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Poema de los Dones - JL Borges

Arte•11/4/2008


Poema de los Dones

Nadie rebaje a lágrima o reproche
esta declaración de la maestría
de Dios, que con magnífica ironía
me dio a la vez los libros y la noche.

De esta ciudad de libros hizo dueños
a unos ojos sin luz, que sólo pueden
leer en las bibliotecas de los sueños
los insensatos párrafos que ceden

las albas a su afán. En vano el día
les prodiga sus libros infinitos,
arduos como los arduos manuscritos
que perecieron en Alejandría.

De hambre y de sed (narra una historia griega)
muere un rey entre fuentes y jardines;
yo fatigo sin rumbo los confines
de esta alta y honda biblioteca ciega.

Enciclopedias, atlas, el Oriente
y el Occidente, siglos, dinastías,
símbolos, cosmos y cosmogonías
brindan los muros, pero inútilmente.

Lento en mi sombra, la penumbra hueca
exploro con el báculo indeciso,
yo, que me figuraba el Paraíso
bajo la especie de una biblioteca.

Algo, que ciertamente no se nombra
con la palabra azar, rige estas cosas;
otro ya recibió en otras borrosas
tardes los muchos libros y la sombra.

Al errar por las lentas galerías
suelo sentir con vago horror sagrado
que soy el otro, el muerto, que habrá dado
los mismos pasos en los mismos días.

¿Cuál de los dos escribe este poema
de un yo plural y de una sola sombra?
¿Qué importa la palabra que me nombra
si es indiviso y uno el anatema?

Groussac o Borges, miro este querido
mundo que se deforma y que se apaga
en una pálida ceniza vaga
que se parece al sueño y al olvido.





Análisis
Con la advertencia que no se dejará llevar por recriminaciones o la desesperación, se inicia el Poema de los dones, diez cuartetos en perfectos endecasílabos, donde Jorge Luis Borges nos presenta, conmovedoramente, la paradoja de un ciego al cuidado de una biblioteca.

Para el poeta, Dios es el autor de esta “magnífica ironía”, la de dar “a unos ojos sin luz” una “ciudad de libros”. Ironía que se enfrenta con los sueños en una actividad trabajosa, ardua, y que deja similar sensación de libros perdidos, aquellos que aperecieron en Alejandría”. La idea se refuerza con la imagen del “vano día”. Si no hay luz en los ojos, el día no existe. ( En otra obra, el relato “El milagro secreto”, de Ficciones, aparece también un bibliotecario que se ha quedado ciego buscando a Dios).


En el Poema de los dones el gozo de la lectura, como alimento, hace referir al poeta la circunstancia de un rey griego que muere de hambre y sed entre fuentes y jardines. Los frutos, tan apetecibles como imposibles, se representan en forma anhelante en los libros que revisten los muros. Lo atesorado gracias a la palabra impresa, el saber acopiado entre las páginas, es un don negado y sin embargo - burlonamente - al alcance de la mano.

La lectura dilata la vida; sin su mundo de verdad y ficción todo se torna opaco y pequeño. La vida sin textos, da como resultado un remedo de humanidad. Las regiones de la imaginación y el sueño son mutiladas en las inmensas ciudades si a la falta de belleza natural se añade la ausencia de ese disparador de la imaginación que es la palabra humana perennizada.


Y esto que es necesidad de todo humano, es llamado profundo, actividad ineludible en el creador. Por eso es dramática, aunque sin aspavientos, la doble paradoja de un ciego escritor caminado entre volúmenes, explorando “con el báculo indeciso” un mundo - el de una biblioteca - que se ha idealizado como el lugar de las máximas delicias: el paraíso.

No es cualquier invidente. Es uno anhelante que - pese a la sobriedad de la expresión poética - comunica su ansiedad frente al infortunio. ¿Cómo entender esta circunstancia ? En los últimos cuatro cuartetos, Borges ensaya su respuesta. No es el azar - dice - el que “rige estas cosas”. Otro poeta, recibió antes, al igual que él, “en otras borrosas / tardes los muchos libros y la sombra”. Es un designio. Y no olvidamos que líneas arriba ha mencionado a Dios como autor de la ironía.

Ante este designio terrible el poeta no se rebela, aunque no deja de experimentar un “vago horror sagrado” por la conciencia de haber encontrado la raíz del misterio. Otra entidad se hace una con el autor , el otro es el muerto “que habrá dado los mismos pasos” , una hermosa y eficaz imagen nos muestra la dualidad de “un yo plural y de una sola sombra” que disuelve la identidad individual, “la palabra que me nombra”.

Y aquí la luz negada se alza en victoria sobre la sombra y la ceguera y surge el poema combatiendo oscuridades y olvido. El poema se nos dona. Un ciego nos regala la claridad de la palabra poética



Fuentes:
http://www.poemas-del-alma.com/poema-de-los-dones.htm





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