Cada día que pasa se suman más víctimas a la larga lista de mujeres víctimas de los malos tratos. El enfrentamiento a profesores y la violencia escolar son situaciones que empiezan a repetirse con demasiada frecuencia. El maltrato de ancianos y menores dentro del seno familiar, así como el acoso laboral y el maltrato a las mínorías étnicas sigue estando presente en nuestra ¿sociedad civilizada?, por no hablar del terrorismo, los crímines y las guerras…
La agresividad es un instinto de supervivencia que compartimos con el resto de los animales. Sí, pero lo que nos diferencia (y ¿nos hace superiores?) de otras especies es que mientras ellos no llegan a causarse la muerte, el ser humano llega a disfrutar con ella. Siento ser sarcástico al hablar de este tema, pero es que me parece brutal la sociedad que hemos creado.
Según el psiquiatra Luis Rojas Marcos “Las semillas de la violencia se siembran en los primeros años de la vida, se cultivan y desarrollan durante la infancia y comienzan a dar sus frutos malignos en la adolescencia”.
Si bien, alrededor del 20% de los casos de violencia son la influencia directa de los factores biológicos (según la mayoría de los estudios realizados en este ámbito), la violencia es en la mayoría de los casos el resultado de factores aprendidos a lo largo de la historia personal del individuo y estará condicionado por múltiples factores individuales (historia de maltrato infantil, abuso de alcohol y drogas, aprendizaje por observación – cine, televisión, internet…) y factores sociales (edad, sexo, raza, ambiente socio-cultural…).
Ante esta situación, ¿qué podemos hacer?. En mi opinión, muchos de los factores que contribuyen a la violencia están en nuestras manos y la educación es una de las herramientas más valiosas que tenemos para combatirla. El seno familiar debería ser el núcleo principal desde donde fomentar el diálogo y la compresión, también desde donde se ha de educar a los niños y niñas en el afecto, la tolerancia, la compasión y el valor de la vida.
La agresividad es un instinto de supervivencia que compartimos con el resto de los animales. Sí, pero lo que nos diferencia (y ¿nos hace superiores?) de otras especies es que mientras ellos no llegan a causarse la muerte, el ser humano llega a disfrutar con ella. Siento ser sarcástico al hablar de este tema, pero es que me parece brutal la sociedad que hemos creado.
Según el psiquiatra Luis Rojas Marcos “Las semillas de la violencia se siembran en los primeros años de la vida, se cultivan y desarrollan durante la infancia y comienzan a dar sus frutos malignos en la adolescencia”.
Si bien, alrededor del 20% de los casos de violencia son la influencia directa de los factores biológicos (según la mayoría de los estudios realizados en este ámbito), la violencia es en la mayoría de los casos el resultado de factores aprendidos a lo largo de la historia personal del individuo y estará condicionado por múltiples factores individuales (historia de maltrato infantil, abuso de alcohol y drogas, aprendizaje por observación – cine, televisión, internet…) y factores sociales (edad, sexo, raza, ambiente socio-cultural…).
Ante esta situación, ¿qué podemos hacer?. En mi opinión, muchos de los factores que contribuyen a la violencia están en nuestras manos y la educación es una de las herramientas más valiosas que tenemos para combatirla. El seno familiar debería ser el núcleo principal desde donde fomentar el diálogo y la compresión, también desde donde se ha de educar a los niños y niñas en el afecto, la tolerancia, la compasión y el valor de la vida.