
¿Necesitas consuelo? ¿Una religión alternativa? No lo dudes más. Tu vacío espiritual puede llenarlo una religión llamada Apple y un mesías llamado Steve Jobs.
Ahora que Steve Jobs se ha convertido en una impresionante expresión de dolor en Twitter y muchos se preguntan que está pasando con tanta idolatría al héroe de la computación de diseño debemos remontarnos a un estudio que apareció este verano, fruto de la investigación de dos académicos de la Universidad A & M de Texas. Apple no sólo es sexy. Es divino. Así que si te inquieta saber porqué el fundador de la mayor compañía de software del mundo, excepto Microsoft, es el mesías de millones lee nuestra pequeña historia.
Apple, ¿la nueva comunidad religiosa del siglo XXI?
“Apple puede ofrecer una experiencia de tipo religioso. Básicamente cumple la misma función en la vida de personas que forman por ejemplo parte de una comunidad religiosa”, asegura Heidi Campbell, profesora de comunicaciones que co-escribió un trabajo académico explorando los mitos religiosos y las metáforas que rodean el gigante de la tecnología y sobretodo la vida de fundador y consejero delegado, Steve Jobs, el hombre que tras su muerte parece haber pasado a una categoría sobrenatural.
En “Cómo el iPhone se convirtió en Divino”, publicado en una revista de nuevos medios a principios del verano de 2011, Campbell y su colega Antonio LaPastina analizan a los clientes de Apple como seguidores de un culto religioso.
“Se trata básicamente de un estudio de la religión y la tecnología y el lenguaje religioso y las imágenes asociadas con el iPhone”, dijo Campbell. El indicio de este epifanía se dio en 2007, cuando Jobs subió al escenario con sus vestimentas tradicionales -un jersey negro y pantalones vaqueros- para anunciar el lanzamiento del iPhone, y todos los bloggers geeks empezó a inventar historias sobre la llegada del “teléfono de Jesús” o el ”Teléfono de Dios.”
El estudio de Campbell y LaPastina (profesor también de esta universidad tecnológica tejana) analiza cómo esos términos se convirtieron en el lenguaje común de los fans de Mac, los bloggers de tecnología e incluso la mayoría de medios de comunicación. La frase apareció por primera vez en 2006, señala el estudio, cuando Gizmodo, mediante su blogger Brian Lam, escribió un mensaje en respuesta a la advertencia del Papa Benedicto XVI contra la tecnología que sustituye a Dios. Fue en la homilía de Navidad y Gizmodo replicó con su credo
dijo:Con suerte, nuestro pastor, Steve Jobs, de Apple dará a conocer el verdadero teléfono de Jesús – o jPhone – en dos semanas, en la Apple Keynote que sacará de la tierra el hambre y las enfermedades , mientras cura el estado de ánimo rabioso e infecta a miles de fanáticos de puro Mac como tu no podrías “, bromeaba Lam a costa del Papa.[/quote]
Y aunque fuera broma, no pasó mucho tiempo antes de que la metáfora divina inundara la red. A juicio de Campbell la noción de el “teléfono de Jesús” funcionó porqué el público norteamericano se halla inmerso en la mitología cristiana. ”Es un icono fácil de decodificar”, dijo. “Puede que no te guste lo que Jesús representa, pero así lo ves como a un salvador, un revolucionario.”
Campbell reconoció que ella y su co-autor no son los primeros en hacer paralelos entre tecnología y religión. En los albores del siglo XX, Thomas Alva Edison y otros pioneros de la industria hidroeléctrica como el ingeniero canadiense Frederick Stark Pearson se convirtieron en legendarios héroes que anunciaban un nuevo mundo donde la luz generada por presas y turbinas daría a todos la tremenda posibilidad de hacer que la noche se convirtiera en día.
Inventaron algo que cambió nuestra forma de relacionarnos con el mundo exterior. Aún así, pese a su creatividad e ingenio, ellos también crearon la gigantesca corporación de servicios públicos que mediante componendas políticas y especulación bursatil generó la alianza entre Wall Street, Washington y las multinacionales que hoy opera en los cinco continentes. Luz y oscuridad que se repite en el caso del malogrado Steve Jobs y el gigante Apple, heraldo del sowftare propietario y de la innovación a precio de usura. O el paraíso sólo diponible para quien pueda un concepto que diseñan genios anónimos al servicio de esta matrix del siglo XXI llamada Apple. Aparte de abundantes historias de robos de patentes y maquinaciones financieras en la bolsa de Nueva York.
