Nota del autor del post: Como posiblemente no se vivía desde la guerra civil, miles de españoles padecen en estos días las consecuencias de la grave crisis social y económica que sacude al país.
Víctimas inocentes de un proceso en el que no han tenido ninguna participación activa, la cuarta parte de la población en situación de trabajar se halla en paro desde hace varios años y en forma creciente, ya que mientras por un lado cada día se destruyen centenares de empleos las estadísticas "acomodadas" no reconocen a cantidad de jóvenes que simultáneamente llegan a la edad de trabajar y de personas de todas las edades, especialmente mujeres, que se ven compelidas a buscar trabajo al padecer el entorno en el que se desarrollaban las consecuencias de la falta de fuentes laborales.
El seguiente es, parcialmente, el "Informe de Situación" publicado por la Cruz Roja de España. un organismo que, va de suyo, carece de todo signo partidista y cuya imparcialidad es irreprochable y de publicaciones periodísticas linkeadas para su comprobación.
Puede verse aquí: LINK la primera parte de estos informes sobre la situación en España
Pobreza en España y exclusión Social
La sociedad actual se encuentra inmersa en una complicada estructura política, social y económica que no es capaz, al menos por el momento, de evitar que millones de personas se encuentren en situación de pobreza y en riesgo de exclusión social.
En España la pobreza ha aumentado y se ha hecho crónica sde tal modo que registra un umbral superior a la media europea (Un 20% frente al 16% de la UE).
Éste es un hecho sobre el que cada vez más las organizaciones humanitarias como Cruz Roja Española inciden a través de su difusión latente, denuncia y actuación focalizada.
Con la crisis que sacude España, el nuevo perfil de pobre y solicitante de ayuda se ha visto modificado, tiende ahora a ser más joven, de situación anterior “normalizada” y procedente de un contexto socioeconómico seguro. La mayoría acude para pedir la atención básica de emergencia: comida, ropa, pañales y pago de suministros como luz y agua.
Vehículos de voluntarios de la Cruz Roja de españa entregan alimentos en uno de los Centros Sociales de Distribución habilitados en todo el país.
Tras el análisis de la situación de estas personas se ha detectado un incremento del endeudamiento, de las situaciones de explotación laboral, de la economía sumergida, del riesgo de desestructuración de las familias y la falta de capacidad de los servicios sociales.
Para combatir estos niveles de pobreza y exclusión además del mencionado estudio anterior, es necesario desarrollar una intervención integral de carácter socio-comunitario en los territorios caracterizados por la presencia de minorías étnicas, aislamiento físico y sociocultural, infraviviendas, analfabetismo y bajo nivel cultural, absentismo escolar, déficit en la salud y en hábitos higiénico-sanitarios, tasa elevada de parados de larga duración, carencia de expectativas laborales y de promoción social, entorno familiar conflictivo y carencial, menores en conflicto social, escasa participación social de la población y elevado nivel de dependencia de los servicios sociales... Cruz Roja Española mantiene una presencia activa en estas zonas en base a una serie de variables determinantes que interactúan en los procesos de exclusión, teniendo como referente para la intervención a la población, las características del territorio y la participación de los beneficiarios y el voluntariado social.
A pesar de que España tiene un tasa superior de pobreza que la media de la UE el gasto social es inferior, esto sumado ahora a los recortes presupuestarios, condicionan negativamente el futuro inmediato de millones de
familias.
Fuente de este informe: http://www.socioscruzroja.es/pobreza.aspx?idac=6
Cruz Roja pide donaciones ante la avalancha de necesitados por la crisis
La organización estima que atenderá a 37.500 nuevas usuarios este año y en 2013
Alimentos, donaciones en especie, ayuda económica o sencillamente más voluntarios. La avalancha de nuevos necesitados y de mayor apoyo es tal que Cruz Roja está realizando su primer llamamiento dentro de nuestras fronteras ante las graves consecuencias de la crisis. En la Comunidad Valenciana, la organización estima que en lo que queda de año y en 2013 podrá ayudar a 37.500 nuevas personas.
Son colectivos reacios a pedir ayuda o bien porque no se han visto nunca en una situación de necesidad como la que viven y, por tanto, no saben dónde acudir o porque les da vergüenza o tienen miedo a perder la tutela de un menor, según explicó ayer en rueda de prensa el presidente de Cruz Roja en Alicante, Emilio Bascuñana. Entre los nuevos colectivos con mayor vulnerabilidad están los parados de larga duración, las familias con todos en paro o los ancianos que ahora tienen a su cargo a hijos e incluso a nietos. La situación es “dura y dramática”, enfatizó Bascuñana.
Deberes bajo la farola
El termómetro que mejor mide la secuela de la crisis es el Servicio de Primera Acogida (Seprac) que Cruz Roja de Alicante habilitó en octubre de 2010, que ha pasado de atender unos 20 casos diarios a más de 70 en la actualidad, “aunque hay días que superamos los 120”, precisa Antonio Bonal, voluntario coordinador del departamento. Bonal asegura que “es habitual ver a familias de clase media para solicitar alimentos, ayuda para pagar la luz o el agua o asesoramiento contra desahucios”. “Algunas han regresado a casa de los abuelos. Uno de ellos nos relataba que sus nietos tenían que hacer los deberes a la luz de las farolas”, explica.
