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Conozca el libro negro del comunismo Parte II !

Ciencia Educacion7/16/2015
El libro negro del comunismo segunda parte!






El Stalin del final

Se puede leer en el Libro Negro del Comunismo, en el capítulo dedicado al estalinismo escrito por Stephane Courtois:

“ Intentemos elaborar un balance provisional de los diversos aspectos de esta represión que no se sitúan, naturalmente, en el mismo plano:
- Seis millones de muertos después de la hambruna de 1932-1933, una catástrofe en muy buena medida imputable a la política de colectivización forzada y de requisa depredadora de las cosechas de los koljozes llevada a cabo por el Estado.
- 720.000 ejecuciones , de las que más de 680,000 se produjeron en los años 1937-1938, en virtud de una parodia de juicio seguida por la jurisdicción especial de la GPU-NKVD (la policía secreta)
- 300,000 fallecimientos atestiguados en los campos entre 1934 y 1940; sin duda por extrapolación con los años 1930-1933, para los cuales no se dispone de datos precisos; alrededor de 400,000 para el conjunto de la década, sin contar el número no verificado de personas muertas entre el momento de su arresto y su registro en calidad de “entradas” por la burocracia penitenciaria
- 600,000 fallecimientos, aproximadamente, atestiguados entre los deportados, “desplazados” o colonos especiales.
- Alrededor de 2.200.000 deportados, desplazados o colonos especiales
- Una cifra acumulada de entradas en los campos y colonias del Gulag se siete millones de personas entre 1934 y 1941 con los años 1932-1933 con datos insuficientemente precisos.”

Estos hechos son relativamente conocidos. Lo que casi no se comenta es que el proceso represivo siguió después de la segunda Guerra Mundial. La esperanzas de que la paz implicara un aflojamiento de la presión estatal sobre los “enemigos del pueblo” se demostraron falsas: “El pueblo había sufrido demasiado, el pasado no podía repetirse. No obstante, yo estoy invadido por la perplejidad y la angustia” escribió en sus memorias Ilia Ehrenburg.
En 1946 unos 50,000 campesinos fueron juzgados y condenados a penas elevadas por robo de espigas o de pan. Las pésimas cosechas de 1946-1947 causaron 500,000 muertes por hambre , hecho absolutamente ocultado por la maquinaria informativa del régimen. Otros hechos:
-“ En el curso del segundo semestre de 1947, más de 380,000 personas fueron condenadas, de los cuales 21.000 adolescentes de menos de 16 años”
- 500,000 mujeres estaban detenidas en el Gulag hacia 1948, cerca del 25% del total de presos.
- En 1947 se prohibió el casamiento entre soviéticos y extranjeros
- La campaña de persecución política seguía exactamente igual a la de los años 20 o 30: “Todos los espías, trotskistas, desviacionistas, derechistas, mencheviques, socialistas-revolucionarios, anarquistas, nacionalistas, blancos y otros elementos antisoviéticos deberán ser deportados, al concluir su pena en el campo, a las regiones de Kolyma (…) y a algunas regiones alejadas de Kazajstán”
- Entre 1948 y 1953 los colonos especiales no dejaron de aumentar, llegando a 2.753.000 en 1953. Fue especialmente dura la represión en los países bálticos que pasaron a engrosar las cifras de deportados a Siberia. Para el periodo 1940-1953 se calcula que unos 200.000 bálticos fueron desterrados a Siberia.
- Leonidas Brezhnev – futuro líder soviético- se encargó de la deportación de más de cien mil moldavos.
- Estalló una revuelta campesina en Ucrania, lo cual implico decenas de miles de deportados
- Otras colectividades que sufrieron deportación fueron “ 11.685 mingrelinos y 4.707 iraníes de Georgia, 4.365 testigos de Jehová, 4,431 kulaks de Bielorrusia occidental, 1.445 kulaks de Ucrania occidental, 1.415 de kulaks de la región de Pskov, 955 personas de la secta de los “verdaderos cristianos ortodoxos”, 2.795 bachmanies del Tadzhikistán y 591 “vagamundos”


