El hermano Víctor Hirch, de la congregación de los Misioneros del Verbo Divino, es responsable de Cáritas Quilmes. En una entrevista para Revista Don Orione, enfoca el problema del déficit habitacional en el gran Buenos Aires, una de las grandes deudas sociales que son parte de la pobreza estructural de nuestro pueblo.
Víctor es parte de la diócesis de Quilmes, un conjunto geográfico que comprende tres partidos de la zona sur del gran Buenos Aires: Florencio Varela, Berazategui y Quilmes, en los que viven cerca de un millón doscientos mil habitantes.
En materia de vivienda, existen sectores urbanos económicamente más desarrollados, otros de tipo obrero y semirural en situación más desfavorable, y también villas y asentamientos históricos que sufren carencias muy importantes.

Esta misma realidad se replica en otros lugares del país donde -según explica Víctor- el déficit habitacional sigue siendo importante:
V.H.- Se estima que el déficit habitacional está en el orden de los tres millones de unidades habitacionales; es muchísimo en relación a nuestra población, más si tenemos en cuenta que básicamente ese déficit esta concentrado en las áreas metropolitanas, sea en Buenos Aires, como el gran Córdoba, el gran Mendoza o el gran Rosario.
Además, nos encontramos con otro gran problema que es la carencia de titulación de las tierras. Esta situación viene de arrastre, y en muchos casos, se da con gente que hace 25 o 30 años que está asentada en un determinado lugar. La falta de regularización dominial genera gran inseguridad en la gente, más aun, cuando le impide acreditar domicilio, y por lo tanto no puede acceder a servicios, créditos u otros derechos.
RDO.- ¿Pero no han aumentado los planes de vivienda?
V.H.- Sí, pero a pesar de que ha aumentado la cantidad de obra pública del Estado, desde muchas organizaciones se está en desacuerdo con la modalidad utilizada para la solución habitacional. Porque no se trata sólo de formar parte de una lista de espera para llegar a vivir en un núcleo habitacional creado de manera artificial, que provoca un éxodo de personas de un lugar a otro del Gran Buenos Aires.
Además las respuestas deben ser más ágiles. Por tomar un ejemplo, tenemos el caso de Florencio Varela, donde hay cerca de diez mil familias en lista de espera.
Otro problema viene por el lado del negocio inmobiliario que es fuerte y logra en muchos casos expulsar a la gente que vive en el lugar, para realizar después una inversión de primer nivel. Es el caso de buena parte de la ribera de Quilmes, que durante mucho tiempo fue una zona marginal, y donde la gente se ubicó como pudo, aún con viviendas precarias, soportando hasta las inundaciones. Hoy, ese legítimo derecho de la gente se ve atropellado por el capital inmobiliario que pretende construir un complejo de torres y otras construcciones, que van a tener valores altísimos.
Desde las capillas y centros de Cáritas se ha estado acompañando a las familias, y también a la gente que se reúne en asamblea para luchar contra la erradicación. Es necesario en casos como éstos, dar difusión y abrir el debate acerca de por qué se promueven estas iniciativas y se dejan de lado los intereses de la gente más pobre.
RDO.- ¿Cuál debería ser el rol del Estado?
V.H.- Está claro que es el Estado el que tiene los mayores recursos y las mayores posibilidades de respuesta, y también la responsabilidad de que la población pueda alcanzar sus derechos. Por eso, tiene que brindar otras herramientas, ayudando a que la gente regularice el espacio que ocupa, y tenga así, la certeza sobre el predio en que vive. Además, hace falta una mejor planificación urbana con posibilidad de acceso a todos los servicios, al transporte público, a poder conseguir un crédito.
Todos los que venimos del interior sabemos que es difícil dejar el terruño propio, más porque uno no tiene ganas de abandonar su tierra, sino porque se busca saldar una carencia económica y construir un mejor futuro para los hijos; entonces se empieza a peregrinar por distintas realidades hasta que se asienta donde las condiciones son más favorables.
RDO.- ¿Qué acciones ha impulsado la Iglesia a través de Cáritas?
