La multitud amorfa se desvanece en un continuo vaivén de sonidos prepotentes. Alza los ojos al cielo, sube al máximo el volumen del amplificador y marca el compás de la próxima explosión. Púa en mano, el mundo a sus pies, la vida en algún lugar. Todo da vueltas y él es el centro. Púa en mano, brazo alzado, la multitud rugiente; es el vacío, la nada de un paisaje que ha dejado de conmoverlo. Es el fondo de una botella; el sabor de un mundo molido, alineado y aspirado; la reiteración continua de un futuro que llegó, se quedó y no logra marcharse; presente asqueante, pasado mejor. Un mundo entre mil mundos. Uno más. Brazo alzado, púa en mano; marcar tres y desatar la euforia. Él como detonador, herramienta, icono, predicador, paracaidista, excusa. Púa en mano, gritos abovedados, percepción extradimensional. Marcar tres y darle sentido a qué. Jún-do-tre... ¿Y? ¿Qué? Paso, puente a un día más; aferrarse a personas; excusas.
Flaquea antes de comenzar.
¿Y ahora qué?
Marcar tres. Brazo alzado, el resplandor ciego de la púa que espera el golpe para el primer acorde. Arrancar; otra vez; arrinconar contra las cuerdas al tiempo que lo desafía con sarcasmos ajenos. No es el tiempo, son los otros. Noveno piso. Lo obligan a saltar cada vez, a ser irrompible delante de los ojos de quienes necesitan ver para creer. Brazo en alto, púa en mano, entrada gratis, salida vemos. Pero, ¿alguno querrá salir? Prisión voluntaria, excusas.
Gira el mundo, giran las luces: universo conocido. Brazo en alto, sudor inevitable. Un mechón sobre el rostro agrietado, unos ojos que declaman "yo viví, vivo y viviré lo que me queda". ¿Qué más queda? Jún-do-tre, gritos imposibles de identificar.
Mito consciente, pasado mejor. Piensa en el pasado, presente puto; puto presente porvenir en dudas. Luz, cámara, acción. Representar el papel.
Brazo en alto, púa en mano.
No lo veo, lo imagino.
Hace rato que no lo veo.
Pero lo escucho, lo imagino: lo completo.
Brazo en alto.
Cae la púa y la explosión llega: es.
Al fin llega.
Otra vez.
¿Qué más hay?
Nada, ya no hay nada.
Hay que gritarlo.
¡Ya no hay nada!
Una explosión de nada.
Un grito al vacío.
Lo imagino, lo veo.
Lo armo.
Él es el aguante.
¡Say no more!
Guillermo Paniaga
A pedido de los moderadores: Guillermo Paniaga soy yo, de manera que soy mi propia fuente. De todos modos, dejo link de este mismo texto publicado en un blog personal: