Uno de los mitos sobre los cuales se ha construido el nacionalismo chileno gracias a una tendenciosa historiografía emprendida por la decimonónica predica de un Diego Barros Arana (Historia General de la Independencia de Chile 4t.) y Francisco Antonio Encina (Historia de Chile 20t.) y que hoy se atreve a sostener un Sergio Villalobos (Chile y Perú, la historia que nos une y nos separa) es la llamada “Expedición Libertadora” que partiera de Chile hacia el Perú llevando al Ejercito Unido Libertador sobre las “cuatro tablas” de la Armada de Chile que, con bandera chilena, emprendía la liberación del Perú como una “empresa nacional” y supremo gesto americanista, ante la faz del mundo, corriendo con los gastos y empeñando la sangre sus hijos en aquella gesta americana con sendos extranjeros como directores: Don José de San Martin, el general argentino que sellara su independencia al mando del ejército y Thomas Cochrane, el corsario inglés contratado para dirigir la escuadra. De esta forma, según la historiografía nacionalista de Chile, pasaba esta joven república de “esclavo a libertador” como dijera Vicuña Mackenna.
Son tres los mitos- arquetipos históricos por los cuales Chile pretende cimentar su nacionalismo en tres empresas exteriores que tuvieron las tres, como derrotero, cima y destino el Perú:
1. La Expedición Libertadora.- Con la cual Chile, según este mito, le “regalara” la Independencia al Perú como disparatadamente sostiene Sergio Villalobos.
2. La Guerra contra la Confederación.- en la que Chile cimenta su política exterior posicionándose, gracias a la política de Portales como una nación madura.
3. La Guerra del Pacifico.- Victoria con la cual Chile consagra definitivamente su posición dentro del ámbito internacional como potencia sudamericana emergente.
Con ellas Chile se sacude de la dependencia que hasta entonces al Perú la sometía y, de paso, consagraba la liberación del complejo de inferioridad que la antaño Capitanía había guardado con respecto al Virreinato del Perú que el “Desastre de Rancagua” había cimentado ahogando en sangre el intento chileno de emancipación con el fracaso de Carrera y O’Higgins que tuvieron que refugiarse en Argentina.
Esta tesis guerrerista y nacionalista con esos tres pilares choca definitivamente con los nuevos estudios históricos planteados por los propios historiadores de Chile.
Entre ellos el brillante estudio de Ana María Stuven (Pontificia Universidad Católica de Chile) llamado “La Expedición Libertadora del Perú ¿Americanismo o Nacionalismo?” se dirige a abordar el papel que la “Expedición Libertadora” tomó en la gestación tanto de la republica peruana como de la chilena siendo ambas inexistentes en ese momento histórico.
Especialmente la historiografía del siglo XIX ha interpretado la gestión que planificaron San Martín y el Director Supremo chileno, Bernardo O´Higgins como un esfuerzo mancomunado por asegurar el fin de las guerras de la Independencia…
En ese contexto, no nos parece suficiente la interpretación complaciente y acrítica que exalta tan solo el espíritu idealista y americanista de ambos generales. Tampoco aquella que surgió posteriormente en clave nacionalista, para reforzar el rol protagónico chileno. (Stuven)
Ana María Stuven demuestra en su luminoso ensayo que el motivo y razón de la “Expedición Libertadora” no estaba en la liberación del Perú sino en la de Chile descargándose a sí misma del peso oneroso que el mantenimiento del ejercito acantonado en Chile y la misma escuadra le ocasionaba. El exhausto erario chileno tenia que soportar por añadidura el bloqueo que la escuadra de Cochrane había impuesto al Perú y que cortaba el vital comercio entre ambas. O`Higgins trataba a su vez de cimentar su autoridad política que solo el triunfo de las armas del ejercito unido había consagrado ante la clase política dirigente chilena, que no era militar. O`Higgins se transformó entonces en vocero de la misma tratando de que fuera el Perú y no Chile quien cargara con aquellos insoportables gastos, transmitiéndole a Cochrane además que el papel de la escuadra no solo era eliminar la amenaza realista del pacifico sur para asegurar la libertad chilena sino que, por añadidura, obtuviera algún botín para Chile cosa que Cochrane obtuvo poco después con el robo de 400,000 pesos de los caudales peruanos. Eso explica además la algarabía de Chile a su retorno que lo colmó de honores a pesar de su poco honorable actitud.
Don José de San Martin por José Gil de Castro
Ningún o muy poco sentimiento americanista albergaba esta empresa a la que Stuven examina minuciosamente poniendo énfasis en las quejas de San Martín a Pueyrredón con respecto a la inoperancia del gobierno de Chile a emprender la esperada expedición y la molestia que a su vez le motivara la contratación de Cochrane al cual se le colmaba, según él, de excesivos halagos. San Martin no tuvo reparos en desacreditar al propio O`Higgins y su gobierno:
Este gobierno, en su conducta publica, manifiesta una bancarrota total, su administración es odiosa y aborrecida por todos estos habitantes, la apatía, el desgreño, la desconfianza tanto de él, como de sus habitantes con respecto al ejército de los Andes es demasiado marcada.