V.H.- Desde Cáritas se hizo un convenio con el Ministerio de Planificación de la Nación para desarrollar lo que denominamos “Viviendas Cáritas”. La dinámica es, primero ayudar a la gente a realizar el trámite de regularización dominial, luego a la autoconstrucción asistida. La idea es que tenga como protagonistas a las mismas personas beneficiarias.
RDO.- ¿Y cómo se lleva a cabo?
V.H.- Alguien de la familia puede realizar el proyecto y llevar adelante la obra, pero es asistido por un equipo técnico en aquellas cosas en las que no se cuenta con la habilidad específica: por ejemplo, desagües cloacales, instalación eléctrica, carpintería. La gente sabe hacer, pero necesita de ayuda para una buena terminación de obra. También, se va dando un proceso pastoral con la comunidad y el sacerdote del lugar, para que al mismo tiempo se vayan resolviendo las otras carencias.
Sin dudas, el hábitat es un eje central para el desarrollo de una vida digna; si saldamos esta deuda con nuestro pueblo, podremos saldar también otros derechos.
RDO.- ¿Los planes sociales sirven para saldar la deuda con el pueblo más pobre?
V.H.- No, porque los planes sociales que están dirigidos hacia la población pobre, tienen que ver con el ingreso, pero no con la erradicación de la pobreza estructural. Un programa asistencialista -y en muchos casos, clientelar- no modifica estructuralmente la pobreza, porque para eso hay que atender cuestiones de fondo, como tener una tierra y una vivienda asegurada, el acceso a una salud pública de buen nivel, y una educación mejor.
En el actual sistema capitalista hay quienes tienen un pasar tan acomodado que les proporciona todas las seguridades, a la vez que muchísimos otros sufren grandes necesidades. Por eso, si no hay reparto de las riquezas, la causa estructural de la pobreza no se podrá erradicar, a pesar de estar en un país como el nuestro, donde no faltan los recursos.
RDO.- ¿El problema de fondo es político o económico?
V.H.- Yo creo que en el fondo, es un problema moral; es el hecho de que haya gente a la que no le importe otra cosa que tener más renta y más beneficios. Los sistemas político y económico lo protagonizan personas, que también deben hacer un esfuerzo moral de conversión para ver la realidad de los demás que están en situaciones más desfavorables.
El hermano Víctor Hirch, de la congregación verbita, responsable de Cáritas Quilmes, junto a dos arquitectos involucrados en proyectos de Caritas
Comentar es Agradecer!!
Víctor es parte de la diócesis de Quilmes, un conjunto geográfico que comprende tres partidos de la zona sur del gran Buenos Aires: Florencio Varela, Berazategui y Quilmes, en los que viven cerca de un millón doscientos mil habitantes.
En materia de vivienda, existen sectores urbanos económicamente más desarrollados, otros de tipo obrero y semirural en situación más desfavorable, y también villas y asentamientos históricos que sufren carencias muy importantes.

Esta misma realidad se replica en otros lugares del país donde -según explica Víctor- el déficit habitacional sigue siendo importante:
V.H.- Se estima que el déficit habitacional está en el orden de los tres millones de unidades habitacionales; es muchísimo en relación a nuestra población, más si tenemos en cuenta que básicamente ese déficit esta concentrado en las áreas metropolitanas, sea en Buenos Aires, como el gran Córdoba, el gran Mendoza o el gran Rosario.
Además, nos encontramos con otro gran problema que es la carencia de titulación de las tierras. Esta situación viene de arrastre, y en muchos casos, se da con gente que hace 25 o 30 años que está asentada en un determinado lugar. La falta de regularización dominial genera gran inseguridad en la gente, más aun, cuando le impide acreditar domicilio, y por lo tanto no puede acceder a servicios, créditos u otros derechos.
RDO.- ¿Pero no han aumentado los planes de vivienda?
V.H.- Sí, pero a pesar de que ha aumentado la cantidad de obra pública del Estado, desde muchas organizaciones se está en desacuerdo con la modalidad utilizada para la solución habitacional. Porque no se trata sólo de formar parte de una lista de espera para llegar a vivir en un núcleo habitacional creado de manera artificial, que provoca un éxodo de personas de un lugar a otro del Gran Buenos Aires.
