Acércate despacio a mis dominios;
que tus dedos tanteen el espacio
ciegamente, la oscuridad que envuelve
mi cuerpo; que construyan un camino
y lleguen hasta mí a través del velo
espeso y taciturno de las sombras.
Sálvame con la luz que hay en tus dedos
si me tocan, conjura la desidia,
enciéndeme o abrásame en el tacto
esplendoroso y claro de tus manos.
Como las mariposas de la noche,
hacia la llama iré que tú convocas,
que prefiero quemarme a estar a oscuras.
Hoy en día, en la era de la comunicación, parece que se haya olvidado una forma primaria de la misma: el contacto físico.
De hecho si nos tocamos es por obligación, y si alguien nos “roza”, en un transporte público nos apartamos rápidamente y nos desagrada.
Además el estrés y la rapidez es el pan de cada día. A veces si nos golpeamos andando, no nos importa, ni tan siquiera nos fijamos si ha sido con otro ser vivo o algo inerte. Llegamos a casa y resulta que tenemos un nuevo cardenal o algún enganchón en la ropa.
-Comida rápida
-Cocina rápida
-Guía rápida de lo que sea…
-Que pierdo el autobús
-Beso rápido antes de irte (sin casi rozar los labios o la mejilla de la otra persona)
Parece que no nos importe cómo pasa la vida.
Nuestra sociedad inhibe las expresiones de amor y, como resultado, la acción de tocar.
El contacto físico, no es sólo una necesidad biológica, sino una herramienta de comunicación; es un lenguaje que puede comunicar más amor en cinco segundos que los mejores palabras en cinco minutos.
El sentido del tacto es aquel que permite a los organismos percibir cualidades de los objetos y medios como la presión, temperatura, aspereza o suavidad, dureza, etc. En el ser humano se considera uno de los cinco sentidos básicos.
El sentido del tacto se halla principalmente en la piel, órgano en el que se encuentran diferentes clases de receptores nerviosos que se encargan de transformar los distintos tipos de estímulos del exterior en información susceptible de ser interpretada por el cerebro.
Este sentido es tan extenso y complejo que el organismo cuenta con cuatro millones de receptores para percibir el dolor, 500 mil para sentir la presión, 150 mil para la percepción del frío y 16 mil para el calor.
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El sentido del tacto nos permite apreciar las sensaciones externas de frío, calor, presión, textura, vibración, cosquilleo, así como el peso que sostenemos, la fuerza que nuestros músculos ejercen, etc.
Desde la vida intrauterina el feto es capaz de responder a estímulos táctiles como chuparse el dedo.
El sentido del tacto es sumamente importante para todo ser humano. El sentido del tacto nos permite disfrutar de una caricia, los cálidos rayos del sol, el fresco viento, y un sin fin de sensaciones agradables. Y nos protege contra sensaciones que nos pueden causar daño o dolor, denominados nociceptores.
El sentido del tacto es tan sensible que, aún teniendo los ojos cerrados, podemos identificar objetos, texturas, temperaturas, etc.
De los cinco sentidos tradicionales, el tacto es en realidad el único sin el cual no podríamos vivir. Imaginemos por ejemplo, que no sentimos la cuchara que sujetamos para comer, la silla en que nos sentamos, la cama donde nos tendemos o el suelo que estamos pisando. El tacto es el sentido que nos mantiene en constante contacto con la realidad, puesto que mientras la vista depende de los ojos, el oído de los órganos auditivos, el olfato de la nariz y el gusto de la lengua, el tacto, en cambio, se extiende por toda nuestra piel.
A través de la piel, recibimos sensaciones de presión, frío, calor, etc. Curiosamente, la parte más sensible de nuestro cuerpo es la punta de la lengua. Si hacemos la prueba, veremos que incluso es capaz de captar con más precisión los puntos del Sistema Braille, que la propia punta de los dedos. Todos tenemos la prueba de que el tacto se utiliza como medio de obtener información ya desde muy temprana edad, si recordamos que los niños muy pequeños suelen "explorar" los objetos llevándoselos a la boca.
Después de la punta de la lengua, la zona de mayor sensibilidad es la punta de los dedos
A falta de contacto físico las personas se deprimen y se tornan irritables. Según ciertos estudios, en ambientes familiares en los que padres e hijos se prodigan ese contacto crecen más sanos y resisten mejor el dolor y la enfermedad que los niños desprovistos de él: duermen mejor, son más sociables y, en general, son más felices.
La necesidad de contacto físico no es exclusivo de la infancia también la sentimos los adultos, como muestra de cariño, seguridad y calor. Tal vez fuera posible evitar muchas enfermedades físicas y psíquicas con algo tan simple como dedicar unos minutos cada día a dar y recibir un pequeño masaje.
Quiero hacer el amor con tacto:
Quiero que nos toquemos con la mirada
Quiero que nos toquemos con los destellos del corazón
Que nos toquemos con el deseo
Que tu deseo toque el mío
Que mi deseo toque el tuyo
Que nos toquemos con la piel
Que nos toquemos con el pensamiento
Que nuestras desinhibiciones toquen nuestras inhibiciones
Que mi ser toque todo el tuyo
Que tu ser toque todo el mío
Así quiero que hagamos el amor: con tacto…
Investigadores de IBM que han tomado datos de más de 30.000 puntos del cuerpo de la mujer y del hombre, en donde, según las consultas realizadas, desean ser tocados
Fuentes
Fuente 5