La familia de Ana Isabel, de 31 años, y su marido de 37 y sus cuatro hijos menores, es un paradigma de los nuevos necesitados: “Tras dos años de paro de mi marido, ni teníamos para comer ni para el alquiler. Hace un mes fui a Cruz Roja a pedir comida y asesoramiento contra el desahucio”, dice la mujer.
Fuente de esta noticia: http://ccaa.elpais.com/ccaa/2012/06/06/valencia/1339009377_848047.html
ONG atropelladas por la crisis
Los colectivos que reparten comida entre los necesitados se ven desbordados por la demanda de alimentos básicos y la falta de ayudas públicas
Reparto de alimentos de la ONG Equus Zebra de A Coruña. / GABRIEL TIZÓN
Una fila muy larga de usuarios torturados por la crisis en la puerta de una asociación modesta, con medios humanos escasos y recursos económicos cada vez más flacos. Esta es la foto final de la asociación Gondwana, la entidad sin ánimo de lucro que más cantidad de alimentos repartía entre los más desfavorecidos de Santiago y de los municipios de la comarca, 56.000 kilos en la última campaña. En la que empieza el próximo mes ya no participará, porque no ha conseguido presentar a tiempo la lista de beneficiarios —unos 1.400— de un servicio que ofrecía desde hace nueve años y que terminó absorbiendo al resto y dejando el colectivo paralizado. “Al principio solo atendíamos a inmigrantes, pero al pasar el tiempo fue llegando gente española con muy pocos recursos o sin trabajo. Solo el 30% de la gente a la que estábamos atendiendo era extranjera”, explica Alexandra Soto, la presidenta de este colectivo creado en 2006 por inmigrantes colombianos, ecuatorianos y uruguayos que asumió la insospechada tarea de repartir comida entre los locales.
Sin ayudas públicas y con una carga de trabajo ingente, Gondwana debe un año de alquiler de un local —de 400 euros al mes—en el que almacenaba la comida procedente de Cruz Vermella y del Banco de Alimentos Rías Altas, que tiene dos sedes, una en A Coruña y otra en Santiago, y que a su vez recibe los excedentes de comida de la Unión Europea, a través del Fondo Español de Garantía Agraria (FEGA). La asociación recogía los alimentos en A Coruña, así que a la factura anterior sumaba la del transporte. “Al tener tal cantidad de comida nos era imposible meterla en el piso que usábamos para reunirnos, porque se nos vendría abajo. Yo misma hablé con todas las concejalas de asuntos sociales habidas y por haber para ver si nos podían ceder un local en el que almacenar los alimentos, pero a la hora de la verdad nos dieron con la puerta en las narices”, se queja Soto. Como la mayoría de los voluntarios de la asociación, tiene un trabajo que le ocupa la mayor parte del día, y así es difícil hacer frente a la avalancha de demandantes.
Los exiguos ingresos de los hogares se reproducen en ONG y otras entidades sin ánimo de lucro que se encargan de la distribución de productos básicos, especialmente en los colectivos más débiles, obligados a adaptarse a marchas forzadas a una crisis de dimensiones desproporcionadas. “Todos los días hago paquetes de emergencia, esto es casi como multiplicar panes y peces”, añade Hortensia González, la presidenta de la Asociación Afan de Freixeiro, de Vigo, una entidad con más de 30 años a sus espaldas en el reparto de víveres. Este año, y pesar de que mantiene convenios con el Ayuntamiento y de la Diputación de Pontevedra, todavía no ha recibido ninguna subvención que le suavice la constante llegada de nuevos solicitantes, una cifra “que no baja de diez personas por semana”. El colectivo Afán recibe una parte de los alimentos que distribuye del Banco de Alimentos de Vigo y el resto lo consigue a partir de donaciones privadas, que reparte en bolsas de entre 15 y 20 kilos cada ocho o 15 días.
“Las administraciones colaboran muy poco y muy tarde, y nosotros no tenemos más patrimonio que nuestro trabajo. Les estamos sacando los problemas de la calle”, continúa González, que en el día a día se vale de tres personas más para mitigar la apretada situación de los hogares vigueses, “los que están en peor situación de toda Galicia”. Los usuarios finales del Banco de Alimentos de Vigo —estas entidades funcionan siempre como intermediarios, por norma no reparten a particulares, sino a ONG y asociaciones, entre ellas las sedes parroquiales de Cáritas— pasaron de 14.000 a 20.000 desde 2011. Su presidente, Pedro Pereira, que acaba de recibir la llamada de una empresa que importa bananas de Ecuador, asegura que en el último año las donaciones han aumentado “una barbaridad”.
“Tratamos de que el reparto sea lo más justo y transparente posible”, recalca José Pita, responsable de la sede compostelana del Banco de Alimento Rías Altas, que distribuye comida entre unas 500 entidades de la provincia de A Coruña. Sobre el caso de Gondwana, precisa que es imprescindible que las entidades informen “de a cuánta gente atienden, a cuántos niños y a cuántos ancianos”.
Un modelo más exitoso, y más resistente a la sequía de ayudas, es el del economato social de la ONG coruñesa Equus Zebra, que ofrece alimentos diariamente a cerca de 200 personas y acepta pagos “de entre 50 céntimos y un euro”. Entre donaciones y contribuciones de los usuarios, “el sistema se financia por sí mismo”, defiende su presidente, Víctor Omgba, que explica que “la caridad no funciona bien porque provoca cierto sentido de culpa”.
Fuente de esta noticia: http://ccaa.elpais.com/ccaa/2012/05/25/galicia/1337975883_526890.html