Matrix poderosa que crea ante sus usuarios una relación de divinización . “Los artefactos seculares impregnados de un significado religioso-sagrado”, dice el estudio hecho en Texas. Y eso es justo lo que consiguió el mesías de Mac, el difunto Steve Jobs.
Las religiones se caracterizan por una fe en una fuerza trascendente o en una divinidad superior. Suponen un conjunto básico de creencias, una comunidad de creyentes y un paquete de prácticas rituales. Hay comunidades de fans, como los inspirados por “Star Trek” o equipos deportivos que pueden proporcionar una experiencia de tipo religioso, aclaran los académicos de la universidad tejana.
La historia de Apple: un repositorio de imágenes religiosas y lingüísticas.
Estos dos investigadores señalan que los orígenes humildes de Steve Jobs hacen del primer garaje donde inició Apple una parábola del pesebre donde tuvo lugar el nacimiento de Jesús. Jobs volvió a Apple en 1997, después de dejarla en el año 1985, tal cual un espejo de Jesús y su largo silencio entre la niñez y los treinta años. Microsoft también tiene un papel en la historia, como el “satánico” enemigo del mesías. Pero entre los adoradores de la mac, cada nueva línea de Apple lanzada de noche en una de sus tiendas deviene una celebración religiosa. Así lo fue para miles de fans que esperaron afuera de las tiendas de la compañía en todo el mundo para ser los primeros en tener el iPhone o el iPad; un ritual de peregrinación que sin duda parece propio de devotos religiosos.
Debe tratase de trascendencia. De algo que va más allá de lo racional. A través de la tecnología, muchos anhelan convertirse en superhumanos, y mediante la comunidad Apple, se sienten parte de algo más grande que ellos mismos. Ser un usuario de Mac es parte de la identidad de una persona y todas las manzanas negras que se han visto en Twitter, todos los miles de tuits que verdaderamente sintieron la muerte del creador del iPhone revelan la naturaleza religiosa del asunto.
Leander Kahney, editor del blog Cult of Mac, sobre el universo Apple, y autor de un libro del mismo título, dijo que el grupo de intransigentes en el culto Mac es una minoría. Sin embargo, agregó, si existen matices religiosos en la comunidad de compardores y usuarios de Apple. ”Si te unes a una iglesia, te unes a una comunidad. Y cuando tu compras un producto de Apple, te estás uniendo a la comunidad de Apple”, concluyó.
Así como los nuevos miembros de la iglesia aprenden los mitos, ritos y valores de la congregación, los nuevos usuarios de Apple se inician en los mitos y rituales de la Mac con el apoyo de otros “creyentes”. Durante el auge de Microsoft , el famoso “imperio del mal”, algunos usuarios de Mac se atrincheraron en su decisión de apoyar los productos de Apple y le dieron un significado moral que ninguna otra lucha intracorporativa tuvo antes en la historia.
“Sin duda Mac convierte en parte de nuestra identidad. Es algo similar a decir:” Yo soy cristiano ‘”. Si dices “yo soy cristiano, ” la gente espera que tengas ciertos valores y si tu dices: ” Yo soy un usuario de Mac”, la gente espera que tengan esos valores de usuario Mac”.
El fetichismo del objeto, o una interpretación marxista del culto a la Mac
Pero más allá incluso de estas interpretaciones académicas, existe en la teología Mac algo que señala una fase final en la evolución del capitalismo occidental. Algo que señalara Karl Marx hace ya un siglo y medio. Se llama el fetichismo de la mercancía y lo menciona con singular lucidez en Das Kapital:
Marx utiliza el concepto de fetichismo de la mercancía para describir un “embrujo” que rodea a los bienes producidos bajo el sistema de producción capitalista. los productores producen en privado bienes y luego se vinculan con otros seres humanos a través de esos bienes. Según el fetichismo de la mercancía, los bienes se le aparecen al productor como una cosa, el valor de éstos preexiste. Es anterior y determinante del productor y de su proceso de producción. El productor se convierte entonces en un atributo del objeto producido, y éste último se vuelve sujeto. Y este objeto devenido “sujeto” es el que entabla relaciones “humanas” con otros objetos, al intercambiarse en el mercado. Este mundo “fetichizado” del capitalismo es un mundo que transforma lo cualitativo en cuantitativo, iguala todo y compara todo.
