
Desde los tiempos de Mahoma, los musulmanes querían conquistar el mundo cristiano. Y además lograron éxitos notables en ese sentido. Hacia fines del siglo XI, las fuerzas del Islam habían conquistado dos tercios del mundo cristiano. Palestina, la tierra de Jesucristo; Egipto, la cuna del monacato cristiano; y Asia Menor, donde San Pablo plantó las semillas de las primeras comunidades cristianas.
Estos lugares no estaban en la periferia del Cristianismo, sino que más bien eran su verdadero núcleo. Y los imperios musulmanes aún no habían terminado. Continuaban expandiéndose por occidente hacia Constantinopla, desde donde a la larga ingresaron a Europa.

A finales del siglo XI, el emperador bizantino Alejo I pidió ayuda al Papa Urbano II para proteger a los pueblos cristianos de oriente ante la dominación musulmana. Durante el Concilio de Clermont expuso la necesidad de que los cristianos de Occidente se comprometieran a una guerra santa contra los turcos, que estaban ejerciendo violencia sobre los reinos cristianos de Oriente y maltratando a los peregrinos que iban a Jerusalén. A todos aquellos que se uniesen a la causa se les daria la concesión del perdón de todos los pecados.

Tras la predicación el pueblo cristiano asintió en masa y aprobó la campaña al grito de Deus lo vult (Dios lo quiere) y un gran número de los presentes se arrodillaron ante el papa solicitando su bendición para unirse a la sagrada campaña. La Primera Cruzada había comenzado.

La Primera Cruzada (1095-1099)
La primera de las Cruzadas se puso en marcha a finales de 1095. Conocida como la cruzada de los pobres, estaba formada por un grupo de fieles cristianos que iban comandados por el predicador Pedro de Amiens el Ermitaño. Su destino era Hungría. Avanzaron sin organizacion o entrenamiento militar aniquilando a todos los judíos que salían a su paso. De esta manera, este "ejercito" cruzó las fronteras del Imperio bizantino convertida en una banda feroz que arrasaba con todo lo que encontraba a su paso.
Los primero encuentros con los turcos fueron favorables. Sin embargo, la cruzada popular dirigida por Pedro el Ermitaño terminó con un dramático fracaso, sólo se libraron de la muerte los cruzados que renunciaron a la fe cristiana.

En el año 1096 grandes señores de Francia , Flandes y Alemania partieron con sus ejércitos rumbo a Constantinopla. Entre estos nobles los más célebres fueron Raimundo de Tolosa, Godofredo de Bouillon y Bohemundo de Tarento.
Cuando todos los cruzados estuvieron reunidos, cruzaron el Bósforo y entraron en el Asia Menor. Desde este lugar, se dirigieron a Siria, donde se dio el primer enfrentamiento contra los turcos. Tras seis meses de combate, los cruzados triunfaron en la ciudad de Antioquía y conquistaron Jerusalén el año 1099. La caída de Jerusalén fue seguida de una gran matanza, todos los musulmanes, hombres, mujeres y niños, fueron asesinados.

Poco tiempo después, los cruzados avanzaron hasta el norte de África y organizaron, bajo el sistema feudal, los lugares que conquistaron, y establecieron tres estados cristianos o latinos en Oriente y una en África:
El principado de Antioquía, en Siria, liderado por Bohemundo de Tarento.
El principado de Edesa, también en Siria, confiado a Balduino I, hermano de Godofredo de Bouillon.
El reino de Jerusalén, en Palestina, que se transformo en la capital política y religiosa de los latinos y cuyo gobernador fue Godofredo de Bouillon.
El condado de Trípoli, al noreste de África, concedido a Raimundo de Tolosa y que en el año 1187, después de una crisis interna, quedó anexado al principado de Antioquía.
Para proteger los nuevos territorios cristianos nacieron las Órdenes Militares, caballeros dirigidos por monjes que tomaron las armas para defender la fe, y que se pusieron al servicio de los peregrinos, procurándoles alojamiento y seguridad. Las principales Órdenes Militares en Tierra Santa fueron la de los Templarios, los Hospitalarios, la Orden Teutónica y la de Malta.
La Orden de los Templarios, fundada por Hugo de Payns y Godofredo de Saint-Omer en 1139 pasaría a ser la primera orden religiosa-militar que quedará bajo la autoridad directa del Papa .