La última conspiración: los “médicos judíos”

Si algo le faltaba a Stalin era ejercer una represión antisemita. En 1953 se acusó a un grupo de médicos judíos de una conspiración para asesinar a altos dirigentes soviéticos. Los acusados fueron sometidos a largas sesiones que terminaban con “confesiones” del tipo de los Procesos de Moscú de 1937. Se armó una extensa campaña de prensa contra los médicos judíos y , por extensión, se comenzó a hablar de una conspiración “cosmopolita”- que era el extraño mote que recibía el sionismo y, en general, el judaísmo.
Se estaba creando el clima para una gran purga interna, a la manera de la de la década del 30, pero la muerte de Stalin abortó la amenaza.
El antisemitismo popular era una realidad en la Unión Soviética. La indiferencia y aun la colaboración de la población ucraniana hacia la matanza de judíos por los nazis fue expresión concreta de ese fondo antisemita. Lo notable es que el estado soviético negó que el Holocausto fuera especialmente dirigido a los judíos. En cambio, ya desde 1942 en el Comité Central se hablaba de “ el lugar dominante de los judíos en los medios artísticos, literarios y periodísticos”. Se prohibió el Libro Negro sobre las atrocidades nazis contra los judíos.
El Comité antifascista judío- armado durante la guerra con el aval de Stalin- fue acusado de tener “tendencias nacionalistas”. En 1947 varios de los miembros judíos del comité fueron detenidos. En 1948 el comité fue disuelto bajo la acusación de que se había convertido en “un centro de propaganda antisoviético”. Todos los miembros del comité fueron detenidos. Se lanzó una fuerte campaña “anticosmopolita” en la prensa, acusando a los críticos de teatro judíos por su “incapacidad para comprender el carácter nacional ruso”(¡). Centenares de intelectuales judíos fueron detenidos.
“La destitución de los judíos fue llevada a cabo de manera sistemática, fundamentalmente en medios culturales, informativos, de prensa, editoriales, médicos, en resumen en las profesiones en las que ocupaban puestos de responsabilidad. Los arrestos se multiplicaron, afectando a los medios más diversos”. Ingenieros condenados a muerte por “sabotaje”, la esposa judía de Molotov, detenida y enviada a un campo, hasta la esposa judía del secretario de Stalin, detenida y fusilada en 1952.
La “conspiración judía” estaba en marcha. En el marco del fin del Congreso del PCUS la mayoría de los “médicos judíos” fueron detenidos, encarcelados y torturados. Sin embargo, la muerte de Stalin detuvo el proceso, que, según alguna pruebas documentales estaba destinado a una deportación masiva de judíos a Siberia.


La mayor hambruna de la historia: China 1959-1961

(Basado en el capitulo sobre China de El Libro Negro del Comunismo, por Jean-Louis Margolin)

Los crímenes del socialismo real pueden agruparse en la siguientes categorías

- Ataque, represión y muerte a miembros y los representantes políticos de la burguesía, la aristocracia, la Iglesia.
- Ataque, represión y muerte a intelectuales, escritores y artistas no socialistas.
- Ataque, represión y muerte a opositores y disidentes
- Ataque, represión y muerte a los militantes de partidos de izquierda no comunista (socialistas, anarquistas, socialdemócratas, etc.)
- Ataque , represión y muerte a categorías sociales y étnicas (kulaks, campesinos medios, comerciantes, minorías nacionales, marginales, etc.)
- Purgas internas en el Partido Comunista
- Represión indiscriminada al pueblo llano para cumplir con cuotas prefijadas de esclavos para el Gulag o con propósito de infundir terror
- Grandes procesos de colectivización agraria (Ucrania, China ) que provocaron hambruna y millones de muertos

La colectivización del campo en China , “el Gran Salto Adelante” fue sin lugar a dudas la operación más sangrienta de la historia de la Humanidad: entre 20 y 30 millones de campesinos murieron entre 1959 y 1961.
Vale la pena entrar en los detalles, ahí donde una simple estadística se convierte en un grito de dolor.

