
La Alemania nazi inició un fuerte movimiento antitabaco, después de que los médicos alemanes fueran los primeros en identificar la relación entre fumar y cáncer de pulmón. Este descubrimiento llevó a la primera campaña pública antitabaco de la historia moderna.

La aversión personal de Adolf Hitler hacia el tabaco y las políticas reproductivas de la Alemania nazi fueron algunos de los factores motivadores detrás de esta campaña contra el tabaco.

La campaña antitabaco nazi incluyó la prohibición de fumar en tranvías, buses y trenes urbanos. Asimismo, promovió la educación sanitaria, limitó las raciones de cigarrillos en la Wehrmacht (fuerzas armadas unificadas de la Alemania nazi), organizó conferencias médicas para los soldados y aumentó el impuesto al tabaco.

Los nazis también establecieron restricciones a la publicidad del tabaco y a fumar en espacios públicos, restaurantes y cafeterías.

Adolf Hitler era un gran fumador en su vida temprana: solía fumar entre 25 y 40 cigarrillos por día; pero dejó el hábito al concluir que era un derroche de dinero (crack).
En años posteriores, Hitler consideró el hábito de fumar como «decadente» y por ello, lamentaba que «se hayan perdido tantos hombres excelentes por envenenamiento con el tabaco». No estaba contento con que tanto Eva Braun como Martin Bormann fueran fumadores y estaba preocupado por el hábito frecuente de Hermann Göring de fumar en lugares públicos. Se molestó cuando fue encargada una estatua que retrataba a Göring fumando un cigarro. A menudo, Hitler es considerado el primer líder nacional en abogar en contra de fumar.

Hitler desaprobó la libertad del personal militar de fumar y, durante la Segunda Guerra Mundial, el 2 de marzo de 1942, dijo que «fue un error, rastreable a la dirigencia del ejército de la época, al inicio de la guerra». También sostuvo que «no era correcto decir que un soldado no podía vivir sin fumar». Prometió poner fin al uso del tabaco en el ejército tras el fin de la guerra. Hitler, personalmente, incentivó a algunos amigos cercanos a no fumar y premió a aquellos que dejaron de hacerlo; sin embargo, la aversión personal de Hitler hacia el tabaco fue solo uno de varios catalizadores detrás de la campaña antitabaco.


