Un día le voy contar a mis hijos, que en algún momento Puerto Williams, quedaba más cerca de Malvinas que de Falklands.
Que los traductores de la moral internacional entendieron más allá de la opinión de google, que Kelper en español, significaba pirata inglés.
Y que la Argentina, durante el lejano proceso de globalización informacional, hablaba más de soberanía espacial que de inversiones extranjeras.
Que donde vivo, pienso y siento, todo alguna vez miró a Malvinas.
El pétreo Padre Zink, la costanera, los aviones y hasta el mango de la danza del destino que atravesó para siempre al cristo.
Si hay y siempre hubo un puente, de repente TDF no estaba tan lejos.
Ni era tan isla.
Si de repente no eran tan fueguinos, sino más neuquinos, no hace tanto frio, ni estamos tan al sur.
Un día, quizás mañana, Malvinas cumpla con el requisito de desaustralizacion mediática.
Y no estaba tan cerca.
Ni eran tan fueguinas.
Ni tan soberanas.
Ni tan causa.
Y quien dice, no tan Argentinas.
Un buen día vamos a entender que no fuimos más que mar y cielo.
Que sin viento el olor a rama se queda y las banderas en la costa no levantan vuelo.
Si no levantan vuelo, las banderas no se ven.
Y si no se ven, no funcionan.
Entenderemos así, que en este, nuestro lugar, el viento es un servicio natural.
De la isla, a su patria.
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