VENGANZA.
Es un cuento televisado de 60 segundos que trata de cómo un sólo hombre vengó la derrota de su país en una guerra injusta. Es una historia de revancha, y, como decía Tarantino, una historia de revancha siempre funciona, pero es que además este vídeo es un ejercicio narrativo que está a la altura de la caverna de Platón.
Veréis a un locutor que empieza contando un suceso y termina superado por él.
Como toda buena historia, tiene tres actos.
En el primero, el narrador mantiene un estilo descriptivo mientras el relato comienza a aparecerse ante sus ojos.
En el segundo, el relator se ve superado por la posibilidad: la posibilidad de lograr un desenlace perfecto, que es la máxima aspiración de alguien que cuenta cuentos.
Y, al fin, el tercer acto, donde el locutor, intoxicado de deseo e incapaz de controlarse, se sumerge en el suceso para acabar formando parte de él.
Son sesenta segundos en los que se forjó una leyenda moderna: un prometeo de barrio llevaba el fuego de la venganza a todo el hemisferio sur. Y el hombre que lo narró se convirtió en su cómplice para siempre.
Algunos lo habréis visto mil veces. Ahora os pido que lo escuchéis.
“Es para llorar. Perdónenme.”
Es un cuento televisado de 60 segundos que trata de cómo un sólo hombre vengó la derrota de su país en una guerra injusta. Es una historia de revancha, y, como decía Tarantino, una historia de revancha siempre funciona, pero es que además este vídeo es un ejercicio narrativo que está a la altura de la caverna de Platón.
Veréis a un locutor que empieza contando un suceso y termina superado por él.
Como toda buena historia, tiene tres actos.
En el primero, el narrador mantiene un estilo descriptivo mientras el relato comienza a aparecerse ante sus ojos.
En el segundo, el relator se ve superado por la posibilidad: la posibilidad de lograr un desenlace perfecto, que es la máxima aspiración de alguien que cuenta cuentos.
Y, al fin, el tercer acto, donde el locutor, intoxicado de deseo e incapaz de controlarse, se sumerge en el suceso para acabar formando parte de él.
Son sesenta segundos en los que se forjó una leyenda moderna: un prometeo de barrio llevaba el fuego de la venganza a todo el hemisferio sur. Y el hombre que lo narró se convirtió en su cómplice para siempre.
Algunos lo habréis visto mil veces. Ahora os pido que lo escuchéis.
“Es para llorar. Perdónenme.”

Visto en
Funambulo.
