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Los Imperios más grandes de la historia. (Parte 2/3)

Info1/14/2012




PARTE 2/3 IMPERIOS COLONIALES



Duración: 624 años
Capital: Estambul (Constantinopla)
Idioma: Turco otomano
Religión: Islam
Emperadores destacados: Osmán I, Solimán el magnífico.
Máxima extensión: 5.200.000 km2 (1683 d.C)
Población: 39 millones



El Imperio otomano comenzó siendo uno más de los pequeños estados turcos que surgieron en Asia Menor durante la decadencia del Imperio Selyúcida. Los turcos otomanos fueron controlando paulatinamente a los demás estados turcos y bajo el reinado de Mehmed II (1451-1481) acabaron con lo que quedaba de la dinastía selyúcida. La primera fase de la expansión otomana tuvo lugar bajo el gobierno de Osmán I y siguió en los reinados de Orkhan, Murad I y Beyazid I, a expensas de los territorios del Imperio bizantino, Bulgaria y Serbia. Bursa cayó bajo su dominio en 1326 y Adrianópolis en 1361. Las victorias otomanas en los Balcanes alertaron a Europa occidental sobre el peligro que este Imperio representaba y fueron el motivo central de la organización de la Cruzada de Seguismundo de Hungría. El sitio que pusieron los otomanos a Constantinopla fue roto gracias a Tamerlán, líder de los mongoles, quien tomó prisionero a Beyazid en 1402, pero el control mongol sobre los otomanos duró muy poco. Finalmente, el Imperio otomano logró conquistar Constantinopla en 1453.

En su máximo esplendor, entre los siglos XVI y XVII se expandía por tres continentes, controlando una vasta parte del Sudeste Europeo, elMedio Oriente y el norte de África, limitando al oeste con Marruecos, al este con el Mar Caspio y al sur con Sudán, Eritrea, Somalía y Arabia. El Imperio otomano poseía 29 provincias, y Moldavia, Transilvania y Valaquia eran Estados vasallos.

El imperio estuvo en el centro de las interacciones entre el Este y el Oeste por seis siglos. Con Constantinopla como su capital y el territorio que se conquistó bajo Solimán el Magnífico -correspondiente a las tierras gobernadas por Justiniano el Grande mil años antes-, el Imperio otomano era, en muchos aspectos, el sucesor islámico de los antiguos imperios clásicos. Numerosos rasgos y tradiciones culturales de éstos (en campos como la arquitectura, la cocina, el ocio y el gobierno) fueron adoptados por los otomanos, que los elaboraron en nuevas formas. Estos rasgos culturales más tarde se mezclaron con las características de los grupos étnicos y religiosos que vivían dentro de los territorios otomanos, creando una nueva y particular identidad cultural otomana.

En los Balcanes, el Imperio Otomano había seguido su imparable expansión, conquistando Egipto y Mesopotamia. Durante el reinado de Solimán el Magnífico llegó a su cima de poder, venciendo al rey de Hungría en la Batalla de Mohacs y lanzándose hacia Viena, ciudad que no lograría ser tomada. Lo intentarían de nuevo tres años más tarde con igual resultado. Tras ver frenada su expansión hacia Alemania, el Imperio Turco continuaría su expansión por el mediterráneo (alcanzando sus dominios hasta Marruecos), entrando en conflicto con la monarquía hispánica. Ambos poderes navales se enfrentarían en 1571 en la batalla de Lepanto, con victoria cristiana.

Durante el siglo XIX, diversos territorios del Imperio otomano comenzaron a alcanzar su independencia, principalmente en Europa. Las sucesivas derrotas en guerras y el auge de los nacionalismo dentro del territorio llevarían al decaimiento del poder del imperio. Su participación en la Primera Guerra Mundial y el surgimiento de movimientos revolucionarios dentro de Turquía le darían el golpe mortal. El imperio bajo la dirección de un sultán fue abolido el 1 de noviembre de 1922, mientras el califato lo fue un año después. La República de Turquía fue fundada en su reemplazo, el 23 de octubre de 1923.




