Historias sobre pájaros metálicos
El zumbido de un motor se impone al gorjear de tucanes y chillidos de mono. El extraño sonido, que llega del cielo, ha alertado a una familia indígena que se afana en pelar mandioca. La hija mediana, que no parece superar los diez años, conserva aún un machete en su mano; mientras contempla absorta, con una expresión casi divina, el enorme pájaro metálico que sobrevuela las copas de los árboles más altos. Sus hermanos permanecen también boquiabiertos, atentos allá arriba, donde el dedo de su madre ha señalado. Sus progenitores, más diligentes, cargan sus arcos dispuestos a enfrentar la posible amenaza. Es probable que ellos sí hayan escuchado historias sobre pájaros metálicos en sus intercambios con otras tribus.
Este pequeño clan, que viste taparrabos y pinta sus cuerpos de rojo, es la evidencia de que aún existen tribus aisladas en la Amazonia. El avión que les sobrevuela y fotografía depende del departamento de asuntos indígenas del Brasil.
Las fotografías han tenido que hacerse públicas para desechar las acusaciones de invención, que esgrimen algunos funcionarios de los gobiernos peruano y brasileño. Esta tribu es un ejemplo más de la fragilidad de la biodiversidad biológica y cultural. Madereros peruanos irrumpen ilegalmente en su territorio, territorio protegido. Esta invasión contribuye a degradar su hábitat y pone en peligro su continuidad. Es posible que a sus descendientes no les quede más opción que vestir traje y corbata, y trabajar quizás en alguna consultoría. Aunque lo más probable, es que destruido su hábitat no lleguen nunca a adaptarse y se vean obligados a vivir en la indigencia, a las afueras de algún suburbio, dándose al alcoholismo como les sucedió a sus primos del norte.
No deja de asombrarme la capacidad del ser humano para destruir especies y culturas a un ritmo incombustible. La sobrecogedora y rutinaria masacre de delfines en Taji (Japón), denunciada por Louie Psihoyos y Rick O’Barry (el entrenador de Flipper) en el documental The Cove, es otra pequeña gota en este océano.
No contentos con destruir lo vivo, arremetemos también contra el legado arqueológico y de interés científico. Permitimos que se expolien los restos de los mamuts que surgen del deshielo en Siberia, para comercializar sus colmillos o comer su carne.
Mientras que con una mano premiamos al entomólogo que acuñó el término biodiversidad, con la otra lanzamos redes de arrastre, contaminamos y degradamos el fondo marino, y ponemos en peligro especies que todavía ni conocemos. ¿Es posible que estemos esperando a vivir en un universo de vinilo y metal, donde suspirar por la biodiversidad perdida, mientras revisionamos un viejo DVD?
¿Cuánto valen 4 meses de vida?
Aunque algunos políticos hablen últimamente de copago, parece claro que en los países occidentales se da por sentado que la salud en un derecho y que el gobierno tiene que gastar lo que sea necesario para garantizar que todos los ciudadanos tiene acceso a un cuidado médico. Lógicamente, el dinero es limitado y las prestaciones sanitarias varían dependiendo de los presupuestos de cada país.
En estas, leo la noticia de que en los Estados Unidos, Medicare (algo así como la sanidad pública de este país) va a incluir entre sus prestaciones un nuevo tratamiento contra el cáncer de próstata, Provenge. Algo que no debería haberme llamado la atención si no fuera por dos cosas:
1/El tratamiento entero viene a costar unos 65.000€.
2/Aumenta la vida del paciente en unos 4 meses.
No voy a ser yo quien ponga precio a la vida, pero el debate sobre la conveniencia de pagar este tratamiento ha surgido en Estados Unidos. Es un medicamento muy caro y parece que la ventaja que supone su uso no es excesivamente grande.
Si la decisión dependiera de ti, ¿qué harías?
La fe de los periodistas en los Cientificos
Esta mañana me sorprendió una llamada de Radio Nacional en la que me preguntaban por “la vacuna de Patarroyo contra todas las enfermedades infecciosas “. Lo primero que pensé fue que era imposible. Que de repente no podía haber una vacuna contra todas y cada una de las más de quinientas enfermedades infecciosas que se conocen. Y si la había, ¿cómo era yo el último en enterarme?
