InicioArteAlucinación - un cuentro propio
Quizás era primero o segundo del mes de enero cuando estaba pasando habitualmente por el muelle de Andalucía a horas nocturnas.Seguía mi estúpida rutina de todos los días y para llegar a mi destino siempre caminaba por ahí.Ese día tan particular se identificó por el hecho de que no había ningún alma y porque un hombre de un aspecto al cual no presté atención me detuvo para preguntarme si podía acudirlo.No soy una persona muy caritativa y sin embargo acepté ayudarlo de muy mala gana, claro.Lo seguí hasta uno de los grandes barcos y descendimos culminando en un camarote donde debía dar una mano para cargar un cofre de un tamaño bastante considerable.



Un instante antes de empezar a levantar el pesado cobre observé bien a este individuo y noté que era un repugnable indio, con lo que inmediatamente solté mis manos de las manijas del cofre y pretendí irme sin dar palabra alguna.El salvaje no reaccionó en lo absoluto, de hecho se quedó agachado, inmóvil en su postura para levantar el objeto y esperando mi ayuda.Todo esto sucedió, para colmo, cuando de repente, subiendo las escaleras para irme dado que no pretendía relacionarme con tal escoria, las puertas del camarote se cerraron.Se cerraron repentinamente en mi rostro, solas, sin viento alguno que las empujase y sin que alguien lo hiciera.Grité y grité, ya que no pensaba dirigirle una sola palabra al indio y también golpee, pero era inútil.Espontáneamente el indio abrió el cofre como si nada sucediera y también como si ya lo hubiese planeado sacó una gran pipa de entre tantas cosas que había.Se dirigió a un rincón tranquilamente, se sentó, prendió su pipa y comenzó a fumar con mucho placer.Dada la situación, lamentablemente me vi obligado a preguntarle por qué hacía eso.El únicamente me ofreció su pipa sin abrir la boca.Pregunté lo mismo una y otra vez sin obtener respuesta.Luego de unos minutos lo amenacé y él persistente, me ofreció su pipa.Ya furioso lo golpee duramente, pero una vez más fue inútil.




No pensaba en aceptar lo que me ofrecía bajo ninguna circunstancia, pero al cabo de tres eternas horas mi paciencia se colmó y tiré todos mis principios por la borda aceptando su ofrecimiento.En cuanto le di una sutil pitada a ese curioso artefacto, la puerta extraña y hasta diría mágicamente se abrió por sorpresa.Como si la llave para escaparme de esa celda estaba en la pipa del indio.Había volteado para notar esto, pero cuando nuevamente volteé para devolverle la pipa al miserable indio, éste no estaba.Ni él, ni el cofre.

Cuando al fin salí y regresé al muelle me di cuenta de que sólo habían pasado no mas de cinco minutos...
Ahora, un mes después, quiero creer que esa extraña experiencia fue solo una alucinación, sin por qué, ni cómo.




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