Existen cuatro causas posibles que explican el ascenso del nazismo al poder en alemán en 1933.
1. El poder carismático de Adolf Hitler
El movimiento nazi comenzó en Munich el 9 de enero de 1919, con la fundación del Partido Obrero Alemán por el mecánico ferroviario Anton Drexler, era un movimiento de extrema derecha. Pretendía ganarse a las masas trabajadoras para el nacionalismo extremo mediante la combinación de anticapitalismo, pangermanismo y antisemitismo, conceptos que venían sugeridos por los términos “nacional” y “socialista”.
Hitler ingresó al partido el 12 de septiembre de 1919. Estaba convencido de que todos los alemanes debían unirse en un solo Estado-nación basado en la raza. Gracias a su capacidad oratoria, pronto comenzó a desempeñar un papel cada vez más importante en el partido, en agosto de 1921 se convirtió en su máximo dirigente. Su oratoria fue el principal motivo del crecimiento del partido, hasta superar los 50.000 afiliados en 1923.
Fue la voluntad de Hitler la que empujó al partido hacia la acción violenta durante la crisis política de la República en 1923, cuando Francia ocupó el Ruhr y la rebelión comunista parecía planear sobre Sajonia y Turingia. Su intento de tomar el poder en Baviera y utilizarlo como trampolín para organizar un golpe nacionalista contra el gobierno de Berlín fue un fracaso. La policía y el ejército se negaron a apoyar el putsch y la marcha de Hitler fue dispersada.
Los acontecimientos de 1923 frenaron temporalmente el ascenso del nazismo. El partido fue prohibido y Hitler fue excarcelado.
Hitler aprendió dos lecciones. En primer lugar, abandonó la idea de un golpe de Estado directo y violento por considerarlo peligroso y poco práctico. Insistiría en llegar al poder por medios constitucionales o al menos en aparentar que así era. En segundo lugar, insistió a partir de 1926 en lo que después se denominó “principio de caudillaje”.
De 1926 a 1928, el partido nazi se dedicó preferentemente a unir los diversos grupos dispersos de nacionalistas de extrema derecha bajo la jefatura de Hitler y a establecer una estructura organizativa con secciones especiales para numerosos sectores de la población que resultaron cruciales a la hora de contribuir a su expansión.
En las elecciones para el Reichstag celebradas en 1930, los nazis consiguieron 6,5 millones de votos y 107 escaños, con lo que se convirtieron en el segundo partido del país. En julio de 1932, los nazis eran con diferencia el partido político mayor y más aceptado de Alemania, con el 37% de los votos, 230 escaños en el Reichstag y más de trece millones de votantes. Esta fuerza electoral constituyó la base fundamental de su llegada al poder en 1933. Hitler fue fundamental para el triunfo de los nazis por dos motivos. En primer lugar, su historia y su imagen política ocuparon el lugar más destacado de la amplia y compleja actividad propagandística que el partido desplegó en estos años. En segundo lugar, fue Hitler quien insistió en negarse a entrar en un gobierno de coalición si no era para dirigirlo, por lo que se prolongaron durante varios meses las negociaciones con otros políticos para formar un gabinete con participación de los nazis. El 30 de enero de 1933 Hitler fue nombrado canciller de un gobierno en el que los nacionalistas conservadores disponían de la mayor parte de las carteras ministeriales.
Hitler utilizó su cargo para desplazar a sus oponentes, consiguió poderes dictatoriales mediante el decreto presidencial de emergencia la mañana siguiente al incendio del Reichstag, y selló la implantación de la dictadura con la aprobación de la Ley de Plenos Poderes por el órgano legislativo, del que habían sido excluidos los comunistas. Todos los partidos y organizaciones políticas habían sido disueltos, a excepción de los nazis, y había culminado la creación de un Estado de partido único.
Evans piensa que el triunfo del movimiento nazi fue algo más que un simple fruto del genio de Hitler. El carisma no puede ejercerse sin una audiencia dispuesta a dejarse atraer por él. Consiguió apoyo porque parecía la fuerza que contaba con más probabilidades de terminar con las instituciones políticas de la primera democracia de Alemania.