El Plan. La “fatal arrogancia”

El Presidente Mao Tse Tung, en vistas del éxito de la colectivización agraria de 1955- que agrupaba a los campesinos por aldea, con derecho a retirarse de la cooperativa- decidió dar el “gran salto adelante”: alterar el modo de vida de los campesinos agrupándolos en gigantescas unidades de decenas de miles de familias (las “comunas populares”) donde desaparece toda propiedad privada (hasta de la comida y las herramientas); concentrar las explotaciones en enormes extensiones, gracias a faraónicos trabajos de regadío y nuevas técnicas de cultivo; terminar con la separación entre agricultura e industria, construyendo altos hornos en cada explotación.
Pretendió así que un solo hombre, una sola cabeza, reemplazara el conocimiento de cien generaciones de campesinos chinos , que fueron adaptándose a cada nicho ecológico en busca del mejor rendimiento de sus cultivos. Hacer tabla rasa con ese conocimiento acumulado y pretender reemplazarlo por el Plan de una mente “brillante” es la fatal arrogancia en la que cayó Mao.
Al principio todo marchaba bien. Banderas desplegadas, voluntad, decisión, mística revolucionaria hacen incrementar la producción agrícola. La “emulación revolucionaria” lleva a suprimir totalmente las parcelas privadas, eliminar los mercados, imponer la prohibición de abandonar la explotación agrícola. Todos los objetos de metal son requisados para fundirlos en las acerías.


Los errores de concepción técnica

Basados en la absurda neo-ciencia proletaria del soviético Lysenko- un intento ridículo de negar la “genética burguesa”- se cometen errores técnicos irreversibles: basados en que las semillas prefieren estar juntas que separadas- por aquello de la “solidaridad”- se ultrautilizaron los semilleros de cinco a diez veces su capacidad normal con el resultado de matar a las plantas jóvenes. Además, “las labores profundas resecan la tierra o hacen que ascienda la sal; trigo y maíz no se hacen muy buena compañía en los mismos campos, y la sustitución de la cebada por el trigo en las tierras altas del Tíbet es sencillamente catastrófica.
Otros “errores” son de iniciativa nacional: el exterminio de los gorriones comedores de grano ha provocado la proliferación de parásitos; cantidad de obras hídricas, hechas deprisa y corriendo y mal coordinadas unas con otras, resultan inútiles e incluso peligrosas y su construcción cuesta cara en vidas humanas (10 mil de cada 60 mil trabajadores en una obra en Henan). La voluntad de apostar el futuro a una enorme cosecha de cereales arruina las pequeñas actividades agrícolas anexas, incluida la ganadería, indispensables a menudo para el equilibrio alimentario. En Fuijan, plantaciones de té de fortísimo valor añadido, son reconvertidas en arrozales.”
Se saca gente del campo para aplicarla a la industria- gente que se suma a la población no productora de alimento y que habrá que alimentar- y se reduce incluso la superficie sembrada confiados en el incremento de la productividad: “El resultado de esta combinación de “delirio económica y mentira política” son esas cosechas de 1960, que los campesinos no tienen siquiera fuerza para recoger. “

La mentira estadística

No tardan los dirigentes en advertir que los resultados van menguando: se miente sistemáticamente en las estadísticas de producción: “Es menos arriesgado para un mando alterar sus estadísticas, aun a costa de exprimir de forma insoportable a sus administrados para que, del modo que sea, proporcionen las entregas previstas, que confesar no haber cumplido los objetivos sacrosantos. (…) En 1958-59 cuanto mayor es una mentira , más rápida será la promoción del autor: la huida hacia adelante es total, los “termómetros” están todos rotos, y los críticos potenciales en la cárcel o en las obras de irrigación” . Se inventan cantidades de granos inexistentes ¡qué el Estado exige sean entregadas!.

