
La pipa, instrumento misterioso, mágico, y de inspiración.
Cada día, los cigarrillos industriales, de usar y tirar, como los clinex, acompañan las jornadas en los lugares de trabajo, normalmente estresantes e incluso frenéticas; las prisas y el ajetreo suelen ser los compañeros inseparables de los pitillos de marca. Es típica la concesión de los 5 minutos para fumar rápidamente un cigarrillo, entre clase y clase o entre labor y labor. El cigarrillo anónimo siempre tiene prisa, como la gran masa de gente. Es una opción, legítima.
Sin embargo, lejos de los centros de trabajo, del estrés habitual, y de las labores diarias, ajeno a los nervios y a la trivialidad diaria, vive el mundo tranquilo y pausado de la pipa. La pipa combate muy efectivamente el estrés y las preocupaciones, por lo que a la larga es un gran aliado de nuestra salud y bienestar.
Hay algunos casos de personas que se han pasado del cigarrillo a la pipa, y de alguna manera, han experimentado un cambio de vida, y sobre todo un cambio de ritmo considerable.
Cuando el día, junto con sus quehaceres ya han hecho su ocaso, llega el momento de mayor tranquilidad y relajamiento; el momento de recogernos, de estar en calma, y de reflexionar, o simplemente de estar tranquilos y relajados en nuestro sillón: es el momento propicio de fumar nuestra pipa.

Un buen armario de pipas y accesorios
Fumar en pipa es todo un ceremonial. Después de un ritual de preparación de los elementos, exento de prisas y preocupaciones, se enciende el objeto mágico, y el humo aromático, empieza a elevar al pipador hacia lugares más transcendentes, con otras perspectivas y niveles que vamos descubriendo y disfrutando.
Nos preguntamos cómo puede cambiar tanto nuestro sillón, nuestro hogar, y nuestra percepción del mundo, después de haber prendido nuestra pipa...
Una vez que hemos vencido los primeros y típicos obstáculos con los que se encuentra el pipador novicio, incluyendo la influencia escéptica de algunas personas que nos rodean, descubrimos que empezamos a sumergirnos en un estado de éxtasis, existencial, e incluso de armonía y equilibrio espiritual, en el que cada día nuestra pipa nos lleva en un viaje mágico "in crescendo". Entonces es cuando empezamos realmente a conocer y a disfrutar de nuestra pipa, nuestra compañera y amante inseparable.

Notamos el acogedor tacto de madera de nuestro instrumento preciado y perfecto. Ahora que está encendida la brasa de nuestra cazoleta, sentimos que calienta nuestra mano, como si la pipa estuviera viva y latiendo... Y entonces todo transcurre despacio, lentamente, como cuando vemos el firmamento estrellado desde un viaje por mar; de hecho el reloj se ha detenido porque el tiempo se ha ajustado a su verdadera esencia imperecedera.
Nos quedamos absortos envueltos en la niebla mágica que emana de nuestro artilugio, como cuando contemplamos el fuego de una chimenea... aparente enajenación, pero bajo la cual late una lucidez e iluminación extranatural...
El pipador se echa a volar por el humo que asciende, y es entonces cuando la nube le muestra una visión más clara de todas las cosas. Debe de ser la inspiración, que es atraída como un imán por el incienso mágico de nuestro humo.
Como dijo Sam Slick, en el momento en el que un hombre toma una pipa se convierte en filósofo. Todo se vé diferente, desde la perspectiva sabia del prisma nebuloso que emana de nuestra pipa.

La pipa nos relaja, atrae la calma y la paz; por eso los indios nativos se reunían o sellaban sabiamente su hermandad fumando la pipa de la paz. ¡Qué sabio ritual!...
A menudo, durante los últimos siglos, se ha asociado la costumbre social de fumar en pipa con las clases aristocráticas, los nobles, los ricos y los personajes más relevantes de la sociedad. También con los grandes científicos, como Albert Einstein, actores, descubridores y exploradores, pensadores, artistas, etc...