La primera vez que tuve contacto con Manuel Elkin Patarroyo, fue a principios de los años noventa. Acababa de hacer una vacuna contra la malaria y era el invitado estrella de una reunión de parasitología que se celebrara en la Facultad de Veterinaria de Cáceres. Finalmente no pudo ir a dar su charla y mandó a un colaborador suyo. Finalmente, seguimos sin una vacuna efectiva con la que luchar contra la malaria.
Para salir de mi ignorancia, me pongo a buscar en la literatura científica y encuentro el artículo científico al que se referían los de Radio Nacional: una revisión sobre las hipotéticas características que debería cumplir tal vacuna. Es una revista, no de artículos científicos, sino de revisiones. Y es que los científicos, además de contar sus descubrimientos, se dedican de vez en cuando a escribir sobre los hallazgos de los demás y a elaborar hipótesis sobre lo que se conoce y desconoce de un tema. Es necesario y sirve de ayuda a los otros científicos, pero no es un descubrimiento.
No existe tal vacuna, tan solo un artículo sobre cómo se podría llegar a conseguir. Seguro que el artículo sirve para seguir trabajando, pero en sí mismo no es una vacuna.
A veces, los periodistas deben ser un poco más críticos. Aunque el científico que dice algo sea de gran prestigio, puede equivocarse y nosotros podemos no entenderle bien. La fe hace mucho daño tanto a periodistas como a científicos. Las dos profesiones se basan en hechos y así debe seguir siendo. Los hechos científicos están en los experimentos, no en lo bueno que los demás piensan que es alguien.
Referencia:
Manuel Elkin Patarroyo, Adriana Bermdez, & Manuel Alfonso Patarroyo (2011). Structural and Immunological Principles Leading to Chemically Synthesized, Multiantigenic, Multistage, Minimal Subunit-Based Vaccine Development Chemical Reviews
Medidas draconicas de ahorro energético
Veo sorprendido en el telediario la manifestación en contra de la medida del Gobierno de reducir la velocidad máxima en las autopistas a 110 km/h. Me recuerda mucho a las quejas sobre lo malo que es el cambio de horario que sufrimos dos veces al año.
Tengo la sensación de que cada vez que el gobierno establece algún tipo de medidas para ahorrar dinero y energía siempre hay a quien le parece, no mal, sino fatal. Y teniendo en cuenta que el problema energético es bastante grave, sus quejas me parecen excesivas. Sobre todo si las comparamos con las que históricamente podrían haber sido…
Como podemos leer en The Compleated Autobiography of Benjamin Franklin, Benjamin Franklin, unos de los adalides del cambio horario, se percató de que muchos franceses no se levantaban hasta casi el mediodía y que, por otro lado, estaban despiertos hasta bien entrada la noche. Así que en 1784 escribió una carta a un periódico francés explicando que esto venía a suponer un gasto de 96 millones de libras en iluminación dentro de las casas.
Y propuso una medida por la que hoy sí que tendríamos derecho a quejarnos, levantarse obligatoriamente a las cuatro de la mañana. Iba además acompañada de las siguientes normas:
*Una multa para quien use persianas que impidan que la luz del sol entre en la casa.
*La policía controlará en las tiendas que cada familia sólo pueda comprar una libra de velas a la semana.
*La policía controlará que ningún coche pueda circular por las calles tras la puesta de sol, a excepción de los de médicos y matronas.
*A la salida del sol, todas las campanas de la iglesias deberán sonar. Y si no fuera suficiente, un cañón se disparará en cada calle para despertar a los vagos y que se den cuenta de que es por su propio bien.
¡Y nos quejamos por no poder ir a más de 110 km/h!
