Eduardo Galeano
Eduardo Hughes Galeano (Montevideo, 3 de septiembre de 1940) es un periodista y escritor uruguayo, una de las personalidades más destacadas de la literatura latinoamericana.
Dejo un par de escritos de este genial escritor uruguayo sobre el Che aparecidos en su libro "Memoria del Fuego III - El Siglo del Viento", Una entrevista que le realizaron para el libro "Querido Che" y por último un video.
Pasen, lean y disfruten.
1957
El Hombrito
El Che
El Hombrito
El Che
En el valle del Hombrito, los rebeldes mandan. Aquí han instalado un horno de pan, una imprenta, que consiste en un viejo mimeógrafo, y un consultorio médico que funciona en un bohío de una sola pieza. El médico es Ernesto Guevara, llamado el Che, que de argentino tiene, además del sobrenombre, ciertas costumbres como el mate y la ironía. Peregrino de América, se incorporó a las fuerzas de Fidel en México. Allí había ido a parar después de la caída de Guatemala y se ganaba la vida como fotógrafo, a peso la foto, y vendiendo estampitas de la Virgen de Guadalupe.
En el consultorio del Hombrito, el Che atiende a una caravana de niños barrigudos, casi enanos, y muchachas viejas, gastadas en pocos años de mucho parir y poco comer, y hombres que son como pellejos secos y vacíos, porque la miseria va convirtiendo a cada cual en su propia momia.
El año pasado, cuando la metralla arrasó a los guerrilleros a poco de llegar, el Che tuvo que elegir entre una caja de balas y una caja de remedios. No podía cargar con las dos, y prefirió la caja de balas. Ahora acaricia su viejo fusil Thompson, que es el único instrumento de cirugía en el que de veras cree.
8 de octubre de 1967
A orillas del río Ñancahuazú
Diecisiete hombres caminan hacia la aniquilación
A orillas del río Ñancahuazú
Diecisiete hombres caminan hacia la aniquilación
El cardenal Maurer llega a Bolivia desde Roma. Trae las bendiciones del Papa y la noticia de que Dios apoya decididamente al general Barrientos contra las guerrillas.
Mientras tanto, acosados por el hambre, abrumados por la geografía, los guerrilleros dan vueltas por los matorrales del río Ñancahuazú. Pocos campesinos hay en estas inmensas soledades; y ni uno, ni uno solo, se ha incorporado a la pequeña tropa del Che Guevara. Sus fuerzas van disminuyendo de emboscada en emboscada. El Che no flaquea, no se deja flaquear, aunque siente que su propio cuerpo es una piedra entre las piedras, pesada piedra que él arrastra avanzando a la cabeza de todos; y tampoco se deja tentar por la idea de salvar al grupo abandonando a los heridos. Por orden del Che, caminan todos al ritmo de los que menos pueden: juntos serán todos salvados o perdidos.
Perdidos. Mil ochocientos soldados, dirigidos por los rangers norteamericanos, les pisan la sombra. El cerco se estrecha más y más. Por fin delatan la ubicación exacta un par de campesinos soplones y los radares electrónicos de la National Security Agency, de los Estados Unidos.
La caída del Che
La metralla le rompe las piernas. Sentado, sigue peleando, hasta que le vuelan el fusil de las manos.
Los soldados disputan a manotazos el reloj, la cantimplora, el cinturón, la pipa. Varios oficiales lo interrogan, uno tras otro. El Che calla y mana sangre. El contralmirante Ugarteche, osado lobo de tierra, jefe de la Marina de un país sin mar, lo insulta y lo amenaza. El Che le escupe la cara.
Desde La Paz, llega la orden de liquidar al prisionero. Una ráfaga lo acribilla. El Che muere de bala, muere a traición, poco antes de cumplir cuarenta años, exactamente a la misma edad a la que murieron, también de bala, también a traición, Zapata y Sandino.
