Serendipia ¿qué es?
Una serendipia es un descubrimiento científico afortunado e inesperado que se realiza accidentalmente.
Post-it
Las famosísimas notas Post-it surgieron tras un olvido de un operario de la fábrica de 3M, que descuidó añadir un componente a un pegamento, lo que dio como resultado un adhesivo poco potente. Toda la partida de pegamento se apartó y guardó, pues era demasiado valioso como para tirarlo aunque apenas tuviera poder adhesivo. Más tarde Art Fry, uno de los ingenieros de la empresa y un hombre devoto de la Iglesia Presbiteriana del Norte, harto de señalar las canciones con papelitos en su libro de salmos y perder las señales a cada momento, recordó la vieja partida de pegamento malogrado. Con él confeccionó las primeras de estas notas de quita y pon.
Cueva de Altamira
La Cueva de Altamira fue descubierta en 1868 gracias a que el perro de un cazador se introdujo por una ranura entre las piedras que taponaban su entrada. Desde entoncen un arqueólogo aficionado santanderino, Marcelino de Sautuola, la visitó repetidamente en busca de restos arqueológicos. Pero no fue hasta el verano de 1879 cuando María, su hija pequeña que le acompañaba en algunas de sus visitas, encontró las pinturas rupestres en su interior también de forma casual al alejarse en demasía de su padre.
Celuloide
En 1870 John Wesley Hyatt, un inventor de Nueva Jersey, estaba prensando una mezcla de serrín y papel con cola en un intento de obtener un material que pudiese sustituir el marfil de las bolas de billar. Enfrascado en su trabajo se cortó un dedo y acudió a su botiquín en donde, sin querer, volcó un frasco de colodión (nitrato de celulosa disuelto en éter y alcohol). Esto provocó que quedara en su estantería una capa de nitrocelulosa. Al verla, se dio cuenta de que este compuesto uniría mejor su mezcla de serrín y papel, en lugar de la cola. De este modo inventó el celuloide.
Apósitos adhesivos
En la década de los locos 20, Josephine Dickson es una recién casada feliz y muy proclive a los accidentes domésticos, especialmente con los cuchillos en la cocina.
Tiene la suerte, sin embargo, de estar casada con Earle, un empleado de Johnson & Johnson que se dedica a la compra de algodón. Un día, viendo este la innumerable cantidad de veces que debe curar las heridas de su mujer y lo incómodos que son los vendajes en los dedos y manos donde se mueven y se caen al poco tiempo, decide hacer algo. Se le ocurre que le podría dejar vendajes más pequeños y manejables hechos de antemano a su linda esposa.
De esta forma Josephine se puede cuidar ella misma con facilidad y sin necesidad de asistencia si le ocurre algún percance. Después de todo él no está todo el día en casa y no es cuestión de quedarse viudo por culpa de rustido de carne, por delicioso que esté. Se sienta en la mesa de la cocina con cinta de tela adhesiva, algodón, algo de gaza y un par de tijeras; comienza a pegar cuadritos de algodón cubiertos de gasa estéril en el centro de varios trozos de tira adhesiva. Así nace el prototipo de nuestras tiritas, tan prácticas y útiles.
Cuando comenta su truco con los compañeros, en la dirección de Johnson & Johnson oyen hablar de este vendaje que se puede aplicar con una sola mano. !Y se enamoran de la idea!
Las primeras tiritas (llamadas Band Aids) se hacen a manos y no se venden demasiado bien. Hasta que tienen una genial idea de marketing y publicidad: las regalan a los Boys Scouts (que pululaban en aquellos tiempo por allí tanto como nuestros chicos y chicas de la OJE por aquí)… en un par de años las tiritas eran algo común en todos los hogares americanos, y eran fabricadas a máquina para suplir la demanda.
En 1951 ya se hacian decoradas (Superheroes como BatMan, estrellas…de todo) y en 1960 se introduce la tirita de vinilo que todos conocemos. Años después, ¡ ooooh !, aparece la resistente al agua. Y luego para distintos colores de piel, ¡nada de racismo!