Duración: 406 años
Capital: Madrid
Idioma: Español
Religión: Catolicismo
Emperadores destacados: Reyes católicos
Máxima extensión: 23.700.000 km2 (1866 d.C)
Población: 68.2 millones



A principios de la Edad Moderna los portugueses y los castellanos habían iniciado una serie de expediciones para crear rutas económicas hacia la India. Una de estas expediciones fue la de Cristobal Colón que al servicio de Castilla descubrió América el 12 de octubre de 1492. Este descubrimiento inició el ascenso de la monarquía hispánica en la escena internacional. Después de la unión dinástica de las Coronas de Castilla y Aragón por parte de los Reyes Católicos,los territorios de la monarquía hispánica se empezaron a expandir vertiginosamente. Durante el siglo XVI, Austria, Bohemia, Hungría, Alemania,los países bajos, Portugal, enclaves en Italia y Gran parte del norte de África estarían bajo el dominio del monarca hispánico en algún momento. A esta superioridad política se le uniría la económica con las enormes riquezas que provenían de los territorios conquistados en el nuevo mundo, y la militar gracias a la enorme eficacia de los tercios españoles, invencibles durante casi 150 años en el campo de batalla. La cima del poder hispánico se puede situar en 1588, cuando Felipe II fracasó en su intento de invadir Inglaterra (con la Armada invencible). Para entonces, la monarquía hispánica era la indiscutible primera potencia del globo.

Los conquistadores españoles descubrieron y dominaron vastos territorios pertenecientes a diferentes culturas en América y otros territorios de Asia, África y Oceanía. España, especialmente el reino de Castilla, se expandió, colonizando esos territorios y construyendo con ello el mayor imperio económico del mundo de entonces. Entre la incorporación del Imperio portugués en 1580 (perdido en 1640) y la pérdida de las colonias americanas en el siglo XIX, fue uno de los imperios más grandes por territorio, a pesar de haber sufrido bancarrotas y derrotas militares a partir de la segunda mitad del siglo XVII.

La política matrimonial de los reyes permitió su unión con la Corona de Aragón primero, y con Borgoña y, temporalmente,Austria después. Con esta política fueron adquiridos numerosos territorios en Europa, donde se convirtió en una de las principales potencias. España dominaba los océanos gracias a su experimentada Armada, sus soldados eran los mejor entrenados y suinfantería la más temida. El Imperio español tuvo su Edad de Oro entre el siglo XVI y la primera mitad del siglo XVII, tanto militar como culturalmente.

Este vasto y disperso imperio estuvo en constante disputa con potencias rivales por causas territoriales, comerciales o religiosas. En el Mediterráneo con el Imperio otomano; en Europa, con Francia, que le disputaba la primacía; en América, inicialmente con Portugal y mucho más tarde con Inglaterra, y una vez que los neerlandeses lograron su independencia, también contra estos en otros mares. Las luchas constantes con potencias emergentes de Europa, a menudo simultáneamente, durante largos períodos y basadas tanto en diferencias políticas como religiosas, con la pérdida paulatina de territorios, difícilmente defendibles por su dispersión, contribuyeron al lento declive del poder español. Entre 1648 y 1659, las paces de Westfalia y los Pirineos ratificaron el principio del ocaso de España como potencia hegemónica. Este declive culminó, en lo que respecta al dominio sobre territorios europeos, con la Paz de Utrecht (1713), firmada por un monarca que procedía de una de las potencias rivales, Felipe V: España renunciaba a sus territorios en Italia y en los Países Bajos, perdía la hegemonía en Europa, renunciaba a seguir dominando en la política europea.

Sin embargo, España mantuvo y de hecho amplió su extenso imperio de ultramar, acosado por el expansionismo británico, francés y neerlandés, manteniéndose como una potencia económica más importante, hasta que sucesivas revoluciones le desposeyeron de sus territorios en el continente americano a principios del siglo XIX.
No obstante, España conservó algunas fracciones de su imperio en América, principalmente Cuba y Puerto Rico, como también Filipinas y algunas islas en Oceanía como Guam, Palaos o lasCarolinas y las Marianas. La Guerra Hispano-Estadounidense de 1898 supuso la pérdida de casi todos estos últimos territorios. Las únicas posesiones que se salvaron fueron las pequeñas islas de Oceanía (excepto Guam), que fueron finalmente vendidas a Alemania en 1899.

El impacto moral de esta derrota fue duro, y se buscó compensarlo creando, con poco éxito, un segundo imperio colonial en África, centrado en Marruecos, el Sáhara Occidental y Guinea Ecuatorial, que perduró hasta la descolonización de las décadas de 1960–1970 al abandonar la última colonia, el Sáhara, en 1975.



