Se trata de un ‘isobar’, un refrigerador de vacunas pequeño que lo puedes cargar a modo de mochila. Las vacunas necesitan estar a una temperatura entre los dos y los ocho grados para ser efectivas.
Lo que suele ocurrir en las zonas a las que se envían como ayuda humanitaria es que el transporte y las infraestructuras no son los adecuados, por lo que se termina rompiendo la cadena del frío y se convierten en inservibles. Ahora con la idea de Broadway esto puede cambiar.
“Calientas el dispositivo durante una hora para cargarlo. Tiene una mezcla de agua y amoníaco y el amoníaco se evapora primero. Retiene el amoníaco (que queda atrapado en la parte superior del recipiente) y cuando le das la vuelta al dispositivo, este se reevapora en el agua. Al juntarse las sustancias de nuevo se produce el efecto refrigerante”.
Así, gracias a este proceso, las vacunas en el interior del ‘isobar’ se mantienen con una temperatura estable en todo momento y conservan sus propiedades. De hecho, Broadway asegura que durante unos 30 días seguidos los medicamentos van a estar fríos y van a poder ser utilizados. Un gran avance que ya ha tenido mucha repercusión en el mundo de la ciencia.
El estudiante ya ha recibido más de 2.000 euros para desarrollar los primeros prototipos y no quiere crear una patente. Asegura que le gustaría que el mundo se beneficiara de su idea y no le mueven intereses personales.
Lo que suele ocurrir en las zonas a las que se envían como ayuda humanitaria es que el transporte y las infraestructuras no son los adecuados, por lo que se termina rompiendo la cadena del frío y se convierten en inservibles. Ahora con la idea de Broadway esto puede cambiar.
“Calientas el dispositivo durante una hora para cargarlo. Tiene una mezcla de agua y amoníaco y el amoníaco se evapora primero. Retiene el amoníaco (que queda atrapado en la parte superior del recipiente) y cuando le das la vuelta al dispositivo, este se reevapora en el agua. Al juntarse las sustancias de nuevo se produce el efecto refrigerante”.
Así, gracias a este proceso, las vacunas en el interior del ‘isobar’ se mantienen con una temperatura estable en todo momento y conservan sus propiedades. De hecho, Broadway asegura que durante unos 30 días seguidos los medicamentos van a estar fríos y van a poder ser utilizados. Un gran avance que ya ha tenido mucha repercusión en el mundo de la ciencia.
El estudiante ya ha recibido más de 2.000 euros para desarrollar los primeros prototipos y no quiere crear una patente. Asegura que le gustaría que el mundo se beneficiara de su idea y no le mueven intereses personales.