Los resultados

Henan , una de las provincias “modelo” registra entre dos y ocho millones de muertos, según diversas estimaciones. La cosecha de 1960, de 143 millones de toneladas es inferior en un 27% a la de 1957: ¡se ha caído al nivel de 1950, pero con 100 millones más de chinos! El precio del arroz se multiplicó por 15 en los mercados libres o negros. En Anhui, las tasas de mortalidad se disparan al 7% anual, frente al 1,5% de los periodos normales, la natalidad baja de del 3% al 1%. Para colmo , como la política era que cada comuna debía ser autosuficiente, los traslados interprovinciales de víveres quedan prohibidos: las provincias superabundantes no podían ayudar a las deficitarias. Aparece el canibalismo. Los vecinos de la aldea se intercambian sus hijos para evitar el horror de comer a sus propios vástagos, reemplazado por el horror de comer a los amigos de sus hijos…
Para todo el país, la mortalidad se dispara en 1960 al 3%: “las pérdidas ligadas a la sobre mortalidad de hambre pueden evaluarse, de 1959 a 1961, entre 20 millones (cifra cuasi oficial en China desde 1988) a 43 millones de personas. Nos enfrentamos , verosímilmente, a la hambruna mas grave (al menos en cifras absolutas) de toda la historia de China (la segunda sería la de 1877-1878 en el norte del país, que provocó entre 9 y 13 millones de víctimas), y sin duda también de la historia del mundo.”

La falta de corrección del Plan

Ante un Plan que da malos resultados, el buen sentido político indica que hay que corregir el rumbo. Pero el Presidente Mao no estaba dispuesto a reconocer el error. Las crecientes tensiones con la URSS y “el ataque al buró político del Partido Comunista realizado por el prestigioso Mariscal Peng Dehuai en contra de la estrategia querida por el propio Mao, llevaron a este último, por razones de pura técnica política, a negarse a reconocer la menor dificultad, para admitir así el menor error. El demasiado lúcido ministro de Defensa es sustituido por Lin Biao, que se revelará como una criatura servil al Timonel”
La culpa era de otros, como siempre: “Los activistas están convencidos, como Mao, de que todas las dificultades provienen de los campesinos, que esconden el grano: según el secretario de la prefectura de Xinyang (10 millones de habitantes) donde se había iniciado la primera comuna popular del país, “no es que el alimento falte. Hay grano en cantidad, pero el 90% de los habitantes tienen problemas ideológicos”.

La represión contra los campesinos

Se desencadena una feroz represión contra los campesinos: 10 mil encarcelados, orden de romper todos los utensilios de cocina para impedir la autoalimentación, se prohíbe cualquier tipo de fuego, aun en invierno. “Los excesos de la represión son terroríficos: torturas sistemáticas a millones de detenidos, niños muertos, puestos a hervir y luego utilizados como abono (…) En Anhui, donde se proclama la intención de “mantener la bandera roja incluso con el 99% de muertos” los mandos recuperan las buenas y antiguas tradiciones de enterramiento en vida y tortura con hierro candente. (…) los aldeanos desesperados que intentan trasladarse a las ciudades son recibidos en estas con metralla”
Los relatos estremecen: “ Pléyades de hambrientos que intentan comer caldos de hierba, de cortezas de árbol, de hojas de álamo en las ciudades, vagando por los caminos en busca de pitanza, tratando de saquear los convoyes de víveres (…) las tres cuartas partes de la brigada de trabajo de Jean Pasqualini [ un testigo] en agosto de 1960 habían muerto un año después o se encontraban moribundos, y los sobrevivientes se veían obligados a buscar granos de maíz no digeridos en los excrementos de los caballos, y gusanos en las boñigas de las vacas”

