La censura en los tiempos del internet
A través de presiones a los proveedores del servicio de internet, el presidente venezolano Nicolás Maduro presionó desde hace unas semanas para bloquear Twitter , un servicio que ante la ausencia de medios tradicionales libres es el preferido por la población – aún hoy en las calles y en protesta continua. Más recientemente, el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdoğan, cerró por completo el acceso a los servidores de Twitter en un intento por silenciar las críticas a su gobierno. Aunque una corte ordenó al gobierno el levantamiento de la prohibición, no sólo Twitter sigue bloqueado, sino Youtube también cayó bajo el alcance de la censura, luego de que un video de oficiales turcos discutiendo acciones militares fuera subido a dicha red.

Graffiti con instrucciones para vencer el bloqueo de Twitter en Turquía. | @gulayozkan
Hay dos lados a esta historia que merecen ser destacados. Por un lado, se ha avanzado mucho desde que se introdujera la discusión moderna sobre la libertad de expresión, con voceros como John Milton con su Aropagítica o John Stuart Mill con su tratado Sobre la Libertad. Hoy, la mayoría de ciudadanos informados defiende el derecho a la libre discusión de ideas como fundamental, aún si en casos obvios dicho derecho no se les reconoce y a veces, se les coarta abiertamente desde sus propios gobiernos. No es novedad que las personas en el ejercicio del poder intenten controlar el flujo de la información y de la opinión popular. Los totalitarismos del siglo XX – fascitas y socialistas por igual – reconocían la importancia de la propaganda y de la prohibición de todo aquello que propagara una alternativa de vida mejor a la que ofrecía el régimen. Por suerte, hoy es tanto más difícil conseguir ese bloqueo.

Ese es el segundo punto. El intento por la censura es cada vez más fútil en un mundo lleno de opciones para seguir comunicándose aún en tiempos donde la vigilancia gubernamental está a la orden del día. ¿Cierran Twitter y Youtube? La conversación se mueve prontamente a las redes locales ad-hoc que se construyen para propósitos específicos, conexiones VPN, cambios en el DNS o mecanismos de encripción que son cada vez más accesibles y también más utilizados. Hay otras redes que se construyen por encima del internet, que aunque usadas principalmente para traficar ilegalmente, han habilitado a activistas a comunicarse en tiempos como los actuales. No hay forma de bloquear el internet, así, de golpe y totalmente.
Esto, sin embargo, no debería evitar de preocuparnos por los intentos de controlarlo parcialmente como se ha hecho durante años en China continental, en países que utilizan las redes para organizarse y protestar, o en los resquicios del planeta aún hoy dominados por dictadores. Asegurar que estas murallas caigan es tarea de todos, y la discusión pública al respecto debe ser más informada y más activa. Las redes son una herramienta y como tal, sólo operan en la forma en que la gente decide usarlas.