La Segunda Cruzada (1145-1149)

Fue convocada en 1145, en respuesta a la caída del Condado de Edesa el año anterior por las fuerzas de Zengi.
El Papa Eugenio III, a consecuencia de la captura de Edesa, promulgo la bula Quantum praedecessores, que fue la primera que llamaba a una Cruzada. Esta bula ofrecía indulgencias plenarias.
La Segunda Cruzada se vio marcada por diversos conflictos, destacándose la lucha que españoles y portugueses mantenían en la península ibérica contra los musulmanes. Uno de los principales objetivos de la Cruzada, era la reconquista de Edesa, ciudad perdida en 1144. Para los Occidentales las prioridades cambiaron principalmente por la los intereses que la ciudad de Damasco presentaba para Balduino III de Jerusalén.
El Rey Conrado III y veinte mil hombres, salieron de Alemania rumbo a Edesa, siguiendo la ruta de la Primera Cruzada. Sin embargo, al pasar por la ciudad de Dorilea, el grupo cruzado decidió tomar un descanso, momento que fue aprovechado por los turcos selyúcidas para realizar un ataque sorpresivo. Conrado y los sobrevivientes de su ejército huyeron hacia Nicea.
Los cruzados franceses, liderados por Luis VII, partieron de Metz, en junio del mismo año. Este ejército sufrió las consecuencias del escaso abastecimiento, lo que sumado a la actitud pasiva del rey francés, quien consideraba que esta era una peregrinación para expiar sus pecados, dio como resultado un ejército débil y poco eficaz.
Al encontrarse los dos ejércitos en Asia Menor, decidieron que Edesa era un objetivo poco importante y marcharon hacia Jerusalén. Tomaron la ruta de la costa mediterránea, ya que era un camino más seguro.

Ya en ruta, decidieron atacar la ciudad de Damasco, a pesar que esta era aliada de Francia , por lo que el gobernador de la misma, no dudó en pedir auxilio a Nur-al-Din, gobernador de Alepo. Los ejércitos cruzados fueron vencidos en batalla y regresaron a sus lugares de origen.
Este fracaso llevó al sitio y caída de Jerusalén y a la convocatoria de la Tercera Cruzada.

La Tercera Cruzada (1187)

Luego de la victoria en Hattin, Saladino ocupó el norte del Reino de Jerusalén y conquistó Galilea y Samaria. Además, tomó la fortaleza templaria de Gaza y ocupó la ciudad de Jerusalén.
Al conocerse la noticia de la reconquista de Jerusalén, por parte de los musulmanes, los papas Gregorio VIII y, posteriormente, Clemente III, llamaron a una nueva cruzada, la cual fue predicada por Guillermo, arzobispo de Tiro. A este llamado atendieron los reyes Federico I, Barbarroja, Emperador de Alemania, Felipe Augusto de Francia y Ricardo I de Inglaterra, Corazón de León.
La tercera cruzada realizada por mar el año 1187, fue organizada por Ricardo Corazón de León, rey de Inglaterra; Felipe II Augusto de Francia y el emperador alemán Federico Barbarroja. Cuando Federico fue a la tercera cruzada ya era un anciano. Camino a Palestina, Federico murió ahogado cruzando a caballo un río.
Felipe II de Francia aprovechó la larga ausencia de Ricardo para volver a su país y, desde ahí, atacar a los ingleses que se habían apoderado de unos territorios en Francia . Los ingleses fueron derrotados y, con ello, Francia recuperó sus territorios.
Ricardo, en cambio, era más joven y un diestro militar. A pesar de tener un ejército disminuido, Ricardo logro conquistar Jafa, y al no poder tomar Jerusalén se concentró en consolidar las ciudades ya conquistadas.

En 1191, Saladino se enfrentó a Ricardo en la Batalla de Arsuf, tras horas de fuertes luchas, las tropas de Saladino se retiraron del campo de batalla. Ambos líderes decidieron pactar un armisticio con el cual se garantizó el libre acceso a Jerusalén a comerciantes y peregrinos. Además, el Santo Sepulcro quedó abierto sin pago de tributo para los cristianos. Los cruzados mantuvieron el control de una franja de costa entre Jafa y Tiro. Ricardo regresó a Inglaterra sin haber cumplido el objetivo principal de la expedición (reconquistar Jerusalén). Así finalizó la Tercera Cruzada.