2. La debilidad política de la República de Weimar
La República de Weimar nació como consecuencia de la derrota de Alemania en la I Guerra Mundial. Al gobierno revolucionario encabezado por los socialdemócratas que tomó posesión el 9 de noviembre de 1918 le siguió, a comienzos de 1919, la elección de una Asamblea Nacional que se reunió en Weimar. La Constitución aprobada por la asamblea era una de las más democráticas del mundo. Muchos piensan que la representación proporcional producía la multiplicidad de partidos que complicaron la escena política de Weimar e hicieron inevitable que todos los gobiernos fuesen de coalición y sumamente inestables. La ineficacia de esos gobiernos venía predestinada por la necesidad de no hacer nada que desagradase a alguno de los socios de coalición y por la constante rotación de ministros.
Evans piensa que la existencia de cinco partidos importantes reflejaba el hecho de que la sociedad alemana estaba cuarteada por múltiples fisuras sociales, religiosas, regionales e ideológicas. Ni fue una consecuencia de la constitución de Weimar ni el sistema electoral mayoritario habría impedido el ascenso de los nazis.
Los nazis consiguieron credibilidad y respetabilidad gracias a su participación en la campaña emprendida por la derecha en 1919 en favor del rechazo plebiscitario del Plan Young, acuerdo internacional negociado para programar los pagos de Alemania en concepto de reparaciones por los perjuicios causados a los aliados por le I Guerra Mundial.
La constitución también ha sido criticada por no haber reducido el predominio de Prusia, que estaba gobernada por los socialdemócratas, y por no haber reforzado el poder del gobierno central en el sistema federal.
Sin embargo, sí había una disposición constitucional que generaría problemas: la elección por votación popular de un presidente fuerte, con un mandato de 7 años y que disfrutaría de la facultas de gobernar por decreto en situaciones de emergencia.
La Asamblea Nacional y el gobierno revolucionario aprobaron los términos del Tratado de Versalles, que impuso a Alemania el pago de fuertes reparaciones económicas por los perjuicios causados a Francia y a otros países en la guerra, separaron de Alemania zonas importantes de su territorio, como Alsacia-Lorena y buena parte de la Alta Silesia, y limitaron estrictamente las Fuerzas Armadas alemanas tantos en efectivos como en medios. La propaganda de los nazis calificaba de “traidores de noviembre” a los socialdemócratas, que habían aceptado esos términos (la infamante leyenda de la “puñalada por la espalda” de los años de posguerra).
Los socialdemócratas se habían visto obligados a firmar el acuerdo de paz. Evans piensa que el tratado fue la peor de las soluciones posibles, pues avivó el resentimiento nacionalista de Alemania mientras dejaba intacta la base de su categoría de gran potencia. La propaganda nazi aprovechó el descontento con el Tratado de Versalles.
La falta de legitimidad de la República se también en el hecho de que los partidos que respaldaban sus instituciones fundamentales estuvieron en minorías. La República de Weimar logró superar las tormentas de la revolución y la insurrección armada de 1919 a 1923. Lo que cambió la situación, lo que hizo que el partido nazi dejara de ser un grupo extremista situado en la periferia de la política para convertirse en el mayor partido político del país, fue sobre todo la gran depresión que comenzó en 1929.
3. La crisis de 1929
La economía de Weimar estuvo acosada por dificultades desde el principio. Comenzó su existencia en un periodo de inflación que se remontaba a 1914. la situación fomentó el pleno empleo y contribuyó a estabilizar la República en sus primeros años. Así, convirtió la huelga general en una poderosa arma contra los intentos de anular la constitución como el putsch de Kapp de 1920. en 1922-1923 la inflación se transformó en hiperinflación. El caos económico de 1923 avivó la agitación política de ese año y dio un impulso importante a extremistas como los nazis.
El efecto neto no fue tanto un empobrecimiento general de la clase media como la fragmentación y desintegración política y social, ya que unos grupos ganaron y otros perdieron.
