InicioArteDos pájaros de un tiro - cuento propio

Dos pájaros de un tiro - cuento propio

Arte7/1/2010

Morir al borde de una zanja no es muerte digna para un caballero. Pero El Bocón no era un caballero, era una lacra hasta en ese ámbito de delincuentes donde se movía, no tenia código alguno, y morir ahí quizás era lo más digno que podía obtener. Rogó por su vida gritando y llorando, pero no tuvo éxito en su pedido. El Topo dio la orden y sus matones le dispararon a quemarropa, el cuerpo rodó hasta la zanja, donde se formó una pileta de agua podrida y sangre. Ya no había conexión alguna entre la muerte del Tanque y el Topo. Y mejor aún, no existía la posibilidad de que aquel hombre de lengua larga lo chantajeara a cambio de unos pesos.

Primero pensó en huir, pero sería un acto cobarde y de todas maneras el Tanque lo encontraría donde fuese que se escondiera; después decidió resignarse y aceptar con cierto honor su fatal destino; luego pensó mejor y se dio cuenta que era una estupidez dicha resignación, buscó su nueve milímetros, llevó una silla frente a la puerta de entrada de su casa, y se sentó a esperar al Tanque. Unos minutos después de las seis de la tarde escuchó el motor de la Ford, una frenada abrupta y más tarde un estruendo, era el Tanque que había derribado la puerta de una patada. Se quedaron mirándose. El visitante avanzó.

- Disculpá, jefe – dijo el Mono, parándose de la silla, y disparó dos veces.

El Tanque reculó unos metros, resbaló en el escalón de entrada y cayó de espaldas sobre la vereda mugrienta, repleta de volantes de ofertas de supermercado. Uno de los tiros le dio en la cara, desfigurándosela por completo, el otro en el medio del pecho. La victima quedó mirando el cielo gris con los dedos de sus manos como garras de águila, su visión fue interrumpida por la cara del Mono.

- ¿Por qué Monito? – dijo el moribundo, muy bajo, entrecortado y entre babas de sangre que salían de su boca.

- Disculpá, Jefe – repitió el otro y disparó dos tiros más en el pecho.

En la calle los transeúntes se escondieron detrás de tapiales, postes de luz o simplemente corrieron. El Mono entró a su casa, buscó las llaves de su Chevrolet Corsa y salió en este a toda velocidad. Media hora más tarde lo atrapó la policía, y cuando lo iban metiendo dentro del móvil vio un auto conocido estacionado cerca, el conductor de este bajo la ventanilla, era el Topo, le guiñó un ojo, sonrió y se quedó mirando la escena, disfrutándola. El Mono no le quitó la vista hasta que el patrullero se lo llevó rumbo a la comisaría.

El Bocón, no había nombre más adecuado para es flaco escuálido que se dedicaba a traer y llevar información de un bando al otro. Eso le había costado dos dedos, uno de cada mano, uno de cada bando, los pulgares, pero también le daba mucho rédito monetario, su información se cotizaba bien.

- De esto se tiene que entera’ el Tanque, sabe’, e’ una cuestión de principio’. Las mina’ de lo’ amigo’ no se tocan, sabe’, y meno’ la novia de un jefe – dijo El Bocón mientras comía un choripán y tomaba cerveza en un vaso sucio, todo a la vez.

- Mirá, yo que vos no me metería, el Mono y el Tanque son muy amigos, y la mina es una puta, vos sabes que es una puta. Te puede costar otro dedo – dijo el cholo.

- No me importa, no me importa, es una cuestión de principio’ sabe’, codigosss loco, codigosss. Ademá’ le puedo contar a alguien má’ que al Tanque, o lo puedo extorsiona’ al mono también, ¿no? ¿Qué decí’?

- Que te va costar otro dedo, eso te digo flaco.

El Bocón cenaba un choripán con cerveza frente al hotel Álamo. De ese hotel vio salir un Corsa gris con vidrios polarizados. Al darse cuenta que era el del Mono, salió a toda velocidad del restaurant se subió a la moto y lo siguió.

- A ver con que putita anda este – dijo mientras arrancaba la Zanella a patadones.

