En el caso de los aviones presurizados, por ejemplo cualquier reactor comercial, durante el vuelo, la presión interior es mayor que la exterior, y el fuselaje se expande como cuando inflamos un globo. La estructura del mismo, con cuadernas y largueros, y el metal que forma la superficie es lo único que evita que el avión explote como un globo demasiado hinchado.
En los aviones no presurizados, el problema de resistencia estructural es menor, el fuselaje no debe soportar las diferencias de presión, y por ello se pueden instalar ventanillas relativamente más grandes, e incluso, en algunos modelos, estas se han modificado para hacerlas aún mayores, de tal forma que los pasajeros tengan mejores vistas en vuelos turísticos, como puede ser, por ejemplo, sobre el cañón del río Colorado.
Sobre las ventanillas de los pilotos, estas están reguladas por las autoridades aeronáuticas, que exigen unos ángulos mínimos de visión hacia el exterior, y bajo ciertas circunstancias, que alguna de las ventanillas pueda abrirse y utilizarse como salida de emergencia para los pilotos.