La recuperación económica de 1924-1928 fue precaria. La racionalización y el ahorro provocaron un desempleo generalizado. La inversión procedía con frecuencia del extranjero y se realizaba a corto plazo, por lo que podía retirarse con facilidad, como efectivamente ocurrió en 1929 tras el crash de Wall Street. El acontecimiento más decisivo fue éste.
Al terminar 1932 el 35% de la población activa se encontraba sin empleo. Las quiebras se multiplicaron y la actividad empresarial se creyó al borde de la ruina. La crisis se intensificó en el curso de 1932 y constituyó la base del triunfo del nazismo por dos motivos: en primer lugar, impulsó a la gran empresa a buscar con creciente urgencia una solución autoritaria para el impasse político de la República, desmantelando el Estado de bienestar, frenando o suprimiendo los sindicatos, proscribiendo a comunistas y socialdemócratas y creando una fuerza de trabajo dócil y barata que permitiese a ala industria iniciar el proceso de recuperación.
La gran empresa contribuyó a socavar la República de Weimar mediante su apoyo económico y político a diversas formas del radicalismo de derecha como los nazis. La mayor parte del mundo empresarial aceptó la toma del poder por los nazis en 1933.
En segundo lugar, fue sin duda la depresión de 1919-1933 la que sirvió de base al desplazamiento masivo de las preferencias de los votantes hacia los nazis en esos años. Lo que los nazis ofrecían era una alternativa que se proponía acabar principalmente con los partidos “marxistas”, especialmente con los socialdemócratas, con quienes en gran medida se identificaba la República de Weimar.
El nazismo fue un partido que aglutinó el descontento y ejerció un atractivo especialmente fuerte para los jóvenes y las clases medias protestantes.
Por último, la depresión, con su desempleo masivo de larga duración, cercenó fatalmente toda posibilidad de que la clase obrera organizada opusiera una resistencia seria a la destrucción de la República de Weimar y ahondó los antagonismos entre los socialdemócratas y los comunistas. La depresión hizo viable una huelga general como la que había desbaratado el putsch de Kapp en 1920.
4. La tradición autoritaria germana
No sería correcto afirmar que los nazis llegaron al poder por medios legales o constitucionales o que la República de Weimar no fue destruida por sus adversarios sino que se destruyó a sí misma. La dictadura sólo fue posible cuando las instituciones demócratas de la República dejaron de funcionar con la llegada del gobierno independiente de Brüning y la eliminación efectiva del Reichstag como institución política después de que las elecciones de 1030 anulasen la posibilidad de una mayoría viable para la tarea legislativa del gobierno. Le dictadura fue probable cuando el canciller von Papen destituyó de forma inconstitucional al gobierno de Prusia en 1932. la dictadura sólo fue inevitable cuando los nazis desataron una campaña de violencia, terror, asesinato e intimidación contra sus oponentes en los seis primero meses de la cancillería de Hitler. La República fue derrotada por sus oponentes, no por sí misma; la muerte de la democracia alemana no fue un suicidio político, sino un asesinato político.
Los valores antidemocráticos, según esta perspectiva, tenían raíces profundas en el pasado alemán. Mientras otros países había vivido sus revoluciones burguesas, Alemania no. La aristocracia terrateniente prusiana representada por los junker mantuvo con firmeza el control de la situación e incluso lo amplió al resto de Alemania en el curso del proceso de unificación dominado por Prusia y conducido por Bismarck.
Cuando en 1918 cundió la desesperación entre las élites en su preocupación por recuperar la iniciativa histórica, comenzaron a fomentar el ascenso del nazismo. Por último, en una serie de intrigas centradas en el presidente Hindenburg, instalaron a los nazis en el poder.