El Mono no se percató de que lo seguían aunque era bastante evidente, El Bocón estaba a penas a unos cincuenta metros del Corsa. Pero el Mono venía entretenido. La Negrita, como llamaban a la novia del Tanque, le venía acariciando el pelo, le daba besos en el cuello y le mordía la oreja mientras el otro intentaba concentrarse en el camino. Cuando El Bocón vio donde paraba el Corsa y la mujer que bajaba de él, salió a toda velocidad en dirección contraria, volvió al restaurant a terminar choripán y ahí le contó todo al dueño del lugar, al cholo.

- ¿Qué querés acá pedazo de mierda? – dijo el Tanque sentado en el tapial de su casa y comiendo una manzana al bocón que se acercaba despacio - ¿Querés que te haga cortar otro dedo?

- Je,je, no Tanque. Te traigo información de la buena, sabe’. ¡De la buena buena!

- Siempre decís lo mismo, largá, dale.

- Je,je, Tanque, vos sabés que yo laburo de esto, no e’ gráti’.

- ¿Cuánto queré’?

El Bocón se secó la transpiración de la frente, se frotó la boca con la parte superior de la muñeca y dio su precio.

- Una luca, Tanque.

- Ja, tomatelás. Tomatelás antes que agujereé flaco de mierda.

- Lo vale, esta la vida del Mono en juego, sabe’.

El Tanque se levantó del tapial, El Bocón siguió con sus ojos como su interlocutor crecía en tamaño y retrocedió unos pasos.

- ¿Qué decís? Largá, contá todo o te mato.

- Je, no te ponga’ así Tanque, si me mata’ no te va’ a entera’, sabe’.

El Tanque tomó al flaco por el cuello, lo levantó varios centímetros del piso y lo empezó a sacudir.

- Ta’ bien, ta’ bien – dijo el otro ahogándose.

El Tanque lo soltó y el flaco se desparramó en el suelo. Cuando se reincorporó, se sacudió la ropa, y negoció.

- Dame dosciento’ cincuenta ahora, y el resto cuando termine de contarte, ¿sí?

El Tanque entró a la casa, el flaco sonrió mientras se agarraba el cuello casi bordo del apretón que le habían dado.

- Más te vale que sea buena la información pedazo de mierda – dijo el Tanque mientras salía de su hogar con un puñado de billetes. Le entregó una parte al bocón.

- Ahí va: el Topo se la tiene jurada a tu pibe de oro, sabe’. Lo va a hace’ caga’ fuego esta tarde a la’ sei’. ¿Sabe’ por qué? Porque sabe que e’ tu punto débil, y como a vo’ no te puede toca’, va por el monito.

- ¿Cómo te enteraste de esto?

- Je, no revelo mi’ fuente’ Tanque, sabe’

El Tanque le iba a dar otra sacudida al bocón pero vio que faltaban apenas quince minutos para las seis. Si era cierto lo que El Bocón dijo, tenía que salir lo más rápido posible, así que subió a su Ford Explorer y encaró para lo del Mono.

- Si llega a ser mentira esto, te busco y te corto una mano, bolsa de mierda – le gritó el Tanque al bocón, mientras le tiraba el resto de la plata por la ventanilla. El otro se arrastró por el piso en busca de su paga.

El Mono jugaba al solitario y fumaba un porro cuando sonó el timbre. Abrió la ventanita de su puerta y vio al flaco escuálido, al bocón.

- ¿Qué carajo querés acá?

- Hola Monito, haceme pasa’, hace frio, sabe’.

- Monito las pelotas, ¿qué querés?

- Je, ¿no me va’ a hace’ pasa’?, ta’ bien Monito.

- Martín para vos, puto.

- Bueno, Martín, solo te venía a decí’ que tu jefe ta’ un poquito enojado con vo’, sabe’.

- ¿Cómo?

- Uno de la banda te vio salir del telo con La Negrita, y le contó al Tanque, sabe’.

- ¿Quién le contó?

- Je, haceme pasa’ y te cuento ma’.

El Mono abrió la puerta, miró a ambos costados para cerciorarse de que nadie viera entrar a esa mugre a su casa, y lo dejó pasar.

- Contame.

El Bocón sonrió con tres dientes, se llevó la mano derecha hasta la altura del mentón y frotó varias veces el dedo índice con el muñón del dedo gordo. El Mono buscó su billetera, sacó trescientos pesos y se los dio.