No se puede despertar del fetichismo de la mercancia, a diferencia de lo que pasaba con la ideología. Las formas de pensar signadas por este efecto no son un engaño. Marx señala que son objetivas, socialmente válidas, y que caracterizan al modo de producción. Y esa intución genial sobre el capitalismo como religión sustituta donde la mercancía es el centro de adoración y el regulador de las relaciones sociales se aplica perfectamente al mundo Mac que creara Steve Jobs.
Tal y como lo definía un continuador de este marxista profético que fue Walter Benjamin,
“La modernidad puede ser definida en consecuencia como ‘el mundo dominado por sus fantasmagorías’ (…). El colectivo social vive preso de sus fantasmagorías y no ha despertado aún de su relación inconsciente, onírica, con la historia y el conjunto social. El mundo de deseos que rodea a la mercancía en el presente y que es esencial para la publicidad y el sostenimiento del consumismo acompaña así el mantenimiento en un estado de ensueño de la colectividad social, y significa un arruinamiento de la carga utópica de las imágenes de deseo del siglo XIX, en tanto que promueve la promesa de que el ansia de gratificación, plasmada en tales imágenes, se satisface a través de la adquisición de la mercancía”
El triunfo completo del capitalismo suplantó todas las viejas religiones y las ideologías que quisieron poner un freno al nuevo mundo que anunciaban las coporaciones a principios del siglo XX. La lucha duró un siglo y venció la mercancía como fetiche, adorada por millones que lloran la muerte del creador de la máquina que nunca falla.
Si existe una religión y Steve Jobs fue su profeta. Pero Pateando Piedras practica un cierto ateismo por más que también usemos la MacBook Air.

El culto desmesurado y enajenado a Steve Jobs nos permite hacer una reflexión sobre la religión de la tecnología, los valores de la sociedad y lo que significó este genio empresario e innovador sacerdote del consumismo.
Cualquier persona que haya estado navegando por Internet y especialmente por redes sociales como Twitter y Facebook se habrá dado cuenta de que gran parte del contenido en el último día giró en torno a Steve Jobs (en una monomanía pocas veces vista), un hombre ciertamente genial en lo que hacía pero que sobre todo gracias a la revolución geek, la sociedad de consumo y la hiperpenetración de los gadgets en nuestras vidas, fue elevado al panteón de los santos.
En esa navegación diaria, copada por la idolatría de Jobs —acaso aumentada porque estamos usando sus aparatos y las máquinas hacen sentir su influencia sobre nuestra psique— nos encontramos con un interesante artículo en el blog neoyorkino Gawker, que de manera lúcida analiza esta fiebre jobsiana con tintes fanáticos.
Hamilton Nolan de Gawker escribe: «Steve Jobs ha muerto. Un genio de la tecnología ha fallecido. Triste. Ciertamente una terrible pérdida para los amigos y la familia de Steve Jobs y los ejecutivos y accionistas de Apple. ¿Y el resto de ustedes? Cálmense un poco».
Hoy cientos (tal vez miles) de personas en diferentes partes del mundo acudieron a las tiendas Apple con pancartas, flores, velas y demás parafernalia de luto para rendirle tributo al dios de la religión de la tecnología (sacerdote del consumismo). Al mismo tiempo muchas personas compartieron estados en Facebook diciendo que estaban llorando o que se sentían devastadas por la muerte de Jobs. Este tipo de (seudo)empatía no tiene nada de malo, pero muchas de las personas que hacen tan patente su agonía compartida probablemente no se lamentarían tanto ni mostrarían la misma “empatía” si muriera su vecina, un amigo más o menos cercano o, por qué no, alguien que en realidad haya luchado por el bien del planeta de manera completamente altruista, acaso como el reverendo Fred Shuttlesworth, quien también falleció ayer.
