El espinoso asunto sigue dando vueltas y más vueltas.
Como todos los espaciotrastornados saben la NASA debe pagar a Rusia por mandar a sus astronautas a la estación espacial internacional (ISS) a bordo de naves Soyuz. En realidad esta dependencia se remonta a los orígenes del programa ISS, ya que las Soyuz han servido desde siempre como naves de emergencia, pero evidentemente desde que EE UU retiró el transbordador espacial en 2011 la Soyuz es el único vehículo tripulado capaz de volar a la estación. Sea como sea la NASA espera tener listas en 2018 dos naves tripuladas, la Dragon V2 de SpaceX y la Starliner CST-100 de Boeing, por lo que podrá al fin dejar de pagar a los rusos por el transporte. Sin embargo, y puesto que una Soyuz tarda un par años en fabricarse, por si acaso la NASA ha pagado a Rusia los asientos para enviar sus astronautas a la ISS en 2018 por el módico precio de 82 millones de dólares por billete. Pero, ¿y si las nuevas naves norteamericanas se retrasan todavía más?
Nave Soyuz.
Como más vale prevenir que curar, la NASA está estudiando adquirir nuevas plazas a bordo de naves Soyuz para 2019, pero, y esto es lo sorprendente, los nuevos asientos no se los compraría a Roscosmos, sino a Boeing. ¿Cómo es esto posible? Bienvenidos al último culebrón espacial entre Rusia y los EE UU.
De izqda. a dcha.: naves Starliner, Dragon V2 y Orión.
De acuerdo con el calendario actual, SpaceX debe lanzar la Dragon V2 en diciembre de este año sin tripulación en la misión DM-1 (Demonstration Mission 1). El primer vuelo tripulado, la misión DM-2, está previsto para mayo de 2018. Por su parte, Boeing quiere lanzar la Starliner sin tripulación en junio de 2018 en el vuelo de prueba OFT 1 (Orbital Flight Test), mientras que la primera misión con astronautas tendría lugar en agosto de 2018. El objetivo es que ambas naves estén listas para 2019, pero como vemos los plazos son muy justos, especialmente en el caso de Boeing, que ha experimentado diversos problemas técnicos con la Starliner en los últimos meses (problemas relacionados con la aerodinámica de la cápsula CST-100 al estar acoplada al cohete Atlas V). Como Boeing y SpaceX están obligadas a cumplir los plazos con la NASA so pena de que se revisen sus contratos, Boeing optó el año pasado por negociar el acceso a asientos a bordo de naves Soyuz. De esta forma, si los vuelos de la Starliner se aplazan más allá de 2019, Boeing le podría ceder a la NASA las plazas en las naves rusas para cumplir con sus obligaciones.
La historia de los asientos es más complicada que lanzar uno de éstos...
Ahora bien, ¿cómo puede ser que Boeing, una compañía privada, negocie directamente con Roscosmos la compra de asientos en naves Soyuz? Fácil: no lo ha hecho. En realidad Boeing no va a pagar un dólar por estos asientos (o si lo hace le va a salir por muy poco) y la negociación no ha sido con Roscosmos, sino directamente con RKK Energía, la empresa fabricante de las naves Soyuz y Progress. El asunto se complica. ¿Qué ha pasado aquí?
Coste del asiento en una Soyuz para la NASA según el año fiscal.
Pues lo que ha pasado es la empresa Sea Launch. Esta compañía lanzaba cohetes Zenit, fabricados parcialmente en Ucrania, desde una plataforma situada en alta mar. A raíz del conflicto en Ucrania la situación económica de Sea Launch era insostenible, especialmente teniendo en cuenta que la empresa ya había entrado en bancarrota hace unos años por otros motivos y había sido ‘rescatada’ por RKK Energía, la cual quería seguir manteniendo un pie en el negocio de los lanzadores espaciales (recordemos que en su momento NPO Energía fue el contratista principal del programa soviético Energía-Burán). El problema es que Boeing también participaba en Sea Launch con un 40% del capital original y llevó a RKK Energía ante los tribunales norteamericanos al no estar de acuerdo con el nuevo reparto de Sea Launch. Como resultado, y de acuerdo con la justicia, RKK Energía debía pagarle a Boeing 320 millones de dólares para saldar su deuda en Sea Launch (otras fuentes hablan de 330 millones).
Plataforma Odyssey de Sea Launch con un cohete Zenit.
El gobierno ruso medió en el conflicto a través de Roscosmos presionando para que RKK Energía se deshiciese de Sea Launch —manteniendo, eso sí, las operaciones de la filial Land Launch para lanzamientos del Zenit desde Baikonur— y sanease sus cuentas, de ahí que se entablasen negociaciones con Brasil, China o la empresa Orbital ATK para vender la empresa y sus activos, que incluyen la plataforma de lanzamiento Odyssey y el barco Sea Launch Commander atracados en el puerto de Long Beach. Tras muchas negociaciones, finalmente fue la aerolínea rusa S7 la que, en un movimiento poco claro, adquirió la Sea Launch. S7 pagó 160 millones de dólares por los dos navíos de Sea Launch, aunque nadie sabe qué pretende hacer con ellos ahora que el conflicto en Ucrania impide la fabricación regular de cohetes Zenit y su exportación a Rusia.
Obviamente, esta aerolínea no pasa desapercibida...
Quedaba por resolver el asunto de los 320 millones de la deuda entre Boeing y RKK Energía. La oportunidad de ofrecer asientos a bordo de las Soyuz como pago de la deuda surgió cuando Roscosmos anunció que iba a reducir en 2017 la tripulación del segmento ruso de la ISS de tres a dos cosmonautas para ahorrar costes. De esta forma se liberaron varios asientos a bordo de las naves rusas. Por su parte, Roscosmos ve con buenos ojos el acuerdo entre Boeing y RKK Energía porque así se liquida una cuantiosa deuda de la principal empresa espacial del país y de paso se evita recurrir a turistas espaciales para completar los tres tripulantes de cada nave Soyuz (las ganancias por vender las plazas de las Soyuz a turistas no superarían los 200 millones de dólares, una cifra muy inferior a la deuda de RKK Energía). No obstante, los detalles del acuerdo entre Boeing y RKK Energía son secretos, así que no sabemos cuánto dinero ha pagado Boeing por cada asiento.
Con personajes como Dennis Tito no se alcanzaba a cubrir la deuda.
Por otro lado, para la NASA se trata de una oportunidad de oro para asegurarse el acceso a la estación espacial incluso si las naves privadas no entran en servicio en 2019 y, de paso, le permite aumentar la tripulación del segmento estadounidense de la ISS este año. Y todo sin pagarle un centavo a los rusos, una opción políticamente muy incómoda en estos momentos. Todos contentos. Si al final la NASA, Roscosmos, Boeing y RKK Energía llegan a un acuerdo, dos astronautas de la NASA volarán a bordo de las Soyuz MS-06 y Soyuz MS-08 en septiembre de 2017 y marzo de 2018, respectivamente. Y además otros tres astronautas de la NASA viajarán a bordo de tres naves Soyuz en 2019. Se desconoce por cuánto venderá Boeing estas plazas a la NASA, pero es de suponer que las condiciones serán ventajosas. Un lío, sí, ¿pero quién dijo que la cooperación en el espacio tenía que ser fácil?
¿Ya pagaron todos sus boletos? Miren que vamos saliendo...
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