Tito en Yugoslavia y los que llegaron guerreando hasta el norte de Italia con la promesa por parte de Hitler de permitirles tener su propio país - Kosakia - junto a la frontera austriaca. Se considera que por entonces cada uno de estos grupos estaban formados por al menos unos quince mil soldados y cinco mil oficiales (se decía en broma que entre los cosacos había más generales y oficiales que soldados), además de varios miles de caballos, camellos, mujeres y niños que los acompañaban a todos lados junto con un número llamativo de sacerdotes de la iglesia ortodoxa rusa. También hay noticias de que algunas unidades de cosacos se integraron plenamente en el ejército alemán destacado en Francia y Bélgica, participando en la lucha contra británicos y norteamericanos tras el desembarco en las playas de Normandía y combatiendo en la defensa de Berlín junto con unidades de las SS. De los que quedaron en Yugoslavia se sabe que combatieron junto con los guerrilleros fascistas chetniks (monárquicos), destacando por su fiereza en el maltrato a la población civil. Tito fue implacable con ellos y aunque un cierto número de cosacos pudo huir camino de la frontera entre Austria e Italia para reunirse con los que allí permanecían, el resto fueron exterminados por unidades guerrilleras comunistas, excepto algunos de sus jefes que fueron entregados a la URSS. En el momento del armisticio, al menos treinta mil soldados cosacos se rindieron al ejército británico presente en Austria, con la esperanza de que no serían entregados a los soviéticos. Intento fallido porque fueron a parar a campos de concentración a la espera de ser repatriados a la URSS. En el norte de Italia se cuentas historias (leyendas urbanas o algo así se diría hoy) acerca del suicidio de miles de cosacos junto con sus caballos en el río Drau una vez se confirmó la derrota y posterior repatriación. En la conferencia de Yalta, a principios de 1945, Stalin acordó con Churchil y Roosevelt que cualquier prisionero ruso que hubiera luchado contra el Ejército Rojo y sus aliados sería entregado al mismo al término de las hostilidades. Y así ocurrió: el número de cosacos repatriados a la URSS por parte de los ejércitos aliados se desconoce, aunque se llega a decir que fueron más de ciento cincuenta mil los que volvieron como prisioneros de guerra a la URSS, muchos de ellos cosacos. En su mayoría fueron considerados desertores, traidores, colaboradores con el nazismo y criminales de guerra. Y como tales fueron tratados. En el Desfile de la Victoria de la Gran Guerra Patria en Moscú (que se realizó un mes y medio después de la firma de la rendición incondicional de la Alemania nazi ante el mariscal del Ejército Rojo Gueorgui Zhúkov, el dia 9 de mayo de 1945 a la 1 menos cuarto de la madrugada hora oficial soviética) desfilaron distintas unidades de cosacos integradas en el Ejército Rojo que destacaron por su valentía y por el gran número de condecoraciones obtenidas. La comunidad cosaca no comenzará a renacer de sus cenizas hasta la desaparición de la URSS, en 1991. Los cosacos retomaron las armas y participaron en innumerables conflictos territoriales en territorios de la extinta Unión Soviética en la convulsa década de los noventa. Voluntarios cosacos de batieron al lado de los separatistas pro-rusos en Transdniester, en Abjazia, en Osetia del Sur y contra los independentistas en Chechenia. «Nosotros renunciamos a retomar el poder en nuestros territorios históricos pese a que había una oportunidad de hacerlo en 1991. Entonces no estábamos preparados. Desgraciadamente, nuestras tierras fueron privatizadas mientras hacíamos la guerra», se lamenta el coronel Diakov. «Actualmente, albergamos otro objetivo: formar cuadros de élite y entrar en el poder por medios civilizados», añade el militar cosaco. «Estamos desarrollando un incipiente sistema de educación militar y patrótica. Seis escuelas de cadetes han sido creadas en los últimos años en la región, en las que los jóvenes estudian la cultura y tradición cosacas», señala desafiante Kazarezov. Una ley federal aprobada en 2005 les otorgó a los cosacos una base legal para el servicio en el seno del Ejército ruso y en la Policía. Sus hombres sirven también en la Spetsnaz, (fuerzas especiales), en las flotas del Norte y del Mar Negro y en la guardia presidencial en Moscú. Los cosacos y la revolución rusa A los revolucionarios bolcheviques no les gustaban los cosacos, ya que estos habían jurado fidelidad al zar. Cuando la Guerra Civil de 1919, la mayor parte combatió en el ‘ejército blanco’ contra los comunistas. Al triunfar los segundos, persiguieron a los cosacos. Especialmente Stalin, ejecutó a un buen número y deportó al resto. Sin embargo, al avecinarse la guerra contra Alemania, entendió que era mejor tener a su favor a soldados de su valía. Durante la guerra muchos cosacos se distinguieron luchando contra los nazis, pero otros lo hicieron a favor de Alemania contra Stalin. Acabada la contienda, el dictador soviético reanudó la persecución. Con la llegada de la perestroika los cosacos recuperaron sus tradiciones y su cultura link: http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=n8G6S6fQQ4I
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