El fin de la pesadilla

Se toman algunas medidas “correctivas” que lo empeoran todo: se incentiva la exportación de grano a la URSS, se rechaza la ayuda de EEUU.
Por último, a pesar del temor de criticar la política del Presidente, el número dos Liu Shaoqi “pudo poner al presidente del partido a la defensiva e imponer casi una vuelta a la colectivización “suave” anterior a la formación de las comunas populares: parcelas privadas, mercados campesinos, empresas artesanales libres y desconcentración en el nivel de la brigada de trabajo (equivalente a la antigua aldea) de la gestión de las actividades campesinas.”
La recuperación fue muy lenta, debido al profundo mal causado por el “gran salto adelante”: recién en 1983 se alcanzó el nivel de producción agraria de 1952, treinta años de retraso.
“No es sorprendente que sean los pequeños campesinos quienes, respondiendo con entusiasmo a las reformas liberales de Deng Xiaoping, hayan sido la punta de lanza de la reintroducción de la economía de mercado en China , exactamente veinte años después del lanzamiento de las comunas populares”


Los campos de Europa Oriental

Pitesti, Rumania


Yo ya creía saber todo sobre el Gulag. Mi capacidad de asombro ya había sido colmada por los relatos de ese horror. Pero acabo de leer el estremecedor relato de los campos rumanos. Pareciera que Rumania estableció algún tipo de competencia con la Unión Soviética para crear la más bizarra y terrorífica forma de tortura, como si su inventor figurara , a partir de allí, en el libro de los Héroes del Comunismo.
El “toque” rumano- aplicado en el campo de Pitesti- incluía un método de lavado de cerebro que nunca se había ensayado en la URSS: pretendía lograr una conversión interior del preso, su transformación en “otra persona”, en un creyente fervoroso en las verdades del comunismo.
Las cuatro fases del método eran las siguientes.
- “Desenmascaramiento exterior”: se obligaba al prisionero a confesar las “traiciones” de amigos o familiares
- “Desenmascaramiento interior”: se los obligaba a denunciar a quien los hubiera ayudado en la cárcel.
- “Desenmascaramiento moral público”: se exigía al detenido blasfemar contra todo lo que considerara sagrado: familia, novia, Dios, amigos.
- “ Reeducación al amigo”: el detenido debía “reeducar” a su mejor amigo del campo, torturándolo con sus propias manos y convirtiéndose él mismo en verdugo.
Cada fase era acompañada por torturas permanentes: algunas duraban dos meses. Cuenta el escritor rumano Virgil Ierunca:
” Fue practicada toda la gama de suplicios: quemaduras de cigarrillo en diversas partes del cuerpo, prisioneros que tenían las nalgas necrosadas y se les caía la carne a pedazos como si fueran leprosos. Se obligaba a algunos a tragar toda clase de excrementos y cuando vomitaban les metían sus vómitos en la garganta (…) Los creyentes eran “bautizados” todas las mañanas del siguiente modo: se les sumergía la cabeza en los cubos llenos de orines y restos fecales mientras que los otros presos repetían a su alrededor la fórmula bautismal. (…) A los seminaristas se los obligaba a oficiar misas negras (…) Llamaban a la santísima Virgen “las gran puta” y a Jesús “el cabrón que murió en la cruz”. El seminarista que hacía el papel de sacerdote tenía que desnudarse completamente y le envolvían en una sábana manchada de excrementos.”