La Cuarta Cruzada (1204)

A diferencia de las primeras cruzadas, las cruzadas del siglo XIII no estuvieron tan encaminadas a la recuperación de Jerusalén, sino más bien a la conquista de nuevos lugares donde comerciar y desde donde obtener mayores beneficios en Oriente .
Estos movimientos, que se hicieron todos por mar, perdieron, por lo tanto, sentido religioso.
Por eso, los que organizaron la cuarta cruzada en 1204 fueron comerciantes venecianos, que invitaron a algunos nobles franceses a participar. A cambio de dinero, estos nobles contribuyeron con sus ejércitos.
Sin embargo, en vez de dirigirse a Palestina, los cruzados tomaron Constantinopla, un importante centro comercial en aquel entonces. Tomada Constantinopla, los cruzados fundaron el llamado Imperio Latino, el año 1204 y lo mantuvieron hasta el año 1261. Este hecho distanció a Roma aun más de la Iglesia oficial bizantina; por eso, el Papa Inocencia III excomulgo a los cruzados.

Las Ultimas Cruzadas (1217 - 1291)
La quinta (1217 - 1221), iniciada por el papa Inocencio III y continuada por Honorio III, fue secundada por Juan de Brienne, rey de Jerusalén en el exilio, el duque Leopoldo VI, de Austria, y el rey de Hungría, Andrés II. El único resultado práctico fue la conquista de Damieta, después de un asedio memorable, sin que ello tuviese consecuencias para la Cristiandad.

La sexta cruzada fue emprendida en 1227 por el emperador Federico II de Alemania. A pesar de la oposición del papa Gregorio IX, que no quería ver convertido en caudillo de los cruzados a un rey como Federico que se hallaba excomulgado. Llegadas las fuerzas alemanas a Tierra Santa, su emperador siguió una política complicada y realista, usando más de la diplomacia que de las armas, concertando en 1229 una tregua de diez años con el sultán de el Cairo, Malek-el-Kumel, durante la cual los cruzados conservarían Jerusalén, Nazaret, Belén y otras localidades estratégicas. Jerusalén se declaraba ciudad santa para los cristianos, aunque se permitió la continuación del culto musulmán en las mezquitas.
Las dos últimas cruzadas, sétima y octava, fueron organizadas en el año 1248 y 1268 por Luis IX o San Luis, rey de Francia . Estos movimientos recuperaron la finalidad religiosa de las primeras cruzadas; su objetivo fue dominar el norte de África. Por eso los ataques se dirigieron contra Egipto y Túnez.

Sin embargo, ambas expediciones fracasaron. En la sétima, Luis IX cayó prisionero de los musulmanes en Egipto. Estando preso, predicó el cristianismo entre sus carceleros. Para liberarlo, los franceses pagaron un gran rescate. A pesar de ello, en 1270 se embarcó en la octava. Sólo la muerte pudo acabar con su deseo de recuperar Tierra Santa; murió en Túnez, enfermo de peste bubónica, y fue canonizado por Bonifacio VIII en 1297.
La octava cruzada fue la última expedición al Oriente ; con la caída de Acre el año 1291, terminó este importante episodio de la historia europea.
El período de las Cruzadas a Jerusalem "Tierra Santa" terminaría, después de 208 años desde que El papa Urbano II predico la primera cruzada de estas guerras santas.


Las Consecuencias de las cruzadas
Doscientos años de duro combate produjeron una serie de cambios en Europa. En primer lugar, los señores feudales perdieron poder, pues para armar a los cruzados se endeudaron fuertemente. Como las cruzadas fracasaron, sus fortunas menguaron.

Se produce el desarrollo de una nueva clase social como es la burguesía. Se trataba de pequeños artesanos o comerciantes que eran cada vez más necesarios para proveer de armas y herramientas al ejército.
Se abrieron vías al expansionismo y al comercio, sobre todo entre Europa o oriente . De esta manera, ciudades como Genova o Pisa se convirtieron en importantes centros comerciales, sobre todo para el comercio naval en el Mar Mediterráneo.
El fortalecimiento del cristianismo y de los símbolos religiosos. Y se creó entre la población una fuerte animadversión hacia los pueblos judío y musulmán. Por otro lado, los musulmanes se habían mostrado tolerantes con los cristianos o practicantes de otras religiones en sus territorios de la Tierra Santa. Sin embargo, las Cruzadas buscaban eliminar de raíz cualquier creencia contraria al cristianismo, por lo que tras el restablecimiento del poder islámico al término de las Cruzadas, muchos seguidores del profeta no se mostraron tan tolerantes como hasta entonces con los cristianos. Ello derivó en persecuciones y matanzas.