En el pueblito de Higueras, el general Barrientos exhibe su trofeo a los periodistas. El Che yace sobre una pileta de lavar ropa. Después de las balas, lo acribillan los flashes. Esta última cara tiene ojos que acusan y una sonrisa melancólica.
Campanadas por él
¿Ha muerto en 1967, en Bolivia, porque se equivocó de hora y de lugar, de ritmo y de manera? ¿O ha muerto nunca, en ninguna parte, porque no se equivocó en lo que de veras vale para todas las horas y lugares y ritmos y maneras?
Creía que hay que defenderse de las trampas de la codicia, sin bajar jamás la guardia. Cuando era presidente del Banco Nacional de Cuba, firmaba Che los billetes, para burlarse del dinero. Por amor a la gente, despreciaba las cosas. Enfermo está el mundo, creía, donde tener y ser significan lo mismo. No guardó nunca nada para sí, ni pidió nada nunca.
Vivir es darse, creía; y se dio.

Lo que sigue a continuación es una entrevista hecha por Iosu Perales al escritor Eduardo Galeano, publicada en un pequeño libro titulado "Querido Che".
- Podríamos comenzar hablando de la personalidad del Che. El guerrillero de Sierra Maestra, el mito de Bolivia es, tal vez, el más conocido universalmente. Sin embargo, el Che tiene una proyección multilateral que puede resumirse en el factor subjetivo de la revolución. Es decir, revela, en sus escritos, en su comportamiento, el papel del hombre en la transformación de la sociedad, el rescate permanente de la utopía del comunismo...
Lo acusaban de voluntarista porque insistía mucho en el factor humano. Yo creo que eso no es voluntarismo en el sentido burgués, sino simplemente devolverle a la realidad lo que es de la realidad,
porque las concepciones deterministas, mecánicas, de las que Marx es inocente, colocan la libertad fuera del hombre, como ocurría con Plejanov, que en algunas de sus páginas parece reducir la libertad humana a la libertad de la luna que gira alrededor de la tierra. El Che le devuelve a la conciencia el valor protagonista que tiene en la historia humana. Las concepciones economicistas del marxismo traicionan al marxismo y lo reducen a un mero mecanismo de relojería, como si el socialismo fuera posible porque dio la hora y señaló qué tenía que suceder.
Hasta en el asma era integral. Hay que subrayar el hecho histórico que en el Che no había contradicción entre lo que decía y lo que hacía, y eso es lo que no le perdonan los dogmáticos. Desafió el poder y el dinero, y se jugó la vida. Puso en evidencia a los que practican la doble moral. El Che dijo algo así como cuidado con la codicia, cuidado con las trampas de la codicia y, por eso, para burlarse firmaba Che en los billetes de banco, cuando era presidente del Banco Nacional de Cuba. Decía, cuidado con las concesiones que hacen del egoísmo un eje de la revolución y de la vida, porque esas trampas acaban mágicamente, se encierran mágicamente con la revolución social, y sobreviven al capitalismo como una suerte de veneno que puede joder el proceso de construcción de una nueva sociedad.
- Estás hablando de un ser humano excepcional. Pero a veces me pregunto si no hemos terminado por idealizar al Che, por construirnos una imagen divina, que mitificamos, porque nos interesa un nuevo Dios.
Después de su muerte, el sistema se encontró con que el desafío del Che era demasiado peligroso, y entonces intentó el operativo ¿cómo te diría?...de asimilación del Che como artículo de consumo, y echó a circular un Búfalo Bill de izquierda. Entrelazaron al Che con el bang-bang de la violencia, como si su obra y su pensamiento pudieran reducirse a la experiencia militar. Que la izquierda lo haya mitificado no es importante porque es un mito verdad, no un mito mentira que eso sí es peligroso. El Che pudo haberse equivocado en algunas cosas. El fracaso de Bolivia no se explica sólo por la traición de la izquierda boliviana, sino que, creo, se equivocó de tiempo y de lugar. Eligió un lugar vacío, despoblado, donde además, mal que bien había ocurrido una reforma agraria, y la situación no era la que él pensó que era. Allí se produjo un diálogo de sordomudos entre el foco guerrillero y el paisaje, entre lo que se supone que es la chispa que va incendiar la pradera y una pradera que no era propicia para la chispa. El Che estaba con su gente en total soledad. Pero no se equivocó de momento y de lugar en su mensaje esencial, y su mensaje resulta enmascarado por una imagen que en el fondo lo traiciona, o más que traicionarlo lo reduce y amputa a lo esencial, que es un mensaje lanzado a través de los siglos de los hombres y mujeres, y de los que vendrán después. O sea, su mensaje va mucho más allá de su concepción del foco, que puede ser discutido y cuestionado y confrontado con los hechos.