Lovech, Bulgaria


También Bulgaria quiso ensayar “una vía nacional hacia el Gulag”. En el campo de Lovech se intentó volver a la Edad de Piedra: los detenidos eran asesinados a palos, simplemente. Este monstruoso experimento duró hasta 1961, años después del “deshielo” y la denuncia de los crímenes de Stalin por Kruschev.
Cuenta Tristán Todorov:
“ Durante la llamada de la mañana el jefe del campo escogía a sus víctimas; tiene la costumbre de sacar de su bolsillo un trocito de espejo y ofrecérselo: “Toma, ¡mírate por última vez!” Los condenados reciben entonces un saco que servirá más tarde para transportar su cadáver al campo: deben llevarlo ellos mismos, como Cristo su cruz camino al Gólgota. Salen para la obra, en este caso, una cantera de piedra. Allí serán golpeados hasta morir por los jefes de la brigada y cerrados en su saco con un trozo de alambre. Por la tarde, sus compañeros les traerán de vuelta al campo, cargados sobre una carretilla, y los cadáveres serán apilados detrás de los aseos- hasta que haya veinte, para que el camión no haga el viaje vacío-. Los que no hayan cumplido las normas durante el día serán señalados durante la llamada de noche.: el responsable de la policía dibujará con el extremo de su bastón un círculo en la arena: los que sean invitados a entrar a él morirán destrozados a golpes.”
¿Se justificaba en los años 50 tal grado de locura homicida? ¿Estaba en peligro el comunismo europeo, por lo cual eran explicables estas formas de represión?. Como dice el autor del capitulo sobre Europa Oriental, en el Libro Negro del Comunismo, Karel Bartosek,
“ Todavía hoy, tropezamos a veces, a propósito de la historia del comunismo, con el discurso que alude al “contexto de la época”, al “aspecto social”, etc.¿No está este discurso sostenido por una aproximación ideológica de la Historia y un “revisionismo” que no respetan los hechos establecidos y se oponen a una verdadera investigación de la verdad?¿No deberían, los que son sensibles a ello, volcarse del lado de la dimensión social de la represión, especialmente sobre el pueblo llano?”


Camboya , 1975-1979: el culto a la muerte

El poder total de los Khmer rojos en Camboya permite sin ningún resquicio de duda contemplar en su expresión más extrema y total, la degradación de la condición humana de la cual el estalinismo y el maoísmo fueron antecedentes. Pero allí se llegó al límite.

En China hubo 20 millones de muertos en los campos de concentración, pero estaba prohibida la tortura física (no la psicológica) y era raro el fusilamiento: la gente Infra alimentada moría de hambre , de agotamiento y de enfermedad. Era obvio que el poder sabía que así terminarían sus rehenes, pero de alguna manera dejaban un resquicio de defensa: morían por su culpa, no en manos de sus captores.

El Gulag era una empresa productiva de varios millones de esclavos que trabajaban en condiciones de penuria extrema y morían de frío, hambre y agotamiento. “culpa suya” dirían los guardianes. Stalin fusiló a “solo” un millón de rusos: los otros cuarenta murieron de hambre con la colectivización rural, en los “traslados” de pueblos enteros a Siberia, en la construcción de canales, ferrocarriles, en la tala de bosques, en las minas: murieron “produciendo” riqueza, lo cual indicaba que había cierta preocupación por no acelerar la muerte de prisioneros tan útiles. El 10% de la economía soviética se basaba en estos esclavos: nadie mata a los esclavos, se le mueren de agotamiento, hambre , frío, enfermedades o se suicidan.

Además, hay una cierta “discriminación”: en la URSS no todas la categorías eran enemigas: la represión se centraba en ciertas etnias (tártaros, alemanes), categorías sociales (kulaks, vagabundos) , políticas (opositores socialistas o anarquistas, purgas periódicas) y solo excepcionalmente se reclutaban esclavos al azar (aunque hubiera ciertamente casos así).

Se lee en capitulo sobre Camboya de El Libro Negro del Comunismo, escrito por Jean-Louis Margolin:

“En la Kampuchea democrática no había cárceles, ni tribunales, ni universidades, ni institutos, ni moneda, ni correos, ni libros, ni deporte, ni distracciones…En una jornada de 24 horas no se toleraba ningún tiempo muerto. La vida cotidiana se dividía del modo siguiente: doce horas de trabajo físico, dos horas para comer, tres horas para el descanso y la educación, siete horas de sueño. Estábamos en un inmenso campo de concentración. Y no había Justicia. Era el Angkar el decidía todos los actos de nuestra vida “

“Debía acostumbrarse uno a la desaparición total de la enseñanza, la libertad de desplazamiento, del comercio lícito, de la medicina digna de ese nombre, de la religión, de la escritura, así como la imposición de estrictas normas indumentarias ( blusa negra, de largas mangas , abotonadas hasta el cuello) y de comportamiento ( nada de demostraciones de afecto, nada de peleas o de injurias, ni de quejas ni de lagrimas). Había que obedecer en forma ciega a las consignas, asistir (fingiendo escuchar) a las interminables reuniones, gritar o aclamar cuando se ordenaba, criticar a los demás y autocriticarse. (…) Es comprensible que los primeros tiempos del régimen hayan estado marcados por una epidemia de suicidios”

(...)