Esta interpretación plantea problemas teóricos y empíricos. Ni las revoluciones burguesas trajeron de inmediato la democracia, ni ésta acompañó necesariamente a la industrialización. La sociedad y la cultura alemanas estaban impregnadas de los valores burgueses mucho antes de 1914. el dominio de la aristocracia sobre el funcionariado y el cuerpo de oficiales disminuía sin cesar a partir de mediados del siglo XIX. La aristocracia junker en todo momento se vio obligada a llegar a compromisos con las fuerzas de la modernidad. El argumento según el cual fueron las “viejas” élites las que instalaron en el poder a los nazis pasa por alto el hecho de que los terratenientes se habían distanciado de los industriales, que a su vez estaban profundamente divididos con respecto al nazismo en enero de 1933.
Las fuerzas preindustriales de las sociedad y la cultura alemanas continuaban presentes en Alemania a comienzos de la década de 1930, pero ya no eran dominantes ni fueron realmente esenciales para la crisis de 1930-1933
Resumen Lvl 5
El nazismo surgió como fuerza dominante de la extrema derecha en la segunda mitad de la década de 1920 porque estaba bien organizado, porque era dinámico y porque tenía un líder carismático que supo expresar como nadie los temores y ansiedades de artesanos urbanos, tenderos, campesinos y otros sectores de la pequeña burguesía protestante. Se convirtió en movimiento de masas porque estas cualidades eran precisamente las que atraían a millones de personas cuyas vidas se habían visto convulsionadas por la depresión, personas que por sus calores y convicciones, a diferencia de la comunidad católica o de la clase obrera organizada, eran receptivas a la retórica demagógica del nacionalismo extremo.
El ascenso del nazismo es inseparable de le debilidad de la República de Weimar. Lo que el nazismo ofrecía era una versión modernizada y actualizada de los resentimientos nacionalistas radicales en la que el deseo de cambio dinámico y renovación de los jóvenes pudo combinarse con el anhelo de orden, autoridad y estabilidad de los ancianos y las personas de mediana edad.
El nazismo, en fin, cumplió su promesa de destruir el odiado “sistema” de Weimar, pero también fue demasiado inestable en su mezcla de modernidad práctica y tradición manipulada. Su inestabilidad dinámica se fue haciendo más evidente a medida que avanzaba la década. A finales del decenio de 1930 estaba cada vez más fuera de control; doce años después, la toma de poder por los nazis había conducido a la catástrofe.
1. El poder carismático de Adolf Hitler
El movimiento nazi comenzó en Munich el 9 de enero de 1919, con la fundación del Partido Obrero Alemán por el mecánico ferroviario Anton Drexler, era un movimiento de extrema derecha. Pretendía ganarse a las masas trabajadoras para el nacionalismo extremo mediante la combinación de anticapitalismo, pangermanismo y antisemitismo, conceptos que venían sugeridos por los términos “nacional” y “socialista”.
Hitler ingresó al partido el 12 de septiembre de 1919. Estaba convencido de que todos los alemanes debían unirse en un solo Estado-nación basado en la raza. Gracias a su capacidad oratoria, pronto comenzó a desempeñar un papel cada vez más importante en el partido, en agosto de 1921 se convirtió en su máximo dirigente. Su oratoria fue el principal motivo del crecimiento del partido, hasta superar los 50.000 afiliados en 1923.
Fue la voluntad de Hitler la que empujó al partido hacia la acción violenta durante la crisis política de la República en 1923, cuando Francia ocupó el Ruhr y la rebelión comunista parecía planear sobre Sajonia y Turingia. Su intento de tomar el poder en Baviera y utilizarlo como trampolín para organizar un golpe nacionalista contra el gobierno de Berlín fue un fracaso. La policía y el ejército se negaron a apoyar el putsch y la marcha de Hitler fue dispersada.
Los acontecimientos de 1923 frenaron temporalmente el ascenso del nazismo. El partido fue prohibido y Hitler fue excarcelado.
Hitler aprendió dos lecciones. En primer lugar, abandonó la idea de un golpe de Estado directo y violento por considerarlo peligroso y poco práctico. Insistiría en llegar al poder por medios constitucionales o al menos en aparentar que así era. En segundo lugar, insistió a partir de 1926 en lo que después se denominó “principio de caudillaje”.
