InicioArteDos corazones-



Hola.
¿Les ha pasado desear decir algo con todas sus fuerzas, pero callar?
¿Por que lo hacemos? ¿Por qué callamos cuando lo que deseamos es gritar?...como dijo Bécquer, “lástima el amor un diccionario no tenga donde hallar, cuando el orgullo es simplemente orgullo y cuando es dignidad”.
Ojala las palabras no se pierdan en nuestras gargantas, ojala encuentren la luz y lleguen así a esos corazones que deben llegar.
Palabras… letras inútiles y sin sentido sin un destinatario.
Como siempre…gracias por coincidir. Marisol






Era fría distante. Siempre callada…como calculando cada palabra. ¡Cielos!...tan lejos, tan alta. Que era imposible para él alcanzarla.
La buscaba, deseaba mirarla a los ojos. Derretir un poco tanto hielo que rodeaba a su corazón. Pero no podía, no lo lograba. Por alguna razón todo el amor que sentía por ella no era suficiente. Ni siquiera bastaba para acercarle como una suave brisa.
Él sentía que moría por conquistarla, que la amaba más que a su vida.
Y ella… impávida, inmutable ante todo su amor, ante todo su dolor.
¿Cómo podía alguien tan bella, ser tan fría?
¿Cómo era posible que no la rozara el pétalo de tanta pasión?
Las lágrimas caían de sus ojos, pero ella no las percibía. Y si lo hacia prefería ignorarlas.
Y aun así la amaba. Ojala pudiera no hacerlo. Pero era tarde la amaba aunque nunca pudiera decírselo.







Él era dulce, tierno. Todo lo que ella había deseado y buscado en un hombre.
Lo miraba, lo observaba…lo amaba.
Pero no lograba acercársele. No podía hacerlo. Sabía que él no entendería cuan herido estaba su corazón. Deseaba protegerlo de todo lo que ella había vivido, de todo lo que sentía. Pero, ¿quién la cuidaba a ella? Y aunque sabía que no era su intención, sus palabras la herían. Verlo con alguien mas la lastimaba. Aunque había aprendido a disimular, a fingir, así que siempre sonreía.
Una vez vio una lágrima en los ojos de él.¡¡ “ay”!!- pensó- “si esas lágrimas fueran por mí”. Pero algo dentro de ella le decía que no era así. Que seguramente él amaba, pero a otra, otra era la dueña de los besos que ella deseaba, la que le devolvía la sonrisa.
Ahora ella sonreía… ya no volverían a herirla y aunque lo amara con locura, jamás se lo diría…jamás se lo demostraría.






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