Velcro
¿Cuantas veces has ido a pasear por el campo y has vuelto con esas dichosas semillitas agarradas a los calcetines, a los bajos del pantalón, a los cordones del zapato? ¡Y el trabajo que cuesta quitarlas!
Pues eso mismo le pasaba a George de Mestral, joven ingeniero eléctrico, cuando paseaba con su perro por la montaña y el campo allá en Suiza. Y un buen día que estaba peleando por desenganchar las dichosas semillas de cardo alpino del pelaje de su chucho, le dió por averiguar cómo y porqué los puñeteros abrojos se agarraban tan bien al pelo del animal. Poniendo las semillas bajo un microscopio descubrió un sistema de agarre compuesto de minúsculos ganchos, ideales para atascarse en los tejidos y las pieles animales.
Hasta aquí la mente inquieta, que ya es un punto a su favor que tranquilizara su curiosidad. Pero también tenía una mente imaginativa y vio lo útil que podía ser este sistema si se conseguía aplicar a la vida diaria.
Esto era en 1941. Tardó ¡10 años! en desarrollar del todo un sistema que fuera práctico y aplicable al que llamó VELCRO (un nombre con gancho, nunca mejor dicho) del francés “velour”, pana, y “crochet”, gancho, y también en convencer al mundo que era cómodo y seguro.
No es que sea uno de esos inventos que han cambiado la historia de la humanidad, pero es comodísimo, ligero, no se oxida, no se pudre y se emplea en miles de situaciones (los astronautas para fijar sus herramientas en el espacio)… sólo es cuestión de idoneidad e imaginación. (lo reconozco I Love Velcro!)
Eso sí, lo inventó en el momento adecuado pues sin las fibras sintéticas (nylon calentado por infrarojos) , hubiese sido muy difícil realizar dos tiras, una repleta de ganchos y otra de lazos, que apretadas entre sí formaran una única tira firme que se pudiera volver a separar aplicando cierto esfuerzo.
Una serendipia es un descubrimiento científico afortunado e inesperado que se realiza accidentalmente.
Algunos ejemplos
Post-it
Las famosísimas notas Post-it surgieron tras un olvido de un operario de la fábrica de 3M, que descuidó añadir un componente a un pegamento, lo que dio como resultado un adhesivo poco potente. Toda la partida de pegamento se apartó y guardó, pues era demasiado valioso como para tirarlo aunque apenas tuviera poder adhesivo. Más tarde Art Fry, uno de los ingenieros de la empresa y un hombre devoto de la Iglesia Presbiteriana del Norte, harto de señalar las canciones con papelitos en su libro de salmos y perder las señales a cada momento, recordó la vieja partida de pegamento malogrado. Con él confeccionó las primeras de estas notas de quita y pon.
Cueva de Altamira
La Cueva de Altamira fue descubierta en 1868 gracias a que el perro de un cazador se introdujo por una ranura entre las piedras que taponaban su entrada. Desde entoncen un arqueólogo aficionado santanderino, Marcelino de Sautuola, la visitó repetidamente en busca de restos arqueológicos. Pero no fue hasta el verano de 1879 cuando María, su hija pequeña que le acompañaba en algunas de sus visitas, encontró las pinturas rupestres en su interior también de forma casual al alejarse en demasía de su padre.
Celuloide
En 1870 John Wesley Hyatt, un inventor de Nueva Jersey, estaba prensando una mezcla de serrín y papel con cola en un intento de obtener un material que pudiese sustituir el marfil de las bolas de billar. Enfrascado en su trabajo se cortó un dedo y acudió a su botiquín en donde, sin querer, volcó un frasco de colodión (nitrato de celulosa disuelto en éter y alcohol). Esto provocó que quedara en su estantería una capa de nitrocelulosa. Al verla, se dio cuenta de que este compuesto uniría mejor su mezcla de serrín y papel, en lugar de la cola. De este modo inventó el celuloide.