De 1926 a 1928, el partido nazi se dedicó preferentemente a unir los diversos grupos dispersos de nacionalistas de extrema derecha bajo la jefatura de Hitler y a establecer una estructura organizativa con secciones especiales para numerosos sectores de la población que resultaron cruciales a la hora de contribuir a su expansión.
En las elecciones para el Reichstag celebradas en 1930, los nazis consiguieron 6,5 millones de votos y 107 escaños, con lo que se convirtieron en el segundo partido del país. En julio de 1932, los nazis eran con diferencia el partido político mayor y más aceptado de Alemania, con el 37% de los votos, 230 escaños en el Reichstag y más de trece millones de votantes. Esta fuerza electoral constituyó la base fundamental de su llegada al poder en 1933. Hitler fue fundamental para el triunfo de los nazis por dos motivos. En primer lugar, su historia y su imagen política ocuparon el lugar más destacado de la amplia y compleja actividad propagandística que el partido desplegó en estos años. En segundo lugar, fue Hitler quien insistió en negarse a entrar en un gobierno de coalición si no era para dirigirlo, por lo que se prolongaron durante varios meses las negociaciones con otros políticos para formar un gabinete con participación de los nazis. El 30 de enero de 1933 Hitler fue nombrado canciller de un gobierno en el que los nacionalistas conservadores disponían de la mayor parte de las carteras ministeriales.
Hitler utilizó su cargo para desplazar a sus oponentes, consiguió poderes dictatoriales mediante el decreto presidencial de emergencia la mañana siguiente al incendio del Reichstag, y selló la implantación de la dictadura con la aprobación de la Ley de Plenos Poderes por el órgano legislativo, del que habían sido excluidos los comunistas. Todos los partidos y organizaciones políticas habían sido disueltos, a excepción de los nazis, y había culminado la creación de un Estado de partido único.
Evans piensa que el triunfo del movimiento nazi fue algo más que un simple fruto del genio de Hitler. El carisma no puede ejercerse sin una audiencia dispuesta a dejarse atraer por él. Consiguió apoyo porque parecía la fuerza que contaba con más probabilidades de terminar con las instituciones políticas de la primera democracia de Alemania.
2. La debilidad política de la República de Weimar
La República de Weimar nació como consecuencia de la derrota de Alemania en la I Guerra Mundial. Al gobierno revolucionario encabezado por los socialdemócratas que tomó posesión el 9 de noviembre de 1918 le siguió, a comienzos de 1919, la elección de una Asamblea Nacional que se reunió en Weimar. La Constitución aprobada por la asamblea era una de las más democráticas del mundo. Muchos piensan que la representación proporcional producía la multiplicidad de partidos que complicaron la escena política de Weimar e hicieron inevitable que todos los gobiernos fuesen de coalición y sumamente inestables. La ineficacia de esos gobiernos venía predestinada por la necesidad de no hacer nada que desagradase a alguno de los socios de coalición y por la constante rotación de ministros.
Evans piensa que la existencia de cinco partidos importantes reflejaba el hecho de que la sociedad alemana estaba cuarteada por múltiples fisuras sociales, religiosas, regionales e ideológicas. Ni fue una consecuencia de la constitución de Weimar ni el sistema electoral mayoritario habría impedido el ascenso de los nazis.
Los nazis consiguieron credibilidad y respetabilidad gracias a su participación en la campaña emprendida por la derecha en 1919 en favor del rechazo plebiscitario del Plan Young, acuerdo internacional negociado para programar los pagos de Alemania en concepto de reparaciones por los perjuicios causados a los aliados por le I Guerra Mundial.
La constitución también ha sido criticada por no haber reducido el predominio de Prusia, que estaba gobernada por los socialdemócratas, y por no haber reforzado el poder del gobierno central en el sistema federal.
Sin embargo, sí había una disposición constitucional que generaría problemas: la elección por votación popular de un presidente fuerte, con un mandato de 7 años y que disfrutaría de la facultas de gobernar por decreto en situaciones de emergencia.
