Llorar juntos
Nada en el mundo merece tanto respeto como el dolor humano
Jacques Sagot
Apenas puedo pensar en una noción tan desvirtuada hoy en día como el de la compasión. Se le suele tener por un sentimiento incómodo para quien lo experimenta, y denigrante para la persona a quien va dirigido. Pero la etimología del término, tal y como la examina Unamuno en Del Sentimiento Trágico de la Vida , apunta a algo muy diferente. Compadecer significa padecer-con, sufrir-con, es decir, compartir en nuestra propia carne el dolor del prójimo. Sacrificio supremo y responsabilidad cimera, muy poco afines a la “caridad” de esas señoras ricas, que creen poder comprar la vida eterna “en cómodas mensualidades”, con un diezmo por aquí y una limosna ocasional por allá.
El dolor compartido se convierte en medio dolor, mientras que la felicidad compartida se transforma en doble felicidad. Nada une tanto a los hombres como el sufrimiento: es esta una verdad de la que cualquier pueblo martirizado, cualquier raza segregada, cualquier secta perseguida puede dar testimonio. Del dolor común brota la solidaridad, es decir, la capacidad de los hombres para sufrir juntos y trascender, por un momento siquiera, el nauseabundo calabozo de su soledad radical, lo que Fromm llamaría “el drama de la separatidad existencial”. Esto, y no otra cosa es la compasión, tan próxima al amor que casi podría decirse que son lo mismo, tan inherente al ser humano, que solo las más desnaturalizadas de las criaturas podrían desconocerla.
Los hombres, que han institucionalizado y ritualizado el acto de reír, comer, jugar, y aun orar juntos, no han aprendido por el contrario a llorar juntos. Si la risa es un fenómeno eminentemente social, el llanto es en cambio el más solitario de los actos, el momento íntimo por antonomasia. Es una verdadera pena, porque si hay algo en nosotros que merecería ser compartido son precisamente las lágrimas. Acaso así nos daríamos cuenta de que, de una manera u otra, quizás todos lloramos por lo mismo. Kodály describe, en su estudio sobre la música autóctona magyar , cómo los cementerios de las aldeas húngaras se convertían en auténticos órganos cuando el lamento colectivo de los campesinos reverberaba, durante el Día de los Muertos, entre las paredes del camposanto.
Nada en el mundo merece tanto respeto como el dolor humano. Es lo que comprendieron espíritus como San Francisco de Asís, Albert Schweitzer y la Madre Teresa de Calcuta.
Porque quien le vuelve la espalda al dolor del prójimo se vuelve la espalda a sí mismo, y quien camina una sola legua sin amor, camina amortajado hacia su propio entierro.
Visita mis otros posts:
¡Zarzuela!
http://wiki.taringa.net/posts/musica/1747225/¡Zarzuela!--mediafire.html
El Violín Rojo
http://wiki.taringa.net/posts/musica/1737009/El-Violín-Rojo-2-discos-mediafire.html
Los Tres tenores Discografía mediafire
http://www.taringa.net/posts/musica/1760544/Los-Tres-Tenores-mediafire.html
Navidad Clasica
http://www.taringa.net/posts/musica/1793173/Navidad-Clasica-mediafire.html
Meditación del Violin
http://www.taringa.net/posts/arte/1870914/Meditación-del-Violin.html
Mi viejo amor, el amor
http://www.taringa.net/posts/arte/1870935/Mi-viejo-amor,-el-amor.html