“El horror no necesita cifras para resultar obvio. (…) Lo que queda por cuantificar, es comprender lo siguiente: si ninguna categoría de la población se salvó ¿cuál era la más apuntada?¿Donde y cuando ocurrió eso?¿Como situar la tragedia de Camboya entre todas las de este siglo XX, y en el seno de su propia historia?”

Los diversos estudios varían en la estimación de víctimas entre uno y dos millones, para una población sobreviviente, en 1979, de 5.200.000 habitantes. Aun en 1990 no se había superado la cantidad de habitantes de 1970: una catástrofe humanitaria única, con cerca de un 20% de la población asesinada.

“La ruralización forzosa de los habitantes de las ciudades causó, como máximo, 400,000 víctimas, probablemente menos. La ejecuciones son el dato más inseguro, y su cifra media gira en torno a unas 500,000. (…) Las enfermedades y el hambre fueron, sin duda, las causas de mortalidad más importantes, con unos 700,000 probablemente por lo menos. Sliwinski señala la cifra de 900,000, incluyendo en ella las secuelas directas de la ruralización.”


La “política” de desarrollo económico produjo la reducción en un 50% del área de cultivos. Cuenta un testigo:

“ A ambos lados del camino se extendían hasta el infinito arrozales baldíos.
Busqué inútilmente labores de trasplante. Nada, salvo un grupo de muchachas al cabo de una decena de kilómetros.
¿Dónde estaban los cientos de jóvenes de brigadas móviles de las que hablaba todos los días la radio?
De vez en cuando, grupos de hombres y mujeres deambulaban, con aspecto ausente y un hatillo a la espalda. (…) Estos antiguos habitantes de las ciudades habían sido enviados en un primer momento, a las regiones desheredadas del sureste, donde frente a la indigencia total, debían hacerse una “nueva concepción del mundo”. Y, mientras tanto, las regiones fértiles permanecían sin mano de obra. La gente se moría de hambre en todo el país ¡y solo se explotaba una quinta parte de las tierras sembradas!
¿ A dónde había ido a parar la antigua mano de obra que trabajaba en aquellas tierras? Muchas preguntas quedaban sin respuesta.”


La clave proyecto económico eran las grandes obras de regadío, diques y canales: “Muchas obras se las llevó la primera crecida, hicieron discurrir o fluir el agua contra su sentido natural, encenegaron en unos meses. “las obras eran dirigidas no por ingenieros- clase de intelectuales despreciada como todas las demás- sino por campesinos sin experiencia. La Oficina Central – con fatal arrogancia de la omnisciencia- determinaba los calendarios de las tareas agrícolas desde lejos, independientemente de las condiciones locales. Se talaban árboles frutales – que cobijaban gorriones- dejando así sin alimento a los campesinos. “Junto a esto, mandos distantes, nimbados de omnipotencia, que apenas trabajaban con sus subordinados y daban órdenes sin tolerar la menor discusión”.

El resultado fue que la ración histórica de Camboya , de 400 gramos por día para un adulto, se transformó en menos de 250 gramos…cuando se la podía conseguir. El mercado negro adquirió un valor vital, lo mismo que la búsqueda individual de alimento, globalmente prohibida. La gente robaba alimentos públicos, los pocos gallineros privados y emprendía una caza de cangrejos, ranas, caracoles, ratas, lagartos, serpientes junto con brotes y tubérculos del bosque que devoraban crudos y fueron causa de gran número de muertes.

El hambre , obviamente, era el mejor argumento para obtener la sumisión total de una población debilitada, a fin de desterrar toda idea de fuga o resistencia.

