¡Hola locos! Les dejo 4 microrrelatos mios, ¡espero que les gusten!
No sentía ninguna de sus extremidades, no sentía ninguna parte del cuerpo. Luego del balazo no vio una luz al final de un túnel, ni un cielo esponjoso y renacentista, ni un infierno tortuoso y recalcitrante (hasta eso hubiera sido un alivio).
Ojalá hubiera alguien que se apiadara y le cerrara los párpados, quizá así pudiera evadirse. Pero no; continuó viendo hasta que sus ojos se pudrieron, al mismo paso que el resto de su cuerpo. Hacia el final solo percibía entretenidas figuras fractales, mayormente color sepia y verdosas.
Luego siguió sintiendo ciega y sordamente, hasta que las partes correspondientes del cerebro fueron siendo devoradas por las microscópicas alimañas hijas de la putrefacción. Todo con inmenso dolor, todo su ser era dolor, y al paso que el dolor se apagaba, gracias a la refrescante corrupción final, se apagaba el, y así hasta la última célula.
Se hace corpóreo cuando la víctima conoce su nombre, mientras tanto sus moléculas atraviesan la materia, la esquivan, es intangible e invisible, y el mundo es intangible para él.
Mientras acecha a la espera de la voz de largada, se entretiene pasando sus afiladas uñas de aguja por las proximidades de la garganta de candidato, y luego se las pasa por el pálido y ajado rostro con un rictus afectado. Al llegar las uñas a su boca, pretende saborearlas.
Su boca fruncida, sus cabellos azabaches y pegoteados, sus ojos desorbitados, unidos a su carácter afeminado, debería provocarnos risa, pero el efecto es totalmente el contrario.
Apenas el lector conozca su nombre, eso surcará su vulnerable glotis con un frío movimiento, y se emborrachará con su sangre, alimentada del conocimiento de su nombre.
El lector se encuentra indiferente, simula estar indiferente, simula que no le importe leer el último párrafo. Sus ojos tratan de evitar la visión periférica del siguiente renglón.
Fue un gusto haberle entretenido, el nombre de eso es Butron.
Ansia.
Volvió echando putas y exigiendo que le dieran su lápiz, que no se acordaba adonde lo había dejado.
Todos temblábamos y transpirábamos, y buscábamos frenéticamente el bendito lápiz, menos Ana que estaba paralizada en una esquina, como mirando a ver si se le ocurría donde buscar. Los demás la chocaban cuando se la cruzaban, estaban todos nerviosos, Ana estorbaba.
Encaró hacia ella. "Que se joda por tonta", pensé. Pero me estremecí cuando la vi lagrimeando, y protegiendo instintivamente sus fosas nasales con lsu dedos, se ve que ya conocía sus preferencias. Así que agarré un lápiz cualquiera y grité: "Lo encontré, acá está", sacudiéndolo en mi temblorosa mano elevada mientras lo miraba directamente a los nublados ojos.
Lo examinó con desconfianza, pasando su meñique izquierdo por su labio partido, como es su costumbre. Al cabo de una infinita media hora, lo aprobó y se fue de la habitación con un portazo.
No hubieron las pícaras miradas cómplices del uso.
Date vuelta y mírame.
"Date vuelta y mírame" Creo que debí hacer caso, tal vez de verdad en este monte pasaban cosas raras.
¨Date vuelta y mírame"; pero acá estoy solo yo, ¿Está ese susurro solo en mi cabeza? Estoy solo con el chivo que cacé, colgando a mis espaldas...
Escudriño en derredor y nada, y ojala hubiera quedado todo en la nada, ojala nunca otro "date vuelta y mírame" me hubiera hecho mirar atrás a mi izquierda, ojala nunca me hubiera topado con los desorbitados e inexpresivos rojos ojos de chivo en el rostro humano, en el cuerpo de chivo, a centímetros de mi cara, exigiéndome que lo mire, quien sabe para que.