Duración: 560 años
Capital: Lisboa, Rio de Janeiro (1815 - 1822)
Idioma: Portugués
Religión: Catolicismo
Emperador destacado: Pedro (I de Brasil, IV de Portugal)
Máxima extensión: 10.400.000 km2 (1815 d.C)
Población: 52 millones



Puede decirse que los portugueses fueron los primeros en explorar África y Oriente, fundando, en la misma época en la que se inició la formación del Imperio español en América, un sistema comercial multicontinental similar al de los fenicios durante la edad antigua. El proceso del imperialismo portugués, que comenzó en 1415 cuando arrebataron la ciudad norteafricana de Ceuta a los musulmanes, puede dividirse en tres fases: la expansión en África y Oriente; la expansión en Brasil y nuevamente la expansión en África, aunque estas etapas se solapan en ocasiones. El dominio colonial portugués finalizó en 1999, cuando la soberanía sobre el territorio costero asiático de Macao fue entregada a China.



Duración: 357 años
Capital: París
Idioma: Francés
Religión: Catolicismo
Emperador destacado: Napoleón Bonaparte
Máxima extensión: 13.000.000 km2 (1754)
Población: 113 millones



Tras la victoria frente a España, Francia fue la potencia hegemónica de Europa durante la segunda mitad del siglo XVII y gran parte del XVIII. Su época de máxima esplendor fue el reinado de Luís XIV, logrando entre otras cosas, expandir su poder dinástico, colocando a los borbones al frente de la península tras vencer en la Guerra de Suecesión Española.
A finales del siglo XVIII, la Revolución Francesa y la subsiguiente expansión continental de Francia truncó el equilibrio europeo que tanto deseaba Gran Bretaña. Los franceses, liderados por Napoleón, lograron subyugar de manera efectiva prácticamente toda la Europa continental en el curso de la Gran Guerra Francesa. La máxima expansión de los dominios franceses fue en 1811, año en que sólo Gran Bretaña se libraba de la influencia de Francia, sometida pese a ello a un terrible bloqueo continental. Finalmente, Napoleón sería derrotado en la Batalla de Waterloo y las potencias europeas se reunirían en Viena para redibujar el mapa de Europa.
El Reino Unido y Rusia salieron como los grandes poderes tras el congreso de Viena.



Duración: 414 años
Capital: Londres
Idioma: Inglés
Religión: Anglicanismo, Protestantismo
Emperadores destacados: Isabel I, Victoria I
Máxima extensión: 33.700.000 km2 (1922)
Población: 458 millones



Durante las primeras décadas del siglo XX, el Imperio británico abarcaba una población de cerca de 458 millones de personas y unos 33.700.000 km², lo que significaba aproximadamente una cuarta parte de la población mundial y una quinta parte de las tierras emergidas.
El pico propiamente dicho se desarrolló durante unos 100 años (el llamado siglo imperial desarrollado entre 1815 y 1914), a través de una serie de fases de expansión relacionadas con el comercio, la colonización y la conquista, además de períodos de actividad diplomática. El Imperio facilitó la extensión de la tecnología, el comercio, el idioma y el gobierno británicos por todo el mundo. La hegemonía imperial contribuyó al espectacular crecimiento económico de Gran Bretaña y al peso de sus intereses en el escenario mundial. En la actualidad países que son potencias mundiales o de una gran importancia política mundial son herederos del imperio británico: Estados Unidos, India, Canadá, Australia, Sudáfrica o Nueva Zelanda.

El Imperio Británico no se había constituido aún cuando la reina Isabel I ascendió al trono en 1558. Las bases de este Imperio se sentaron durante su reinado, gracias al desarrollo de la Marina inglesa, el inicio de una ofensiva comercial en ultramar (la Compañía de las Indias Orientales se fundó en 1600) y la rivalidad con la Monarquía Hispánica.
El foco del crecimiento colonial se encontraba en el este del Caribe, alejado de la zona central del dominio español en América: San Cristóbal (más tarde Saint Kitts) fue la primera plaza inglesa de las Indias Occidentales (denominación dada por los ingleses al archipiélago de las Antillas), en 1624. Una segunda forma de colonización fue la realizada a través de los asentamientos religiosos de Norteamérica.

Aunque pueda resultar sorprendente, la Guerra Civil inglesa, que tuvo lugar en la década de 1640, y el subsiguiente régimen del Protectorado, alentaron el imperio en lugar de refrenarlo. Oliver Cromwell llevó a cabo una política exterior antiespañola, y la isla antillana de Jamaica fue conquistada en 1655, convirtiéndose en la primera colonia inglesa arrebatada por la fuerza a otra potencia europea.

