Abú Ghraíb por Botero
FUE EN UN AVIÓN, sobre el Atlántico, que Botero descubrió en un diario las fotos de las torturas en la prisión de Abú Ghraíb. Enseguida el pintor le pide papel a la azafata, y comienza a producir bocetos que constituyen un testimonio casi periodístico, que reivindica preguntándose si alguien se acordaría de Guernica sin el cuadro de Picasso. Para Botero, un artista adicto a las noticias, las obras fueron producto de la ira súbita que sintió ante el horror. Las más de 50 obras, todas tituladas Abú Ghraíb y numeradas del 1 al 50, se encuentran en el Museo Nacional de Bogotá, y ninguna está a la venta ya que el autor no quiso "comerciar con el dolor humano". "Cuando se llega a ese grado de monstruosidad", dice el artista, "se siente como una responsabilidad directa de decir algo. Me sorprende que ningún artista norteamericano no hubiera hecho nada. Tal vez sea porque todos ellos están más o menos en la línea abstracta o conceptual".
EL ESCÁNDALO. En abril de 2004 se emitió un informe sobre los casos de maltrato de los reclusos iraquíes en la cárcel de Abú Ghraíb por parte de los soldados estadounidenses. Esto se vio en una serie de fotografías tristemente célebres que tomaron los soldados, regocijándose en el maltrato físico y psicológico al que estaban sometiendo a los prisioneros. Las celdas de la cárcel de Abú Ghraíb, a unos treinta kilómetros de Bagdad, medían menos de cuatro metros de lado y contenían aproximadamente cincuenta mil reclusos en la época de Saddam Hussein. Después de su caída, los civiles saquearon las cárceles y los prisioneros se dispersaron, pero el Pentágono resolvió recuperar las instalaciones para individuos sospechosos de ser insurgentes. La general de brigada Manis Karpinski, asesora empresarial en la vida civil y sin experiencia en gestión de cárceles, tomó el mando de Abú Ghraíb hasta 2004, año en que se la relevó discretamente y se dio comienzo a una amplia investigación sobre el sistema carcelario en Iraq.
La filtración a la prensa de un informe secreto del general Antonio Taguba y las pruebas gráficas provocaron el estallido del escándalo. Las fotografías y los videos fueron divulgados en todos los medios, y causaron la indignación general.
Avisos Google
El autor del libro, David Ebony, describe algunos de los métodos de tortura que utilizaron los soldados. "Se rompieron barras quimioluminescentes y se vertió su contenido por encima de algunos prisioneros. Otros recibieron palizas con escobas y sillas. Algunos reclusos eran arrojados desnudos a celdas húmedas y heladas para que se pudrieran en ellas durante días sin comida ni bebida, mientras que a otros se los obligaba a pasar horas subidos encima de cajas, con cables conectados a los genitales: se les decía que estaban electrificados y que si trataban de bajar se electrocutarían". Para "ablandar" a los reclusos se los desnudaba para abusar de ellos, un trato que infringía la convención de Ginebra, pero de la cual los vigilantes hacían caso omiso por considerarlos terroristas.
ARTE Y DEFORMACIÓN. El libro Abú Ghraíb, con dibujos y pinturas recogidos en un volumen lujoso y muy bien editado, muestra los horrores de la guerra representados por un artista que sorprende a los espectadores. El artista colombiano Fernando Botero (nacido en Medellín en 1932) es conocido por sus esculturas y dibujos, que los críticos consideran figuras emblemáticas de la abundancia, la sensualidad y la buena fortuna, combinando en su obra el naïf, los estilos del Renacimiento europeo y el barroco colonial de su país. La característica principal de sus personajes es la gordura, pero el pintor los encuentra esbeltos: "en arte, si tienes ideas y piensas, acabas deformando la naturaleza. El arte es deformación", dijo. Esa condición corporal resulta chocante al verla en las pinturas que realiza sobre Abú Ghraíb, porque los paquidermos humanos de Botero carecen de esa ternura característica. Esta vez eligió horrores carcelarios como tema de trabajo, a pesar de ser conocido por obras más alegres. Entre 2004 y 2005 se dedicó a unos cincuenta lienzos y dibujos que representan el infierno de esa cárcel. La gordura aquí no es salud y sensualidad, sino que denota el peso psicológico y moral, acentuando por otro lado los espacios reducidos de la cárcel en que se encuentran.
Otros artistas estadounidenses y europeos como Paul McCarthy, Hans Haacke, Thomas Hirsckorn o Susan Crile hicieron obras sobre este escándalo. American Gothic (2004), de Gerald Laing se basa en el famoso cuadro de Grant Word, pero en lugar de la conocida pareja de granjeros pone a una pareja de guardias alzando los pulgares, con las manos cubiertas de guantes de látex azules, frente a una pirámide de prisioneros iraquíes desnudos. El autor del libro, sin embargo, expresa que "el tratamiento que da Botero al tema de Abú Ghraíb es más directo y polémico que el de la mayoría de los que lo abordaron. Sus figuras son esquemáticas pero convincentes, y las referencias a precedentes de la historia del arte aportan a la serie un marcado aire de convicción y autoridad".