- Te vio Juancito, estaba morfando en el restaurante del cholo, fue enseguida a buchonearle al Tanque. A mí me contó el cholo, me contó también que esta tarde te viene a busca’ el mismo Tanque, a la sei’. Te va hace’ caga’. Viene solo, dijo que era una cuestión de honor je, je.

El Mono miró el reloj, faltaba una hora para las seis.

- Esta bien, te podes ir pedazo de bosta – dijo mientras lo empujaba al otro hacía la salida y le cerraba la puerta en la cara.

La casa del Topo era gigante y dos gorilas enormes la custodiaban. A diferencia del Tanque el Topo no era un tipo respetado y cualquier por unos mangos lo podía hacer cagar. Además controlaba una porción muy pequeña del negocio, el resto era todo de su rival, a quién intentó asesinar en varias oportunidades, pero nadie del lugar se animaba, y los de afuera que contrataba terminaban en una zanja con un tiro en la frente.

Cuando El Bocón llego los dos guardias lo detuvieron.

- ¿A qué venís pajero? – dijo uno de los custodios

- Voy a hace’ que tu jefe se llene de guita, sabe’, llamamelo.

- Salí de acá flaco pajero, salí que no tenemos ganas de cagarte a trompadas, hace frío y nos van a doler los dedos, además ni dientes te quedan infeliz – dijo el otro y ambos rieron con ganas.

- Denle muchacho’ es un ratito’ y me lo van a agradece’. Tengo informacio’ de la buena buena.

Luego de insistir bastante y tener que pagarle cien mangos a cada uno, los guardias dejaron que El Bocón pase, previó visto bueno del Topo, que lo esperó en la puerta sin dejar entrar a su casa a la lacra delgada y de pocos dientes, de fondo se veía a su mujer e hijas mirando tevé y tomando mates.

- Dale, que tenés para contar – dijo el Topo cruzando los brazos.

- Je, Señor Ramirez, uste’ sabe que mi información no es grati’.

El Topo hizo una seña a los custodios que fueron sobre El Bocón, lo tomaron de ambos brazos y lo llevaron por el aire hacía la salida.

- Está bien, está bien, le cuento, le cuento, pero después me paga – dijo el flaco revoleando las patitas, tratando de hacer pie.

- Dale, contá.

El Bocón se safó de los roperos y se acercó al Topo, pegó su boca a una de sus grandes orejas peludas y le contó a quien había visto salir del hotel El Álamo. El Topo miró hacia abajo, mordió sus labios, hizo un movimiento de negación con la cabeza y soltó un puñetazo que dio en medio de la mejilla derecha del bocón que se quedó mirándolo sorprendido.

- Hace semanas que el Tanque sabe de eso pedazo de pelotudo, ¿y me lo venís a contar como una novedad? Rajá, rajá, antes que te haga cagar.

- ¿Cómo? ¿Y uste’ como sabe’ eso?

- Tuve un almuerzo con el Tanque hace unas semanas y le conté lo que su pibe le estaba haciendo, me dijo que no le importaba, que La Negrita era mucha mina para él, y que sabía que se la podía culear solo por el poder que tenía, y que si había algo que arreglar con el Mono lo harían en otro momento, que era algo entre ellos dos, ¿ves pelotudo? Andate con tus informaciones a otro lado. No me sirve. ¡Muchachos! ¡Saquen esta mierda de mi casa!

El Bocón quedó inmóvil, vio a los guardias que se acercaban con intenciones de echarlo y de darle una buena cagada a palo como pasaba casi siempre que aparecía por ahí, fue en esos segundos que tuvo el momento de mayor lucidez de su vida.

- ¡Espere, Señor Ramirez!

- ¿Qué? – dijo en tono agresivo El Topo, casi cerrando la puerta de su casa.

- ¿El Mono sabe que el Tanque sabe?

- No, no sabe. ¿Qué pensas ir a sacarle unos mangos al Mono por eso, montón de mierda?

- Je,je, no, tengo una idea mejor. Deme una luca y se la cuento.



Datos archivados del Taringa! original
0puntos
128visitas
0comentarios
Actividad nueva en Posteamelo
0puntos
3visitas
0comentarios
Dar puntos:

Dejá tu comentario

0/2000

Autor del Post

e
elcondor1982🇦🇷
Usuario
Puntos0
Posts130
Ver perfil →
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.