“ La subalimentación crónica, que debilitaba los organismos, favoreció el conjunto de enfermedades (en particular la disentería) y acentuó su gravedad.” El edema generalizado por el aporte de excesiva sal, hacía su obra. “ Esta muerte relativamente tranquila (uno se debilita, luego zozobra en la inconciencia) acabó siendo tenida como envidiable por algunos”.

Los enfermos eran sospechados de holgazanería: “los hospitales eran lugares de eliminación de la población más que de curación”: allí se reducía la ración a la mitad y la falta de higiene propagaba infecciones letales.

El canibalismo se hizo presente. Era una practica aceptada entre los Kmeres rojos: “ En una cárcel se cuenta la extirpación del feto de una embarazad asesinada,. El feto se tira, y el resto se lo llevan acompañándolo con la siguiente reflexión, ”Para esta noche ya tenemos carne suficiente”!.(…) En este recurso a la antropofagia ¿no estamos ante un caso límite de un fenómeno mucho más general: el hundimiento de los valores, de los puntos de referencia morales y culturales, y en primer lugar de la compasión, virtud tan cardinal en el budismo? Paradojas del régimen de los Khmer rojos: afirmó querer crear una sociedad de igualdad, de justicia, de fraternidad, de olvido de uno mismo, y, como los demás poderes comunistas, provocó un frenesí inaudito del egoísmo, del cada uno para sí, de la desigualdad convertida en poder, de la arbitrariedad. Para sobrevivir, en primer lugar y sobre todo, había que saber mentir, robar y permanecer insensible”.

¿Conclusión?

El relato del Libro Negro abarca muchas más experiencias: Corea el Norte, Laos, Vietnam, Cuba, países africanos. En todas se repiten con algunas variantes locales las mismas características de horror. Todas han sido minimizadas, ocultadas, justificadas por los escritores, periodistas y profesores occidentales- desde Sartre, admirador de Mao, hasta Noam Chomsky, explicador del desastre camboyano- explicadas como “ producto de un contexto amenazante”, disculpadas como efecto de la presión “imperialista”. Quedan para el análisis la increíble represión al interior del movimiento comunista, las purgas de militantes polacos o franceses ordenadas por Stalin e implementadas por los dirigentes “leales”, muchos de los cuales eran después ejecutados por supuestas traiciones. Quedan para el análisis la sistemática persecución de anarquistas y socialistas en España, en plena Guerra civil, incluyendo los espurios acuerdos con las tropas “nacionales” para entregar trotskistas al pelotón de fusilamiento. Cuba merece un capitulo aparte, dada su persistente e inacabable represión, ante la mirada cómplice de la Unión Europea y del Papa. Los crímenes de Sendero Luminoso , de las FARC, de los Montoneros y el ERP son otros siniestros capítulos de sangre. No es el propósito dar cuenta de todo ello: para eso conviene leer el Libro Negro del Comunismo y sacarse los velos.
No hay conclusión, porque la pesadilla sigue. Si resulta absurdo suponer que los campos hitleristas siguen en funcionamiento, no es así con los campos comunistas: en Corea del Norte, en Cuba aun se sigue encarcelando por sospechas, aun se prohíbe toda actividad política o periodística. Y aparecen nuevas experiencias represivas, en Venezuela, Ecuador o Bolivia que si bien no son tan inhumanas como las del socialismo del siglo XX. Este nuevo socialismo del siglo XXI pretende olvidar ese horror para inaugurar una nueva forma de opresión. No cabe el optimismo: la “virtud socialista” siempre justifica el terror aplicado en gran escala, siempre hay intelectuales dispuestos a explicarnos las bondades del Gulag.
Todos coinciden con esta frase de Robespierre, el padre del terror revolucionario:

Si la virtud constituye el motor principal del Gobierno popular en tiempos de paz, en época de Revolución se hace necesario recurrir a ésta y al terror. Éste resulta fatal sin la virtud, que a su vez se halla impotente sin él. El terror no es otra cosa que justicia expeditiva, severa e inflexible, y, además emana de la virtud.




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