La Asamblea Nacional y el gobierno revolucionario aprobaron los términos del Tratado de Versalles, que impuso a Alemania el pago de fuertes reparaciones económicas por los perjuicios causados a Francia y a otros países en la guerra, separaron de Alemania zonas importantes de su territorio, como Alsacia-Lorena y buena parte de la Alta Silesia, y limitaron estrictamente las Fuerzas Armadas alemanas tantos en efectivos como en medios. La propaganda de los nazis calificaba de “traidores de noviembre” a los socialdemócratas, que habían aceptado esos términos (la infamante leyenda de la “puñalada por la espalda” de los años de posguerra).
Los socialdemócratas se habían visto obligados a firmar el acuerdo de paz. Evans piensa que el tratado fue la peor de las soluciones posibles, pues avivó el resentimiento nacionalista de Alemania mientras dejaba intacta la base de su categoría de gran potencia. La propaganda nazi aprovechó el descontento con el Tratado de Versalles.
La falta de legitimidad de la República se también en el hecho de que los partidos que respaldaban sus instituciones fundamentales estuvieron en minorías. La República de Weimar logró superar las tormentas de la revolución y la insurrección armada de 1919 a 1923. Lo que cambió la situación, lo que hizo que el partido nazi dejara de ser un grupo extremista situado en la periferia de la política para convertirse en el mayor partido político del país, fue sobre todo la gran depresión que comenzó en 1929.
3. La crisis de 1929
La economía de Weimar estuvo acosada por dificultades desde el principio. Comenzó su existencia en un periodo de inflación que se remontaba a 1914. la situación fomentó el pleno empleo y contribuyó a estabilizar la República en sus primeros años. Así, convirtió la huelga general en una poderosa arma contra los intentos de anular la constitución como el putsch de Kapp de 1920. en 1922-1923 la inflación se transformó en hiperinflación. El caos económico de 1923 avivó la agitación política de ese año y dio un impulso importante a extremistas como los nazis.
El efecto neto no fue tanto un empobrecimiento general de la clase media como la fragmentación y desintegración política y social, ya que unos grupos ganaron y otros perdieron.
La recuperación económica de 1924-1928 fue precaria. La racionalización y el ahorro provocaron un desempleo generalizado. La inversión procedía con frecuencia del extranjero y se realizaba a corto plazo, por lo que podía retirarse con facilidad, como efectivamente ocurrió en 1929 tras el crash de Wall Street. El acontecimiento más decisivo fue éste.
Al terminar 1932 el 35% de la población activa se encontraba sin empleo. Las quiebras se multiplicaron y la actividad empresarial se creyó al borde de la ruina. La crisis se intensificó en el curso de 1932 y constituyó la base del triunfo del nazismo por dos motivos: en primer lugar, impulsó a la gran empresa a buscar con creciente urgencia una solución autoritaria para el impasse político de la República, desmantelando el Estado de bienestar, frenando o suprimiendo los sindicatos, proscribiendo a comunistas y socialdemócratas y creando una fuerza de trabajo dócil y barata que permitiese a ala industria iniciar el proceso de recuperación.
La gran empresa contribuyó a socavar la República de Weimar mediante su apoyo económico y político a diversas formas del radicalismo de derecha como los nazis. La mayor parte del mundo empresarial aceptó la toma del poder por los nazis en 1933.
En segundo lugar, fue sin duda la depresión de 1919-1933 la que sirvió de base al desplazamiento masivo de las preferencias de los votantes hacia los nazis en esos años. Lo que los nazis ofrecían era una alternativa que se proponía acabar principalmente con los partidos “marxistas”, especialmente con los socialdemócratas, con quienes en gran medida se identificaba la República de Weimar.
El nazismo fue un partido que aglutinó el descontento y ejerció un atractivo especialmente fuerte para los jóvenes y las clases medias protestantes.
Por último, la depresión, con su desempleo masivo de larga duración, cercenó fatalmente toda posibilidad de que la clase obrera organizada opusiera una resistencia seria a la destrucción de la República de Weimar y ahondó los antagonismos entre los socialdemócratas y los comunistas. La depresión hizo viable una huelga general como la que había desbaratado el putsch de Kapp en 1920.
