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Experimentos con Humanos

Info7/8/2012







La noticia se conoció hace tan solo unos meses, cuando una profesora de la Universidad de Wellesley, encontró por casualidad documentación sobre una investigación médica de los años 30 sobre las consecuencias de la sífilis.

La documentación, del médico John Cutler que había participado en esa investigación, también hacía referencia a otro estudio realizado en los años 40 por Institutos Nacionales de Salud estadounidense (NIH, por su sigla en inglés), y financiado por el gobierno de los EEUU, donde cerca de 1500 presos de cárceles de Guatemala fueron inoculados en sus genitales con los virus de la Sífilis y la Gonorrea, por supuesto sin su conocimiento.

A estos presos no les proporcionaban ningún tipo de tratamiento y solamente se dedicaban a observar como les iba afectando la enfermedad hasta que morían.

El conocimiento del caso obligó al Gobierno de EEUU a disculparse públicamente ante el Gobierno Guatemalteco


Documento del Gobierno USA donde se reconoce el experimento

Recientemente, la Associated Press ha hecho público un informe en el que revela una serie de experimentos que se podrían equiparar con los realizados por los nazis en los campos de exterminio. Gran parte de esos experimentos se llevaron a cabo tras la implantación en 1947 del ‘Código de Nuremberg’, una serie de normas que se aprobaron para proteger a los seres humanos de cualquier clase de experimento éticamente intolerable. Pero los científicos estadounidenses no se dieron por aludidos por el código, ya que argumentaban que éste había sido aprobado para evitar las atrocidades nazis y no sus estudios.

Impugnes a todo esto y libre de cualquier carga moral de conciencia, se realizaron innumerables experimentos y muchos con los colectivos más desfavorecidos y/o desprotegidos de la sociedad que se convirtieron en conejillos de indias para realizar todo tipo de investigaciones biomédicas, algunas de lamentables consecuencias.

No tuvieron reparo en experimentar con discapacitados, ancianos, presos o enfermos mentales. En manos de científicos sin escrúpulos fueron auténticas cobayas humanas con unas consecuencias devastadoras.

La malaria, la gripe asiática, el paludismo, sífilis o la gonorrea, entre otras muchas, eran enfermedades muy comúnmente estudiadas a través del contagio a personas sin el consentimiento de éstas o sin ser conocedoras a lo que se les estaba exponiendo.

En la prisión de San Quintín, un médico allí residente, el Dr. Ll. Stanley experimentó con los presos más ancianos. Quería demostrar que se les podía devolver el vigor sexual y para ello realizaba trasplantes de testículos provenientes de ganado o de presos más jóvenes recientemente ejecutados. Sobre este caso, The Washington Post publicó en noviembre de 1919 un informe alabando los progresos realizados en el que destacaba como a través del bisturí se “(…)restaura la juventud primaveral, el rejuvenecimiento del cerebro, el vigor de los músculos y la ambición del espíritu(…)”.

En otros estamentos penitenciarios, durante la Segunda Guerra Mundial se reclutaron voluntarios para que probaran medicamentos que, de funcionar, podrían ayudar a los soldados combatientes en el Pacífico.

Algunos casos de experimentos médicos se realizaban con personas sin recursos económicos, las cuales se prestaban a ello a cambio de pequeños pagos. A destacar el caso de un preso que aceptó que le desollaran la espalda y le aplicaran productos químicos a cambio de unas cuantas monedas para comprar cigarrillos.

En 1942 a varios enfermos ingresados en una institución mental de Michigan se les inyectaron vacunas contra la gripe que estaba en fase de experimentación. Después fueron expuestos al virus durante varios meses, con consecuencias nefastas para sus vidas.

En otras instituciones mentales los pacientes fueron expuestos al virus de la hepatitis. Dicho estudio no sirvió absolutamente para nada y no se pudo saber sobre la enfermedad más de lo que ya se sabía por entonces.

En 1963, en el Jewish Chronic Disease Hospital de Brooklyn se les inyectó a 19 debilitados y ancianos pacientes células de cáncer. Con ello querían investigar si eran rechazadas por sus cuerpos. La dirección del hospital reconoció que dichos pacientes no habían sido informados de que estaban siendo inyectados con células cancerígenas, ya que éstas eran consideradas ‘inofensivas’.

Otro de los casos que llamó la atención es el ocurrido en la Willowbrook State School para niños con retraso mental, en Staten Island. Entre los años 1963 y 1966 varios niños fueron ‘infectados’ oralmente y a través de inyecciones de hepatitis. Este experimento se realizó para ver si los infectados se curaban con gamma globulina.







Tras destaparse, el ya mencionado caso del “Experimento Tuskegee“, algún funcionario de la industria farmacéutica de Estados Unidos reconoció que se habían estado utilizando presos para la realización de estudios y experimentos biomédicos porque “los presos eran más baratos que los chimpancés”.

A mediados de los años 70, el gobierno de los Estados Unidos excluyó a los presos y enfermos mentales de cualquier experimento médico, lo que llevó a los investigadores a buscar cobayas humanas en otros países.

Uganda y Nigeria, entre otros países africanos fueron convertidos en laboratorios clínicos donde realizar nuevas pruebas. La fragilidad de las leyes locales los hacía idóneos para experimentar con parte de la población.

Mujeres embarazadas infectadas con el virus del VIH a las que no se les aplicó el fármaco AZT contra el SIDA o como a niños con meningitis se les hacía probar un antibiótico llamado Trovan y del cual no se tenía conocimientos de su eficacia. Fallecieron 11 niños.

Por este último caso, la farmacéutica Pfizer Inc. tuvo que indemnizar al gobierno de Nigeria con 75 millones de dólares, pero en ningún momento reconoció haber cometido irregularidad alguna.

Estos son algunos de los más de 40 casos de experimentos con humanos desclasificados por EEUU, después de ser investigados por la Comisión de investigación creada por la administración Obama, a raíz del hallazgo en la Universidad de Wellesley. Esta Comisión espera tener resultados definitivos para el mes de Junio.

Expertos creen que este tipo de experimentos se siguen realizando en la actualidad.







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