- Quiere decir que lo importante es lo sustantivo, no lo perecedero y coyuntural?
Claro, los hechos terminan por darle la razón. Su concepción de la revolución ampliada, no de la revolución aislada que reduce, que ese fue el drama de la revolución del XVII en la Unión Soviética, es importante. Al desaislarse la revolución, al sentirse complementada, apoyada dentro del continente, se enriquece. Y yo creo que el Che tuvo siempre la preocupación de que Cuba no terminara siendo una suerte de mancha en el mar, de excepción de la regla. Desgraciadamente no vivió para constatar la realidad Nicaragüense, porque es una suerte de confirmación de que Cuba no está sola. Desde 1979 para acá la propia revolución cubana que tan decisiva fue para el triunfo de la revolución sandinista, resulta en cierto modo alimentada por la experiencia de Nicaragua. Por eso dicen bien los nicaragüenses que no se trata de hacer otra Cuba, sino otra Nicaragua. Pero su experiencia que no es calcada, que no es copiada, influye sobre la cubana y viceversa, en un diálogo necesario, y los diálogos que uno sostiene con el espejo o con la pared no son de verdad. Lo que es de lamentar es que el Che no lo hubiera visto con sus propios ojos, sentir los nuevos latidos de América Latina.
- Me parece sugerente la idea de los espejos, en el sentido de que uno solo no basta. No creo que el continente del Che fuera, de todos modos, una estrategia monolítica para América Latina.
La historia de latinoamérica es una historia loca, y su realidad es múltiple y compleja, de modo que hacen falta muchos espejos para contemplar un rostro del resto, el rostro del rostro. Y por eso los esquemas de América Latina terminan, tarde o temprano, por naufragar, porque se estrellan contra los acantilados de la realidad. El Che no se equivocó cuando señaló que un cambio sin profundidad no sirve, y los cambios profundos gritan una necesaria violencia, pero también dijo que no hay que confundirse, que la lucha armada para cristalizarse requiere de ciertas condiciones, que cuando hay espacios políticos abiertos hay que tener cuidado en meter la pata, o sea muchas meteduras de pata se han dado invocando al Che, contra su consejo y no a favor de las posiciones que mantuvo.
- Me ha impactado siempre esa idea del Che de que el revolucionario debe estar movido por sentimientos de amor. Cuando hace falta acumular tanto odio para decir ¡ya basta!, ¿cómo es posible esa armonía de amor y odio?
Yo creo que el amor y el odio van pegados, quien ama la libertad odia lo contrario, cualquier amor que no implique odio es medio sospechoso. Esa idea del Che no es para nada puritana. La realidad de la vida no es la realidad de la moral hipócrita.
- ¿El Che vive?
Mira, en una tierra como Latinoamérica que está gravemente enferma de impotencia, o sea, donde en nombre del realismo se predica siempre la resignación, y esperar y esperar, y la esperanza se cansa de esperar, el Che es un impaciente, un hombre de esperanza y por eso es un profeta, una especie de Issaías de América Latina, un anunciador de otros tiempos. Tal vez habría que decir que nosotros también tendremos la paciencia para esperar al Che, el regreso del Che. Claro, él resucita en cada uno que cree en lo que él creyó, y resucita en los grandes movimientos populares de liberación en estas tierras que no fueron condenadas por ningún Dios a la desgracia que soportan.

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