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Descomposición. Tema: La Muerte.
No sentía ninguna de sus extremidades, no sentía ninguna parte del cuerpo. Luego del balazo no vio una luz al final de un túnel, ni un cielo esponjoso y renacentista, ni un infierno tortuoso y recalcitrante (hasta eso hubiera sido un alivio).
Ojalá hubiera alguien que se apiadara y le cerrara los párpados, quizá así pudiera evadirse. Pero no; continuó viendo hasta que sus ojos se pudrieron, al mismo paso que el resto de su cuerpo. Hacia el final solo percibía entretenidas figuras fractales, mayormente color sepia y verdosas.
Luego siguió sintiendo ciega y sordamente, hasta que las partes correspondientes del cerebro fueron siendo devoradas por las microscópicas alimañas hijas de la putrefacción. Todo con inmenso dolor, todo su ser era dolor, y al paso que el dolor se apagaba, gracias a la refrescante corrupción final, se apagaba el, y así hasta la última célula.
El Compañero.
Se hace corpóreo cuando la víctima conoce su nombre, mientras tanto sus moléculas atraviesan la materia, la esquivan, es intangible e invisible, y el mundo es intangible para él.
Mientras acecha a la espera de la voz de largada, se entretiene pasando sus afiladas uñas de aguja por las proximidades de la garganta de candidato, y luego se las pasa por el pálido y ajado rostro con un rictus afectado. Al llegar las uñas a su boca, pretende saborearlas.
Su boca fruncida, sus cabellos azabaches y pegoteados, sus ojos desorbitados, unidos a su carácter afeminado, debería provocarnos risa, pero el efecto es totalmente el contrario.
Apenas el lector conozca su nombre, eso surcará su vulnerable glotis con un frío movimiento, y se emborrachará con su sangre, alimentada del conocimiento de su nombre.
El lector se encuentra indiferente, simula estar indiferente, simula que no le importe leer el último párrafo. Sus ojos tratan de evitar la visión periférica del siguiente renglón.
Fue un gusto haberle entretenido, el nombre de eso es Butron.
Ansia.
Volvió echando putas y exigiendo que le dieran su lápiz, que no se acordaba adonde lo había dejado.
Todos temblábamos y transpirábamos, y buscábamos frenéticamente el bendito lápiz, menos Ana que estaba paralizada en una esquina, como mirando a ver si se le ocurría donde buscar. Los demás la chocaban cuando se la cruzaban, estaban todos nerviosos, Ana estorbaba.
Encaró hacia ella. "Que se joda por tonta", pensé. Pero me estremecí cuando la vi lagrimeando, y protegiendo instintivamente sus fosas nasales con lsu dedos, se ve que ya conocía sus preferencias. Así que agarré un lápiz cualquiera y grité: "Lo encontré, acá está", sacudiéndolo en mi temblorosa mano elevada mientras lo miraba directamente a los nublados ojos.
Lo examinó con desconfianza, pasando su meñique izquierdo por su labio partido, como es su costumbre. Al cabo de una infinita media hora, lo aprobó y se fue de la habitación con un portazo.
No hubieron las pícaras miradas cómplices del uso.
Date vuelta y mírame.
"Date vuelta y mírame" Creo que debí hacer caso, tal vez de verdad en este monte pasaban cosas raras.
¨Date vuelta y mírame"; pero acá estoy solo yo, ¿Está ese susurro solo en mi cabeza? Estoy solo con el chivo que cacé, colgando a mis espaldas...
Escudriño en derredor y nada, y ojala hubiera quedado todo en la nada, ojala nunca otro "date vuelta y mírame" me hubiera hecho mirar atrás a mi izquierda, ojala nunca me hubiera topado con los desorbitados e inexpresivos rojos ojos de chivo en el rostro humano, en el cuerpo de chivo, a centímetros de mi cara, exigiéndome que lo mire, quien sabe para que.
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