Estructuras microscópicas en tres dimensiones
Conocer la forma y estructura de los componentes celulares es esencial para que los científicos profundicen en sus conocimientos sobre cómo funcionan los seres vivos. Y aunque la información que ha aportado la microscopía electrónica de estructuras realmente pequeñas es de un enorme valor científico, las imágenes que se obtienen son como la visión de la acera desde un octavo piso sin ser capaces de saber correctamente a qué altura está cada cosa que vemos; es la representación en un plano de algo que tiene tres dimensiones.
Los científicos quieren conocer la estructura tridimensional tanto de la célula como de las macromoléculas individuales que la forman. Para ello recurren en la actualidad a varias técnicas que transforman la información bidimensional que obtiene el microscopio electrónico en imágenes tridimensionales. Es lo que se denomina tomografía, una técnica usada ampliamente hoy en día para el diagnóstico médico o el análisis de materiales.
Para poder interpretar de forma acertada la función biológica de las macromoléculas, se necesita conocer la estructura tridimensional, no sólo de las macromoléculas que se encuentran en el interior, sino también la de la propia célula. En el Centro Nacional de Biotecnología por ejemplo, Cristina Risco estudia la organización en tres dimensiones de los componentes celulares que los virus manipulan dentro de la célula que han infectado. Por su parte, José Jesús Fernández trabaja en el mismo centro estudiando las diferencias en la estructura de los componentes celulares cuando se sufre alguna enfermedad neurodegenerativa.
Para poder realizar un estudio por tomografía electrónica es necesario una preparación previa del material biológico para protegerlo de la radiación electrónica a la que va a ser sometida. Una vez preparada, en el microscopio electrónico se obtiene de 60 a 200 imágenes diferentes, cada una de ellas inclinada alrededor de un grado respecto de la anterior. A partir de este momento, es fundamental un uso muy intensivo de los ordenadores. Inicialmente, para poder procesar la enorme cantidad de información obtenida, ordenando y ajustando cada una de las imágenes en la posición que ocupan una respecto a las otras, se hacía necesario el uso de multitud de ordenadores conectados en red. Sin embargo, el software disponible en la actualidad tan sólo requiere la instalación de una tarjeta gráfica. Aplicando algoritmos de reconstrucción tomográfica, se procesan los datos obtenidos en los diferentes planos bidimensionales. De este modo, tras aplicar una serie de métodos de procesamiento digital de la imagen, se consigue construir un modelo tridimensional bastante real.
Sin embargo, la necesidad de un hardware específico hace que no todos los ordenadores puedan ser utilizados e incluso, aunque se disponga de una tarjeta gráfica compatible, a la hora de llevar a cabo los procesos de cálculo requeridos, la tarjeta debe tener unas características determinadas que la hagan funcional.
Para facilitar la labor de los científicos, en el grupo de investigación de José Jesús Fernández han optimizado tanto el código de programación, como el aprovechamiento de todas las capacidades de los ordenadores estándar actuales. Combinando una técnica de computación vectorial con el uso de un procedimiento multi-thread y, sin la necesidad de ningún hardware adicional, con cualquier ordenador con un microprocesador multinúcleo y una buena memoria de caché, se puede hacer una reconstrucción tridimensional con la misma velocidad que si se hubiera instalado una tarjeta gráfica.
El método de cálculo que han desarrollado, además de alta velocidad y una resolución nanométrica, supone una gran versatilidad de cara a la creación de software para reconstruir en tres dimensiones los datos obtenidos con la microscopía electrónica por parte de cualquier programador. Además, al no ser precisa la instalación ni de tarjetas gráficas ni de redes de computadoras, se facilita la labor de los médicos y biólogos que van a necesitar la información de las estructuras celulares en tres dimensiones. No les hace falta la ayuda de expertos en informática para trabajar con la información estructural que les proporciona la tomografía. Tan sólo necesitan instalar un programa en sus ordenadores.
Aunque en un principio ha sido desarrollado con la idea de resolver las estructuras tridimensionales de los componentes celulares, el software es válido en cualquier situación en la que se quiera reconstruir una estructura tridimensional en poco tiempo (tomografía computarizada, electrónica, de rayos X u óptica). Por ello, puede ser utilizada tanto por biólogos o médicos como por cualquier otro científico o ingeniero que trabaje en el estudio de materiales.
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