Apósitos adhesivos
En la década de los locos 20, Josephine Dickson es una recién casada feliz y muy proclive a los accidentes domésticos, especialmente con los cuchillos en la cocina.
Tiene la suerte, sin embargo, de estar casada con Earle, un empleado de Johnson & Johnson que se dedica a la compra de algodón. Un día, viendo este la innumerable cantidad de veces que debe curar las heridas de su mujer y lo incómodos que son los vendajes en los dedos y manos donde se mueven y se caen al poco tiempo, decide hacer algo. Se le ocurre que le podría dejar vendajes más pequeños y manejables hechos de antemano a su linda esposa.
De esta forma Josephine se puede cuidar ella misma con facilidad y sin necesidad de asistencia si le ocurre algún percance. Después de todo él no está todo el día en casa y no es cuestión de quedarse viudo por culpa de rustido de carne, por delicioso que esté. Se sienta en la mesa de la cocina con cinta de tela adhesiva, algodón, algo de gaza y un par de tijeras; comienza a pegar cuadritos de algodón cubiertos de gasa estéril en el centro de varios trozos de tira adhesiva. Así nace el prototipo de nuestras tiritas, tan prácticas y útiles.
Cuando comenta su truco con los compañeros, en la dirección de Johnson & Johnson oyen hablar de este vendaje que se puede aplicar con una sola mano. !Y se enamoran de la idea!
Las primeras tiritas (llamadas Band Aids) se hacen a manos y no se venden demasiado bien. Hasta que tienen una genial idea de marketing y publicidad: las regalan a los Boys Scouts (que pululaban en aquellos tiempo por allí tanto como nuestros chicos y chicas de la OJE por aquí)… en un par de años las tiritas eran algo común en todos los hogares americanos, y eran fabricadas a máquina para suplir la demanda.
En 1951 ya se hacian decoradas (Superheroes como BatMan, estrellas…de todo) y en 1960 se introduce la tirita de vinilo que todos conocemos. Años después, ¡ ooooh !, aparece la resistente al agua. Y luego para distintos colores de piel, ¡nada de racismo!
Velcro
¿Cuantas veces has ido a pasear por el campo y has vuelto con esas dichosas semillitas agarradas a los calcetines, a los bajos del pantalón, a los cordones del zapato? ¡Y el trabajo que cuesta quitarlas!
Pues eso mismo le pasaba a George de Mestral, joven ingeniero eléctrico, cuando paseaba con su perro por la montaña y el campo allá en Suiza. Y un buen día que estaba peleando por desenganchar las dichosas semillas de cardo alpino del pelaje de su chucho, le dió por averiguar cómo y porqué los puñeteros abrojos se agarraban tan bien al pelo del animal. Poniendo las semillas bajo un microscopio descubrió un sistema de agarre compuesto de minúsculos ganchos, ideales para atascarse en los tejidos y las pieles animales.
Hasta aquí la mente inquieta, que ya es un punto a su favor que tranquilizara su curiosidad. Pero también tenía una mente imaginativa y vio lo útil que podía ser este sistema si se conseguía aplicar a la vida diaria.
Esto era en 1941. Tardó ¡10 años! en desarrollar del todo un sistema que fuera práctico y aplicable al que llamó VELCRO (un nombre con gancho, nunca mejor dicho) del francés “velour”, pana, y “crochet”, gancho, y también en convencer al mundo que era cómodo y seguro.
No es que sea uno de esos inventos que han cambiado la historia de la humanidad, pero es comodísimo, ligero, no se oxida, no se pudre y se emplea en miles de situaciones (los astronautas para fijar sus herramientas en el espacio)… sólo es cuestión de idoneidad e imaginación. (lo reconozco I Love Velcro!)
Eso sí, lo inventó en el momento adecuado pues sin las fibras sintéticas (nylon calentado por infrarojos) , hubiese sido muy difícil realizar dos tiras, una repleta de ganchos y otra de lazos, que apretadas entre sí formaran una única tira firme que se pudiera volver a separar aplicando cierto esfuerzo.