¿Se puede conseguir que residuos electrónicos desaparezcan totalmente cuando dejen de funcionar? ¿Que los móviles, pantallas de ordenador o teclados se desintegren cuando se acabe su vida útil? La enorme cantidad de dispositivos acumulados obliga, al menos, a reflexionar sobre estas cuestiones. Y esa reflexión debe apuntar en una dirección clara: idear alternativas biodegradables.
El camino comienza a trazarse poco a poco, porque aún quedan años de investigación, pero algunos prototipos comienzan a desarrollarse. Entre estos, un grupo de investigadores de la Universidad de Iowa acaba de fabricar una batería eléctrica que es capaz de disolverse en el agua en treinta minutos.
El primer prototipo de esta batería tiene un grosor de un milímetro y 5 de longitud y proporciona 2,5 voltios. Este voltaje solo puede poner en marcha sensores o pequeños aparatos como una calculadora. No obstante, la idea es estudiar combinaciones para crear baterías más potentes en el futuro que puedan servir para accionar dispositivos más grandes y potentes.
¿Cómo está fabricada?
Esta nueva batería biodegradable utiliza la tecnología ya presente en otras muchas baterías, iones de litio, pero está recubierta con un compuesto de polímeros biodegradables. Al introducir la batería en el agua, el polímero se deshace y los electrodos se disuelven. Las otras partes que no se pueden degradar totalmente quedan dispersas en el agua reducidas a nanopartículas.
La batería forma parte de la nueva "electrónica temporal" que busca diseñar dispositivos electrónicos que desaparecen de forma controlada y programada.
Uno de los primeros ejemplos conocidos de 'electrónica temporal', un circuito que se disuelve al contacto con el agua
Esta tecnología busca implementarse en otros campos como la medicina o la tecnología militar. La medicina busca desarrollar implantes médicos capaces de disolverse en fluidos corporales para evitar tener que someter a los pacientes a una intervención quirúrgica que los retire posteriormente. Se trabaja con elementos no extraños al cuerpo humano, como el magnesio, el silicio y la seda, para disminuir los efectos adversos.
La agencia militar estadounidense DARPA, por su parte, tiene un programa que estudia cómo hacer desaparecer diversos dispositivos que ya no se utilizan en el campo de batalla o que no quieren que caigan en manos del bando contrario.