San Martín a Pueyrredón - 12 de Enero de 1819
Solo las pugnas internas de las Provincias Unidas obligaron a San Martin a cambiar de discurso con respecto al gobierno chileno, dada la imposibilidad de mayores refuerzos argentinos y que encima le fuera solicitada la devolución de aquellas tropas de mayoría chilena y sobre la cual tenia escaso ascendiente como demostraría su campaña en el Perú donde no empeñó combate alguno dudando siempre de la fidelidad de aquellas.
Stuven demuestra que no existían entonces ejércitos nacionales. No hubo en aquella expedición una alianza entre un ejercito argentino y uno chileno sino la empresa mancomunada de dos caudillos criollos motivados por su criollismo liberal.
La Logia Lautaro, convertida en mano invisible, barajaba los naipes del poder dejando siempre una carta oculta para ambos jugadores.
Bernardo O'Higgins por José Gil de Castro
En ese ínterin la posición política de O`Higgins se había hecho precaria después de los asesinatos de los Carrera y Manuel Rodríguez, del fracaso de la conquista de Chiloé y la molestia de la clase dirigente sobre la posición autoritaria de O´Higgins consagrada por la Constitución de 1818… en medio de todo aquel desorden político a Stuven le parece descabellada la empresa americanista de la expedición libertadora en momentos tan difíciles para Chile cuando una fuerza realista se hallaba al sur del país cuyos efectivos engrosaban los descontentos. O`Higgins, obligado por las circunstancias había tenido que solicitar al senado el envío de la expedición ya que aliviaría “al pueblo de Chile de los ingentes gastos que ha tenido que sufrir” al mismo tiempo le manifestaba a San Martin la imposibilidad de seguir aportando a la empresa ante la carencia absoluta de fondos y que eran impensables mayores contribuciones.
San Martin consideraba que tanto los fondos como los efectivos eran insuficientes y vuelve a desprestigiar al gobierno chileno en carta a Thomas Guido:
… la conducta de este gobierno esta manifiestamente clara de que su objeto es, no solo que no se verifique la expedición proyectada, sino la de desprenderse del ejército de los Andes, poniéndonos en un estado de desesperación tal que tengamos que pasar la cordillera, o comprometernos a disgustos de mayor trascendencia
12 de Enero 1819
Solo el desacato de San Martin de devolver el ejercito a las Provincias Unidas hizo que cambiara su tenor hacia Chile mientras O`Higgins continuaba fiel a la empresa por razones políticas y económicas: "O`Higgins se encontró en la encrucijada de arriesgar la estabilidad interna a cambio de responder a los temores de la clase dirigente sobre la incapacidad del país de asumir los costos de la paz"(Stuven)
El cuestionamiento se agudiza con el desacato de San Martin al senado de Chile el que le prohibió asumir cualquier cargo de orden político; que el argentino incumple escandalosamente al asumir el protectorado peruano. Ante la injustificable actitud de San Martín, justificado sin embargo por el mismo O`Higgins quien incomprensiblemente no le diera a San Martin estas directivas de manera oficial, Stuve se pregunta: “¿Fue ingenuo o astuto al dar ese cheque en blanco a San Martín para obtener gloria lejos de Chile? ¿Qué significaba la comunicación del ministro Miguel Zañartu cuando en septiembre de 1820 escribió a Joaquín Echeverría, ministro de gobierno: “Echen ustedes por Dios el ejercito fuera, para que viva a costa de otro país?"[s/color]
Con ello se demuestra que la motivación principal para armar y empeñar la expedición libertadora no era libertar al Perú en aras de la mística americana sino librarse de los enormes gastos que acarreaba un ejercito sedentario en el centro y otro en campaña en el sur. Ello se ve corroborado con el testimonio de O`Higginis que refiriera a su amigo Joaquín Vicuña:
Con ello se demuestra que la motivación principal para armar y empeñar la expedición libertadora no era libertar al Perú en aras de la mística americana sino librarse de los enormes gastos que acarreaba un ejercito sedentario en el centro y otro en campaña en el sur.Ello se ve corroborado con el testimonio de O`Higginis que refiriera a su amigo Joaquín Vicuña:
Algún día me harán justicia los chilenos, no reconociendo en mi los servicios prestados a la Independencia, sino el que he practicado liberando a Chile de esta fuerza que tres años nos ha subyugado a todos.
Se refiere, sin duda, al ejército rioplatense y la tensa situación entre los caudillos, relación que los historiadores chilenos escamotean abrillantando el barniz de supuesta amistad mutua cuando en realidad la desconfianza, la precariedad de sus situaciones políticas y el resquemor por la situación política y económica de ambas nacientes republicas habían signado la necesidad de trasladar el problema al Perú se le libertara o no.
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