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Una reina de 104 años

Por Carlos Guarella.





Cuando un chofer de radio-taxi recibe las coordenadas del viaje que debe realizar, estos datos aparecen en el "pager" con el nombre del pasajero, dirección y las calles aledañas.

Al leer los datos del próximo destino, en cierta oportunidad, me llamó la atención un número: 104. Llegué al domicilio, toqué timbre y a los pocos minutos salió una señora mayor acompañada por otra, de menor edad. La señora se llamaba Matilde. Llevaba puesto un vestido largo con mangas y cuello con volados. Al subir me explicó que se dirigía al Hospital Militar Central, porque tenía que atenderse por un leve dolor en la rodilla. En el trayecto me contó que era viuda de un general, que vivía sola con la dama que la acompañaba, que también habían fallecido sus hijos y sólo tenía algunos nietos que la visitaban muy de vez en cuando.

Durante el trayecto Matilde me preguntó:

- Dígame, ¿usted que edad tiene?

- 64 -le respondí-.

Entonces, se rió y dijo:

- Le gané, yo tengo 104 años

Me costó creerle, pero evidentemente los tenía y su acompañante corroboró los dichos de Matilde.

Al llegar al Hospital Militar le pregunté si quería que la dejara en la guardia médica que se encuentra en el subsuelo, que tiene un acceso especial para vehículos, así no tendría que caminar tanto.

- De ninguna manera -me contestó-. Voy a subir las escaleras.

Su acompañante me miró en el espejo, con una simple sonrisa, asintió con la cabeza y corroboró que tenía que dejarla en la puerta, sobre la avenida Luis María Campos. Luego, pagó el valor del viaje y me relató un cuento que voy a narrarles:

"En un antiguo reino, murió su rey. Luego de las exequias asumió como nuevo rey su hijo Fernando. Este le pidió a sus asesores y consejeros que lo ayudaran y le escribieran frases o consejos para desarrollar mejor su mandato. Todos y cada uno le entregaron hojas con recomendaciones de cómo actuar en situaciones difíciles o comprometidas. Un anciano, que durante años había sido consejero del padre, le acercó un minúsculo papelito y le dijo: «Esto no tienes que leerlo ahora, sino cuando la situación realmente lo amerite y su contenido te ayudará a encontrar la mejor solución».El joven rey Fernando lo dobló y lo guardó en el pomo de la espada.

Transcurrieron algunos años y un rey vecino, ávido de conquistas, atacó el reino de Fernando y lo derrotó. Por consiguiente, debió huir en su caballo perseguido por las fuerzas atacantes; llegó al final del sendero y se encontró con un enorme precipicio que le impedía continuar. Allí se acordó del papel que le había entregado el anciano; abrió el pomo de la espada, lo desplegó y lo leyó, el texto decía: «Esto también pasará»

Un poco atónito Fernando repasó varias veces el texto y se tranquilizó. A sus espalda se escuchaba el galope de los soldados que venían a capturarlo, entonces se dio cuenta de que nadie mejor que él conocía el reino: a pocos metros de allí había un atajo oculto que lo llevaría hacia otro reino amigo, donde lo recibirían amigablemente. Hizo caracolear su caballo y hacia allí se dirigió.

En ese reinado vecino, al cabo de unos meses, logró reunir parte de sus fuerzas militares y con el apoyo del otro rey volvió a sus dominios, presentó batalla, derrotó al invasor y así recuperó su reino.

Tras la victoria el rey Fernando hizo una importante fiesta para toda su población y allí, frente al trono, agradeció a cada uno de sus súbditos por haberlo apoyado, especialmente al anciano asesor de su padre. Volvió a sacar aquel escueto papelito que le diera tiempo atrás y lo tiró. El anciano lo levantó, se lo volvió a entregar al rey y le dijo: «Ahora también tienes que leerlo, porque esto también pasará»".

Un hermoso cuento que nos muestra que siempre hay que seguir luchando y disfrutando cada momento que nos presenta la vida, sea bueno o no tanto y el ejemplo de la señora Matilde, que a sus 104 años miraba siempre el vaso de agua medio lleno.

Este encuentro sucedió hace un par de años. No la volví a ver, pero su recuerdo y ejemplo están siempre en mi memoria.




dijo:

Carlos Guarella es taxista y remisero. Su profesión original es Dibujante, Ilustrador y Diseñador Gráfico. Además es historietista y estudió con maestros del dibujo como Alberto Breccia y Hugo Pratt. También es Maestro Mayor de Obras. Trabajó muchos años como diseñador para importantes laboratorios medicinales, desarrollando literaturas, folletería y packaging. Integró la Asociación Argentina de Promotores Publicitarios y fue editor y director de la revista "Horas de Radio", un mensuario de 10.000 ejemplares que se vendía en todos los kioscos de Capital y GBA. Fue productor y conductor de varios programas radiales en distintas emisoras y columnista. Sus placeres: manejar automóviles; dibujar, escribir y la hacer radio. Tiene 66 años y el auto que maneja en la actualidad es un Chevrolet Corsa Wagon. Trabaja al volante 12 horas diarias.



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