
- Para comenzar hablaremos sobre los viajes entre campos de asteroides. Cuando las naves pululan entre dichos fragmentos orbitales lo hacen a grandes velocidades y tratando de esquivar los siempre asesinos y esquivos trozos residuales. Es muy común que en medio de dicho trayecto algún que otro malo de película muera explotando su nave por accidente. Nada más lejos de la realidad, pues cuando nos encontramos con estos campos de enormes asteroides suelen estar a miles de kilómetros de distancia, lo que hace más bien sencillo navegar entre ellos.
- Cuando miramos al Sol, metafóricamente hablando, nos maravillamos de la fuerza de su fuego, que nos permite verlo a muchos millones de kilómetros. Pero no estamos del todo en lo cierto. Si lo comparamos con una antorcha, ésta nos alumbra por la reacción de combustión del oxígeno, una reacción química básica. Ésta poco podría compararse con la potencia de una reacción como la que sucede en el corazón del Sol. Allí hay una reacción de naturaleza física.
- Si bien el astro es una bola de gases, la reacción que lo hace brillar no es una combustión sino una fusión nuclear. Cuando los átomos de hidrógeno se combinan para formar átomos de helio se libera una gran cantidad de energía. Pero este proceso sucede en el interior de la propia estrella, no en su superficie. Es por ello que no consideramos que haya una luminiscencia por “arder” en la superficie. Aunque quizá esto parezca más bien un pequeño matiz.
- Siempre que pintábamos el Sol de pequeños usábamos un tono amarillento brillante. Algunas veces, cuando nos preguntan decimos que es naranja o puede que hasta rojo. Pero nada más lejos de la realidad, pues en verdad su tonalidad es completamente diferente. Éste viene dado por la intensidad o el tipo de reacción que sucede en el núcleo del astro. Aunque hay algunos ejemplos de estrellas de tonos rojizos, azulados o amarillentos, la verdad es que el nuestro muestra un color más bien blanquecino.
- ¿Por qué vemos entonces ese tono amarillento o rojizo cuando usamos lentes apropiadas en nuestros telescopios? Básicamente por el mismo motivo por el que vemos Marte rojo. Nuestra atmósfera distorsiona los colores y los torna ligeramente anaranjados. Si saliéramos al espacio lo veríamos de forma muy diferente. Aún así la tonalidad de las estrellas va cambiando con el paso de los años, finalmente la nuestra cambiará llegado el momento para que se parezca a cómo la vemos ahora desde la tierra.
- Los seres humanos explotariamos si no tuviésemos un traje espacial. Este es uno de los mayores bulos que han pululado por el imaginario popular. Realmente un ser humano podría estar hasta 30 ó 40 segundos sin que su cuerpo explote de manera alguna. De hecho no es este el motivo por el cual moriríamos. Más bien sería por la falta de oxígeno, que se escaparía de nuestros pulmones por la diferencia de presión. Eso no quita que los trajes debieran de ser usados por otros riesgos diferentes.
- Aunque en el espacio las cosas funcionen de otra forma, una simple mota de pintura sería capaz de atravesar de lado a lado una nave espacial con la suficiente inercia. Por ello un traje espacial trata de evitar la deshidratación y la asfixia, así como la contaminación de los astronautas por parte de agentes externos. Si por algún casual pudiésemos respirar de alguna forma, sin duda aguantaremos mucho más tiempo de lo que antes pensábamos.
- La entrada en la atmósfera es algo muy peligroso. En este caso es verdad que es peligroso, pero no por el motivo que creemos. Cuando vemos el modo en el que una nave entra en la Tierra, no parece como si explotase en llamas. Esto es debido a la compresión del aire que hay en las capas exteriores. Al entrar la nave a altas velocidades, el desplazamiento del aire provoca que aumente aún más la presión y éste comienza a arder convirtiendo la nave en una bola de fuego.
- Pero esto tendría una fácil solución si no hubiese problema de presupuesto. Si se redujese la velocidad de la nave con unos retropropulsores, no se produciría esa combustión tan virulenta y la entrada sería mucho más relajante. Pero subir el peso del complejo aumenta los costes finales de forma alarmante. Resulta mucho más barato construir la estructura resistente a altas temperaturas y rezar porque no suceda una de las tantas catástrofes que han ocurrido.







