El candirú, cuyo nombre científico es vandellia cirrhosa, es un pequeño pez con forma de gusano, pero provisto de filosas aletas a lo largo de todo su cuerpo, el cual tiene un largo de entre 5 y 20 centímetros y es casi transparente. Es increíblemente rápido y ágil en su hábitat natural: el Río Amazonas.
El candirú es considerado por la ciencia como un parásito, de hecho, también se lo denomina comúnmente “pez vampiro”, dado que el mismo se alimenta de la sangre de otros peces. El mecanismo es simple: el candirú nada hasta las branquias de su víctima, se sostiene en el lugar gracias a sus (ya mencionadas) filosas aletas y, una vez firme, chupa la sangre de su anfitrión con ayuda de su poderosa mandíbula.
Estas costumbres “non santas” hacen de este pececito un ser que, por decirlo suavemente, no sería capaz de despertar en nosotros ninguna clase de simpatía.
Sin dudas no estamos hablando de “el mejor amigo del hombre”. Y hablando de eso, casi olvido contarles que al candirú lo atraen ciertos compuestos nitrogenados de la orina... ¿Se imaginan lo que ocurre cuando alguien intenta orinar en un río habitado por estas criaturas? El candirú, atraído por el aroma de la orina, se acerca rápida y sigilosamente. Por ser casi transparente, es prácticamente imposible verlo cuando se aproxima. Y, cuando llega, el candirú no vacila: raudamente se introduce por el pequeño agujero del pene y, una vez dentro, se aferra fuertemente, enganchándose con sus filosas aletas. Luego no le queda mucho más por hacer, o sea, no mucho más que chupar toda la sangre que pueda.
Claramente, no se trata de “el mejor amigo del hombre”. Ah, y tampoco se trata del mejor amigo de la mujer, ya que también realiza la misma práctica parasitaria en vaginas. Incluso, alguna que otra vez, se introduce, quizás confundido, por el ano (¿a quién no le ha pasado alguna vez?).
En fin, es por todo esto, amigos, que nadie mea en el Amazonas.
El candirú es considerado por la ciencia como un parásito, de hecho, también se lo denomina comúnmente “pez vampiro”, dado que el mismo se alimenta de la sangre de otros peces. El mecanismo es simple: el candirú nada hasta las branquias de su víctima, se sostiene en el lugar gracias a sus (ya mencionadas) filosas aletas y, una vez firme, chupa la sangre de su anfitrión con ayuda de su poderosa mandíbula.
Estas costumbres “non santas” hacen de este pececito un ser que, por decirlo suavemente, no sería capaz de despertar en nosotros ninguna clase de simpatía.
Sin dudas no estamos hablando de “el mejor amigo del hombre”. Y hablando de eso, casi olvido contarles que al candirú lo atraen ciertos compuestos nitrogenados de la orina... ¿Se imaginan lo que ocurre cuando alguien intenta orinar en un río habitado por estas criaturas? El candirú, atraído por el aroma de la orina, se acerca rápida y sigilosamente. Por ser casi transparente, es prácticamente imposible verlo cuando se aproxima. Y, cuando llega, el candirú no vacila: raudamente se introduce por el pequeño agujero del pene y, una vez dentro, se aferra fuertemente, enganchándose con sus filosas aletas. Luego no le queda mucho más por hacer, o sea, no mucho más que chupar toda la sangre que pueda.
Claramente, no se trata de “el mejor amigo del hombre”. Ah, y tampoco se trata del mejor amigo de la mujer, ya que también realiza la misma práctica parasitaria en vaginas. Incluso, alguna que otra vez, se introduce, quizás confundido, por el ano (¿a quién no le ha pasado alguna vez?).
En fin, es por todo esto, amigos, que nadie mea en el Amazonas.