No hay duda de que Steve Jobs era muy bueno en lo que hacía —después de todo siempre nos caerá mejor que Bill Gates (a quien Jobs alguna vez recomendó tomar un poco de LSD para abrir un poco su mente). Jobs hizo buenas computadoras, buenos teléfonos, buenos gadgets en general (sobre todo con un gran diseño), y los vendió bien. Se hizo inmensamente rico haciéndolo. ¿Hizo mejor nuestro mundo? Ciertamente lo volvió más cómodo, creó una interfaz más agradable, pero no se le puede comparar con personas olvidadas que verdaderamente inventaron o descubrieron algo, como Nikola Tesla (ridículamente había quienes compararon a Jobs con Newton, por aquello de la mítica manzana). Permitió que millones de tecno fetichistas se movieran contentos de tener los mejores y más presumibles gadgets —algunos de ellos habrán utilizado esta tecnología como una muy útil herramienta, pero las Macs no crean obras de arte, no descifran los secretos del universo ni salvan vidas por sí mismas.
Hamilton Nolan puede ser chocante (o hereje) cuando nos dice: «Si te gustan los productos Apple, bien. Son productos. No tienen almas. No son héroes y tampoco lo es su creador, no obstante qué tan hábil haya sido. Lamentemos la muerte de Steve Jobs como lamentamos la muerte de cualquier otro hombre —de manera callada, modesta y privada. Aquellos de ustedes que al recordarlo han tomado un tono religioso: busquen ayuda».
Steve Jobs fue muy bueno, incluso genial en lo que hacía, pero lo principal que hizo fue crear una corporación muy exitosa. En realidad gran parte del culto y la admiración a Steve Jobs se enfoca a su éxito económico, es el culto al “exitismo”, lo cual denota cierto complejo de inferioridad y de que al medir las virtudes la riqueza es uno de los coeficientes prioritarios en nuestra sociedad. Jobs dejó a Apple como la empresa de tecnología más rica del mundo, con más dinero que la Tesorería de Estados Unidos. Pero para lograr esto Apple tuvo que propagar una idea de consumo radical, haciendo que millones de personas desecharan a la menor provocación sus productos —en detrimento de la ecología— y se abalanzaran perennemente sobre el siguiente iPod, iPhone o iPad. Para ser tan buen negocio había que hacer que los productos —esos aparatos que todo el mundo religiosamente quiere (un adolescente en China vendió un riñon para comprarse un iPad)— sean fabricados con una mano de obra barata, como es el caso de los trabajadores de la plantas en China que arman iPads y iPhones, los cuales, debido a sus deplorables condiciones laborales, han sido obligados a firmar cartas comprometiéndose a no suicidarse.
La posición más sensata probablemente en cuanto a la tecnología es decir que esta no es buena ni mala, depende de cómo se usa o de la intención que se le infunda. No hay duda que la tecnología de Steve Jobs puede usarse para hacer muchas cosas loables para el hombre y el planeta: arte, educación, comunicación, etc. (tampoco creemos en el mesianismo enunciado por Negroponte de que una laptop para todo el mundo es un bien universal que salvará a nuestra civilización, ni mucho menos). Las computadoras de Apple que tanto pueden facilitar las cosas para hacer música o procesar imágenes, tan fácil pueden alienar a las personas de su realidad presente y separarlas de la naturaleza y de sus amigos del “mundo real”. No es esto un juicio de valor. Pero recordemos también que el santo de la tecnología, ese Big Brother de la (fancy, easy, expensive) tech, o al menos la compañía que representa patentó tecnología para espiar a sus usuarios y para evitar que grabaran conciertos con sus iPhones, censuró a WikiLeaks e implementó un archivo oculto en el iPhone para monitorear y registrar todos los movimientos de sus usuarios.
Tal vez los amantes de Steve Jobs nos estarán odiando ahora, pero nuestra intención no es soplarle tierra al muerto. Solo buscamos inclinar la balanza y enseñar el otro lado de las cosas que pasa desapercibido ante el estupor mediatizado, llamando a la mesura y entendiendo que toda idolatría, todo dogma, es enajenante y, por lo tanto, algo que cualquier persona que buscar ser sí misma y evolucionar haría bien en evitar.
Para limar posibles asperezas y porque tal vez este artículo es simplemente la respuesta al hartazgo del homenaje chapucero a Jobs que pulula en el social media, los dejamos con una frase que encontramos —también en esa orgía geek— del mismo Jobs, en la cual parece evocar al brujo que le enseñó a Castaneda:
“La muerte es seguramente la mejor invención de la vida. Es el agente de cambio de la vida”, dijo Jobs (Don Juan Matus había dicho “la muerte es tu aliado”).