4. La tradición autoritaria germana
No sería correcto afirmar que los nazis llegaron al poder por medios legales o constitucionales o que la República de Weimar no fue destruida por sus adversarios sino que se destruyó a sí misma. La dictadura sólo fue posible cuando las instituciones demócratas de la República dejaron de funcionar con la llegada del gobierno independiente de Brüning y la eliminación efectiva del Reichstag como institución política después de que las elecciones de 1030 anulasen la posibilidad de una mayoría viable para la tarea legislativa del gobierno. Le dictadura fue probable cuando el canciller von Papen destituyó de forma inconstitucional al gobierno de Prusia en 1932. la dictadura sólo fue inevitable cuando los nazis desataron una campaña de violencia, terror, asesinato e intimidación contra sus oponentes en los seis primero meses de la cancillería de Hitler. La República fue derrotada por sus oponentes, no por sí misma; la muerte de la democracia alemana no fue un suicidio político, sino un asesinato político.
Los valores antidemocráticos, según esta perspectiva, tenían raíces profundas en el pasado alemán. Mientras otros países había vivido sus revoluciones burguesas, Alemania no. La aristocracia terrateniente prusiana representada por los junker mantuvo con firmeza el control de la situación e incluso lo amplió al resto de Alemania en el curso del proceso de unificación dominado por Prusia y conducido por Bismarck.
Cuando en 1918 cundió la desesperación entre las élites en su preocupación por recuperar la iniciativa histórica, comenzaron a fomentar el ascenso del nazismo. Por último, en una serie de intrigas centradas en el presidente Hindenburg, instalaron a los nazis en el poder.
Esta interpretación plantea problemas teóricos y empíricos. Ni las revoluciones burguesas trajeron de inmediato la democracia, ni ésta acompañó necesariamente a la industrialización. La sociedad y la cultura alemanas estaban impregnadas de los valores burgueses mucho antes de 1914. el dominio de la aristocracia sobre el funcionariado y el cuerpo de oficiales disminuía sin cesar a partir de mediados del siglo XIX. La aristocracia junker en todo momento se vio obligada a llegar a compromisos con las fuerzas de la modernidad. El argumento según el cual fueron las “viejas” élites las que instalaron en el poder a los nazis pasa por alto el hecho de que los terratenientes se habían distanciado de los industriales, que a su vez estaban profundamente divididos con respecto al nazismo en enero de 1933.
Las fuerzas preindustriales de las sociedad y la cultura alemanas continuaban presentes en Alemania a comienzos de la década de 1930, pero ya no eran dominantes ni fueron realmente esenciales para la crisis de 1930-1933
Resumen Lvl 5
El nazismo surgió como fuerza dominante de la extrema derecha en la segunda mitad de la década de 1920 porque estaba bien organizado, porque era dinámico y porque tenía un líder carismático que supo expresar como nadie los temores y ansiedades de artesanos urbanos, tenderos, campesinos y otros sectores de la pequeña burguesía protestante. Se convirtió en movimiento de masas porque estas cualidades eran precisamente las que atraían a millones de personas cuyas vidas se habían visto convulsionadas por la depresión, personas que por sus calores y convicciones, a diferencia de la comunidad católica o de la clase obrera organizada, eran receptivas a la retórica demagógica del nacionalismo extremo.
El ascenso del nazismo es inseparable de le debilidad de la República de Weimar. Lo que el nazismo ofrecía era una versión modernizada y actualizada de los resentimientos nacionalistas radicales en la que el deseo de cambio dinámico y renovación de los jóvenes pudo combinarse con el anhelo de orden, autoridad y estabilidad de los ancianos y las personas de mediana edad.
El nazismo, en fin, cumplió su promesa de destruir el odiado “sistema” de Weimar, pero también fue demasiado inestable en su mezcla de modernidad práctica y tradición manipulada. Su inestabilidad dinámica se fue haciendo más evidente a medida que avanzaba la década. A finales del decenio de 1930 estaba cada vez más fuera de control; doce años después, la toma de poder por los nazis había conducido a la catástrofe.