Botero siempre se ha inspirado en los necesitados, desamparados y la gente corriente, tomando elementos tanto de Diego Velázquez como de De Kooning. Las escenas aquí reproducidas lo ponen en una larga línea de artistas como Goya, Grosz, Manet, Beckhmann y Picasso, comprometidos con la realidad a través del arte.
A pesar del revuelo mediático y del desconcierto ante el cambio de estilo del pintor, no es la primera vez que Botero denuncia con el pincel: a fin de los años 90, denuncia a las guerras de narcotráfico que destruyen a Colombia, con cuadros de 1999 como Masacre en Colombia y Masacre de mejor esquina que representan a gente inocente abatida a tiros por narcotraficantes.
Sus estudios de figuras solitarias se pueden comparar con las líneas, los volúmenes y las sombras de Miguel Ángel, así como su vasto conocimiento de la figura humana, acorde con su pasión por el arte renacentista. También se debe tener en cuenta el claro paralelismo con Goya, en su visión espeluznante, y el cuadro Los fusilamientos del 3 de mayo de 1814, con la misma voluntad de denuncia. La obra del aragonés, testigo presencial de los incidentes que plasma en los Desastres de la Guerra muestra el salvajismo brutal y se trata de una respuesta a la crueldad humana. Botero quizás haya conseguido, como lo remarca David Ebony en el libro, "una nota de advertencia comparable para nuestra época".
Dice Ebony que "Botero trata el escándalo de Abú Ghraíb como un hecho histórico que supone una parte funesta del legado de la guerra de Iraq, pero también comprende una lección de moralidad y justicia". Botero cree que "es importante que el público estadounidense vea estas obras, porque los que cometieron las atrocidades eran de Estados Unidos".
ESQUIZOFRÉNICA SENSUALIDAD. La sensualidad de Botero se vuelve esquizofrénica en esta instancia, en estos durísimos cuadros explícitos que connotan también el martirio y el sacrificio cristianos -muchos de esos hombres están con los brazos atados en cruz, o con marcas en la espalda que recuerdan la flagelación. La ironía de emplear motivos cristianos para representar a los musulmanes con alusiones a la iconografía del arte medieval es especialmente clara en las referencias a la Pasión de Cristo.
La serie Abú Ghraíb está compuesta en su mayor parte por hombres amontonados, atados, con vendas sobre los ojos, cuerpos cubiertos de sangre y de humillación. Sórdidas figuras masculinas llevan puesta ropa interior femenina, apelotonadas en una orgía autoritaria y cruel, mostrando explícitamente actos de sodomía con palos de madera, violación hacia los prisioneros, siempre encuadrados por rejas oscuras, en casi todos los cuadros recibiendo un chorro de orina. Botero usa su habitual paleta fuerte, esta vez enfatizando en el rojo de la violencia en la sangre, en los gorros y en la ropa interior rosada manchada. Lo que estas imágenes cuentan escapa a la representación habitual de lo que puede ocurrir en una cárcel. Las obras de Abú Ghraíb se distinguen porque evocan la anulación no solamente física sino identitaria, en un simulacro de acto sexual transformado en rito de destrucción.
Hasta los animales, quizás una manera de Botero de subrayar la falta de humanidad de los soldados, toman parte en esta masacre: arañan y muerden a prisioneros tendidos en el suelo, amordazados y librados a los depredadores como una carnada.
Todos los verdugos anónimos tienen guantes azules que sugieren una preocupación por la higiene. Hay entonces un riesgo de contaminación. Dos mundos irreconciliables deben por lo tanto coexistir en la imagen: la víctima vulnerable y el verdugo. El procedimiento metonímico que consiste en no representar los rostros de los verdugos implica aún más al espectador en la imagen, así como la oposición sistemática entre la rigidez de los barrotes y la profusión de cuerpos desnudos. A su manera, los trabajos de Botero dan cuenta de la confusión que engloba el contenido y el lugar de las imágenes como soporte de información.
"El grito indignado que expresa Botero en la serie de Abú Ghraíb", afirma Ebony, "es un intento de trasladar la atención del público hacia dos temas oportunos y atemporales: la paz y la humanidad. Al tratarse de un artista conocido por pintar imágenes del placer en una época de guerra y terror, las horripilantes y violentas escenas que representa adquieren un talante especialmente turbador y conmovedor. Botero se suma a una larga lista de artistas que han reaccionado de forma apasionada a noticias polémicas acontecidas fuera del particular ambiente del taller de un creador de éxito".
Lo más humillante de todo quizás sea esa castración que le inflingían a los prisioneros de sexo masculino. Avergonzar a los reclusos con conductas homosexuales forzadas, dados los tabúes del Islam, así como vestirlos con ropa interior femenina era el principal cometido de los soldados. "La figura desolada, que dista mucho de los famosos cuadros de travestidos melancólicos de Botero, evoca a un mártir crucificado, o quizás más exactamente a un eccehomo", agrega Ebony.
Y comenta que "como consecuencia del desastre de Abú Ghraíb, actualmente se prohíbe a la mayoría de los soldados estadounidenses destinados en Iraq tomar fotografías y grabar videos estando de servicio".
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