"La Misa es aburrida". "No obtengo nada de la Misa: ¿Por qué debo ir?" "¿Por qué no puedo rezar solo?" Estas son preguntas comunes, especialmente entre los jóvenes y también entre muchos adultos. El gran Obispo Fulton J. Sheen, cuando dirigía un retiro para adolescentes, una vez dio una charla sobre el significado de la Misa. Dijo que "si no obtienes nada de la vida, es porque no vienes a ella con las verdaderas expectativas". La Misa no es entretenimiento, añadió. Es el culto a Dios que nos creó y que nos salvó. Es una oportunidad para alabar a Dios y agradecerle por todo lo que ha hecho por nosotros. Si se entiende correctamente la Misa, dijo el Obispo Sheen, tendrá más significado para nosotros. Vamos a querer ir a Misa. Entenderemos por qué la Misa es el don precioso de Dios para nosotros y no pensaremos en rechazarlo. Aquí hay razones para ir a Misa: El mandato de la Iglesia: La Iglesia enseña que tenemos que cumplir el mandato de Jesús ("Hagan esto en memoria mía" yendo a Misa el domingo (o en la víspera la noche anterior). El Catecismo de la Iglesia Católica (1994, num. 2180 y 2181) explica que ir a Misa el domingo o los días de guardar constituye uno de los seis mandamientos de la Iglesia. Estos Mandamientos de la Iglesia también exigen recibir la Comunión al menos una vez al año en Pascua, confesarse de todo pecado mortal como preparación para la Comunión y observar, cuando así esté prescrito, los días de ayuno y abstinencia. Estos mandamientos se refieren a las responsabilidades mínimas de un católico. No cumplirlas por nuestra irresponsabilidad, enseña la Iglesia, constituye un pecado grave.La Iglesia habla con la autoridad de Jesús. ¿Por qué debemos obedecer estas enseñanzas de la Iglesia? ¿De dónde recibió la Iglesia esta autoridad? De Jesús. En Mateo 16:18-19, Jesús hizo a Pedro la cabeza de su Iglesia: el primer Papa. Les dio a Pedro y a la Iglesia "las llaves para el reino de los cielos". Te digo a ti: tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Te daré las llaves del reino de los cielos. Lo que ates aquí en la tierra quedará atado en el cielo y lo que desates en la tierra, también será desatado en el cielo. La autoridad de la Iglesia en fe y moral es absoluta porque la autoridad de Cristo es absoluta. Lo que hacemos en Misa Antes que nada la Misa es un sacrificio – el sacrificio perfecto, creado por Jesús. A través del sacerdote ofrecemos a Jesús, en cuerpo y sangre, al Padre, así como Jesús se ofreció a sí mismo al Padre en la Cruz. De forma incruenta repetimos – hacemos presente – la muerte de Cristo y la Resurrección. A través de este memorial de Jesús, ofrecemos a Dios nuestra alabanza, nuestro dolor por los pecados y nuestro profundo agradecimiento. La Misa también es una comida. En la consagración, el pan y el vino, por medio del poder del Espíritu Santo, se convierte en el cuerpo y la sangre de Cristo. No es un mero símbolo, sino que es la verdadera carne y la verdadera sangre de Jesús bajo la apariencia de y vino. Cuando recibimos la Santa Comunión, recibimos al mismo Jesús. Él es la verdadera comida para nuestra alma. Él dijo esto muy claramente: Les digo, a menos que coman la carne del Hijo del Hombre y beban su sangre, no tendrán vida. Quien coma mi carne y beba mi sangre tendrá vida eterna y lo resucitaré en el día final. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. Quien coma mi carne y beba mi sangre permanece en mí y yo en él (Juan 6:55-56) ¿Cuáles son los beneficios de la Santa Comunión? Fortalece nuestra unión con Jesús. Él vive en nosotros de manera especial y nos limpia de los pecados veniales (los pecadores mortales requieren el perdón en la confesión). Nos da la gracia para evitar el pecado en el futuro y aumenta nuestro amor por Dios y por el prójimo.¿Por qué tengo que alabar con otras personas? Dios nos hizo seres sociales. Él quiere que estemos juntos en comunidad para alabarlo. Jesús dijo: "donde dos o más estén reunidos en mi nombre, allí estaré" (Mateo 18:20). ¿Cuáles son las consecuencias para otros si dejamos de ir a Misa? James Stenson lo explica: Nuestros ancestros sufrieron persecución, incluso la muerte, para poder participar de la Misa. Cuando tengas hijos algún día, ellos necesitarán la gracia y la fortaleza que se obtiene en la Misa. Si dejas de darles esta enseñanza por tu propia indiferencia, les harás la más grave injusticia a ellos y a Dios. Tienes el poder de liquidar, en una generación, la fe que ha sostenido a tu familia, por generaciones. Esta es una responsabilidad enorme y tendrás que responder a Dios por ella. Los beneficios de la Misa Si le damos a Dios la oportunidad, nos ayudará a experimentar los tremendos beneficios de la Misa y de la Eucaristía. James Stenson escribe: Sé paciente. Anda a Misa en actitud de oración y agradecimiento, y podrás obtener grandes dones espirituales: consuelo, confianza, paz, felicidad profunda y la fuerza espiritual para afrontar los desafíos de la vida. ¿Por qué el domingo y no cualquier otro día? Desde la Creación, por el relato del Génesis, sabemos que Dios quiso instituir un día dedicado a Él: "Y el séptimo día descansó." Este es el origen del sabath judío. Como Jesucristo resucitó un domingo, los primeros cristianos cambiaron el sabath al primer día de la semana, el domingo, dedicándolo plenamente a Dios. En los Hechos de los Apóstoles podemos leer que el origen de la misa los domingos se remonta a los primeros tiempos de la Iglesia, en donde los apóstoles y los primeros discípulos se reunían el primer día de la semana, recordando la Resurrección de Cristo, para estudiar las Escrituras y compartir el pan de la Eucaristía. Por esta razón, la Iglesia nos pide que asistamos a misa los domingos como recordatorio de que debemos dedicarle todo ese día a Dios. Además, asistir a misa nos trae grandes beneficios, pues es la celebración dentro de la cual se lleva a cabo el sacramento de la Eucaristía y es el medio de santificación más perfecto, pues en él conocemos a Dios y nos unimos a Jesucristo y a toda la Iglesia en su labor santificadora. Durante la misa nosotros participamos estrechamente en la vida y misterio de Jesucristo, por Él, con Él y en Él, ofreciendo nuestras obras, ofreciéndonos nosotros mismos, pidiendo perdón por nuestros pecados y, con esto, alcanzamos gracias para toda la Iglesia, reparamos las ofensas de otros y rendimos una alabanza de valor infinito porque lo hacemos por medio de Jesucristo. No asistir a misa es perdernos de todos estos beneficios. Si en la Santa Misa se revive cada vez, en forma actual e incruenta el sacrificio de la cruz donde Jesucristo, por amor, murió por todos nosotros. Entonces, ¿por qué se hace una ley de algo que debería ser una respuesta de amor? Para ayudarnos a cumplir nuestros deberes con Cristo y a beneficiarnos de los dones que Él nos entregó, ya que hay situaciones en que recordar que es una obligación, nos da más fuerza para cumplir con ese acto de amor. La obligación grave de ir a Misa nos moverá con una fuerza que quizás no nos daría la propia espontaneidad.
Porque ir a misa todos los domingos
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