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Doping cerebral: el auge de las neuropelículas

Info10/17/2011
Doping cerebral: el auge de las neuropelículas




¿Qué hay detrás de los films, como Sin límites, que ahondan en la manipulación del cerebro? ¿Se vienen los fármacos para mentes sanas?




Mas que de respuestas, la ciencia se alimenta de preguntas. Son su motor, su gasolina. "¿Hubo algo antes del big bang?", "¿existen otros universos?", "¿por que hay algo en lugar de nada?", "¿qué es la conciencia?" Quizá sean de los interrogantes basales de la actividad científica de nuestra época, aquellas grandes dudas que se mezclan con la filosofía y hacen que vivir sea, ante todo, un gran misterio. Sin embargo, hay preguntas menores que guían la investigación. Sin ellas no habría papers, ni inventos, ni premios Nobel, ni canales llamados NatGeo o Discovery o personalidades televisivas como Adrián Paenza.

Entre estas preguntas-guía, por ejemplo, destaca la inefable "¿Y si...?" No hay prácticamente científico (o científica) -y ser humano en general- que no se la haga al menos una vez al día. ¿Y si pruebo esto en vez de aquello? ¿Y si voy por acá en lugar de por allá? Es, al fin y al cabo, el puntapié de la experimentación y de la creatividad. Obviamente, en la investigación científica la respuesta a este interrogante muchas veces choca contra la pared de la ética, de lo que se puede o no experimentar en seres humanos. En el amplio campo de las neurociencias, estos dilemas se aprecian con mayor claridad: ¿y si probamos tal o cual droga para fortalecer la memoria? ¿Y si buscamos la manera de mejorar habilidades cognitivas en cerebros relativamente "sanos"? ¿Se puede?

Los neurocientíficos (neurobiólogos, neurofísicos, psiquiatras) se lo preguntan mientras van al gimnasio, mientras duermen, mientras toman un café con leche o mientras juegan al fútbol, aunque a la larga muchas veces desistan a la hora de ponerlas a prueba en individuos de carne y hueso.

Para desplegar una idea y pensar qué podría llegar a ocurrir, mejor es la ficción, las películas en que nadie sufre las consecuencias de un mal tratamiento o de los efectos secundarios no deseados de un medicamento.






Desde hace un par de años, las neuropelículas -o neurothrillers - se multiplicaron tanto como lo hicieron las comedias románticas a principios de los 90. Y con justa razón: a fin de cuentas, son laboratorios en los que nadie -más allá de los personajes, claro- muere. Memento (2000) es una reflexión sobre la memoria y sus trastornos (la incapacidad de retener nuevos recuerdos); Eterno resplandor de una mente sin recuerdos (2004) coquetea con el tema de la eliminación de recuerdos traumáticos; e Inception (2010) transcurre en el borde entre la realidad y el extraño mundo de los sueños o el "enigmático teatro nocturno", como lo llamó el escritor alemán Dieter E. Zimmer.

*** (o Sin límites) es el último de estos experimentos mentales (o Gedankenexperiments como los llamaba Einstein), un cruce de ciencia y ficción en el que se explora un tema del que con seguridad se hablará cada vez con más fuerza en los próximos años: el doping cerebral.

"Todo lo que alguna vez leí, escuché o vi en mi vida se organizó en mi cabeza -cuenta Eddie Morra ( Bradley Cooper ), el protagonista de la película-. De repente, supe exactamente qué hacer y cómo hacerlo." Después de un mes de tomar la droga mágica NZT-48, este escritor caótico y en la ruina se convierte en una nueva persona: aprende italiano y a tocar el piano en tres días, escribe un libro en cuatro, se hace multimillonario, burla al personaje de Robert de Niro y evita que le den una paliza de aquellas al recordar una vieja película de Kung- Fu. Aunque, claro, nunca hay nada bueno sin efectos secundarios: al cabo de un tiempo, pierde la noción del tiempo y se despierta en lugares adonde no tiene idea cómo llegó (obviamente, todos sabemos que muchas veces eso ocurre sin que hayamos tomado ninguna pastilla).








Lo cierto es que, si bien la NZT-48 no existe más allá del mundo de fantasía de *** y de los sitios virales creados para promocionar la película ( www.theclearpill.com ), las llamadas smart pills están en plena experimentación en ratones: algunas incitan la sobreproducción cerebral de una proteína llamada RGS14, que aumenta la memoria visual de las ratas. El premio Nobel de Medicina, Eric Kandel -quizás el neurocientífico más respetado del mundo-, demostró que al manipular unas células cerebrales llamadas "CREB", que intervienen en los procesos de formación de las denominadas memorias de largo plazo, se puede conseguir moscas cien veces más listas.

En humanos, los casos de drogas más cercanas a la NZT -anfetaminas y otros estimulantes como la cafeína- sirven para mejorar levemente la concentración y sólo provocan la ilusión de un aumento de inteligencia. Por ejemplo, una droga llamada Modafinil, usada por personas que sufren de narcolepsia (un raro trastorno que hace que padezcan de un sueño incontrolable durante el día), es empleada para mantener en estado de alerta a las tropas estadounidenses.

Como era de esperar, estos upgrades cerebrales se encuentran en el ojo de la tormenta: constituyen la última gran controversia neurocientífica y son observadas con atención por una nueva disciplina llamada "neuroética", cuyos impulsores no dejan de preguntarse si llegará el día en que será necesario pedirles a los estudiantes una muestra de orina antes de rendir un examen.





¿Qué hay detrás de los films, como Sin límites, que ahondan en la manipulación del cerebro? ¿Se vienen los fármacos para mentes sanas?
Pero volviendo a ***: en realidad, su argumento no es tan nuevo. De hecho, recuerda (y mucho) a Flores para Algernon, [PDF] un relato de ciencia ficción escrito por Daniel Keyes en 1959. Pero sí es interesante cómo la película enfoca un nuevo tema: el consumo de fármacos en cerebros sanos (aunque qué es "sano" esté en debate). Hasta ahora la neurofarmacología giraba en torno a personas con algún trastorno. Pese al bombardeo de publicidades fraudulentas que prometen mejorar la memoria y pese a su insaciable afán de lucro, esta industria nunca tuvo como destinatario (real) a los individuos sin síntomas de problemas mentales.

La gran metida de pata de la película tal vez sea insistir con aquel falso mito de que usamos sólo un 10 o 20 por ciento de nuestro cerebro pese a que los neurocientíficos no se cansen de aclarar que no hay áreas secretas, que usamos todo nuestro potencial cerebral. Pero aun con esa deficiencia, la película llama la atención al explorar las consecuencias de jugar con las cien mil millones de neuronas que tenemos entre las orejas y nos hacen ser quiénes somos.

Y al hacerlo, *** desliza un mensaje políticamente incorrecto, que queda en la memoria incluso después de salir de la sala del cine, y quizá se le pasó a algún mojigato: "Winners use drugs" (los ganadores usan drogas





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