La política colonial aplicada desde 1660 transcurrió por los mismos derroteros. Se produjeron nuevos asaltos en el Caribe, donde los corsarios ingleses atacaban los negocios y asentamientos españoles; esta situación llevó a la firma del Tratado de Madrid en 1670, por el que España accedió finalmente a reconocer las posesiones inglesas.

Durante la guerra de Sucesión española, Inglaterra se apoderó de Gibraltar (1704) y de la isla de Menorca (1708), consiguiendo así sus primeras posesiones en el mar Mediterráneo. Después de afianzar sus conquistas y ampliar sus derechos para suministrar esclavos y otras mercancías a las colonias españolas de América, la categoría de Inglaterra como potencia colonial era prácticamente similar a la de sus principales competidoras europeas.

La implicación de Gran Bretaña en las Guerras Napoleónicas estimuló la expansión del Imperio. Su Ejército y su Flota no siempre obtuvieron espectaculares triunfos fuera de Europa. La intervención en la isla antillana de La Española (1796) y el intento de arrebatar Buenos Aires a España (en las conocidas como invasiones inglesas al Río de la Plata, de 1806 y 1807) no tuvieron éxito.

Después de la I Guerra Mundial, el Imperio Británico alcanzó su máxima extensión: Gran Bretaña adquirió la mayor parte de los territorios alemanes en África de acuerdo con el Tratado de Versalles (1919); a su vez, se abría la posibilidad de un nuevo Imperio en el mundo árabe. Sin embargo, también aumentaron los sentimientos nacionalistas y separatistas. La segunda Guerra Mundial debilitó el ya débil liderazgo financiero y comercial de Gran Bretaña, acentuando la importancia de los dominios y de los Estados Unidos como fuente de asistencia militar. El primer ministro australiano John Curtin tomó la decisión sin precedentes en 1942 de retirar las tropas australianas que defendían Birmania demostrando que no se podía esperar que los gobiernos de los dominios actuaran en defensa de la metrópoli y no de sus propios intereses nacionales.

En el Caribe, África, Asia y el Pacífico, la descolonización durante la posguerra se efectuó con prisa, dado el crecimiento de los cada vez más poderosos movimientos nacionalistas. Gran Bretaña rara vez luchó para retener algún territorio. Las limitaciones de Gran Bretaña se mostraron de modo humillante durante la Crisis de Suez de 1956 en la que los Estados Unidos se opusieron a la intervención anglo-francesa en Egipto; puesto que aquella aventura podía poner en riesgo los intereses estadounidenses en el Próximo Oriente.

La independencia de la India en 1947 acabó con la lucha mantenida por el Congreso Nacional Indio durante 40 años; primero por el autogobierno y después por la soberanía. La aceptación por parte de Gran Bretaña y de los otros dominios en (1950) del nuevo estatus de república de la India se considera en la actualidad como el inicio de la moderna Commonwealth. Birmania obtuvo la independencia en (1948) fuera de la Commonwealth, Ceilán (1948) y Malaya (1957) dentro de la misma. El mandato británico en Palestina concluyó en (1948) con la retirada de las tropas y una guerra abierta entre la población árabe y la población judía del territorio. En el Mediterráneo, la guerrilla chipriota promovida por partidarios de la unión con Grecia concluyó en 1960 con un Chipre independiente.
El final del Imperio británico en África llegó con una rapidez excepcional, a menudo dejando a los nuevos estados en una mala situación para abordar los retos que planteaba la soberanía: La independencia de Ghana en (1957) tras diez años de lucha política, fue seguida por la de Nigeria (1960), Sierra Leona y Tanganyika (1961), Uganda (1962), Kenia y Zanzíbar (1963), Gambia (1965),Botsuana (antigua Bechuanalandia) y Lesotho (antigua Basutolandia) (1966), y Suazilandia (1968).

La mayor parte de los territorios británicos en el Caribe optó por una independencia por separado, tras el fracaso de la Federación de las Indias Occidentales (1958–1962): a Jamaica y Trinidad y Tobago (1962) las siguió Barbados (1966) y las islas más pequeñas del Caribe oriental alcanzaron la independencia en los años setenta y ochenta. Al final de la cesión por 99 años de los Nuevos Territorios, todo Hong Kong fue devuelto a China en 1997.


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