Además las respuestas deben ser más ágiles. Por tomar un ejemplo, tenemos el caso de Florencio Varela, donde hay cerca de diez mil familias en lista de espera.
Otro problema viene por el lado del negocio inmobiliario que es fuerte y logra en muchos casos expulsar a la gente que vive en el lugar, para realizar después una inversión de primer nivel. Es el caso de buena parte de la ribera de Quilmes, que durante mucho tiempo fue una zona marginal, y donde la gente se ubicó como pudo, aún con viviendas precarias, soportando hasta las inundaciones. Hoy, ese legítimo derecho de la gente se ve atropellado por el capital inmobiliario que pretende construir un complejo de torres y otras construcciones, que van a tener valores altísimos.
Desde las capillas y centros de Cáritas se ha estado acompañando a las familias, y también a la gente que se reúne en asamblea para luchar contra la erradicación. Es necesario en casos como éstos, dar difusión y abrir el debate acerca de por qué se promueven estas iniciativas y se dejan de lado los intereses de la gente más pobre.
RDO.- ¿Cuál debería ser el rol del Estado?
V.H.- Está claro que es el Estado el que tiene los mayores recursos y las mayores posibilidades de respuesta, y también la responsabilidad de que la población pueda alcanzar sus derechos. Por eso, tiene que brindar otras herramientas, ayudando a que la gente regularice el espacio que ocupa, y tenga así, la certeza sobre el predio en que vive. Además, hace falta una mejor planificación urbana con posibilidad de acceso a todos los servicios, al transporte público, a poder conseguir un crédito.
Todos los que venimos del interior sabemos que es difícil dejar el terruño propio, más porque uno no tiene ganas de abandonar su tierra, sino porque se busca saldar una carencia económica y construir un mejor futuro para los hijos; entonces se empieza a peregrinar por distintas realidades hasta que se asienta donde las condiciones son más favorables.
RDO.- ¿Qué acciones ha impulsado la Iglesia a través de Cáritas?
V.H.- Desde Cáritas se hizo un convenio con el Ministerio de Planificación de la Nación para desarrollar lo que denominamos “Viviendas Cáritas”. La dinámica es, primero ayudar a la gente a realizar el trámite de regularización dominial, luego a la autoconstrucción asistida. La idea es que tenga como protagonistas a las mismas personas beneficiarias.
RDO.- ¿Y cómo se lleva a cabo?
V.H.- Alguien de la familia puede realizar el proyecto y llevar adelante la obra, pero es asistido por un equipo técnico en aquellas cosas en las que no se cuenta con la habilidad específica: por ejemplo, desagües cloacales, instalación eléctrica, carpintería. La gente sabe hacer, pero necesita de ayuda para una buena terminación de obra. También, se va dando un proceso pastoral con la comunidad y el sacerdote del lugar, para que al mismo tiempo se vayan resolviendo las otras carencias.
Sin dudas, el hábitat es un eje central para el desarrollo de una vida digna; si saldamos esta deuda con nuestro pueblo, podremos saldar también otros derechos.
RDO.- ¿Los planes sociales sirven para saldar la deuda con el pueblo más pobre?
V.H.- No, porque los planes sociales que están dirigidos hacia la población pobre, tienen que ver con el ingreso, pero no con la erradicación de la pobreza estructural. Un programa asistencialista -y en muchos casos, clientelar- no modifica estructuralmente la pobreza, porque para eso hay que atender cuestiones de fondo, como tener una tierra y una vivienda asegurada, el acceso a una salud pública de buen nivel, y una educación mejor.
En el actual sistema capitalista hay quienes tienen un pasar tan acomodado que les proporciona todas las seguridades, a la vez que muchísimos otros sufren grandes necesidades. Por eso, si no hay reparto de las riquezas, la causa estructural de la pobreza no se podrá erradicar, a pesar de estar en un país como el nuestro, donde no faltan los recursos.
RDO.- ¿El problema de fondo es político o económico?
V.H.- Yo creo que en el fondo, es un problema moral; es el hecho de que haya gente a la que no le importe otra cosa que tener más renta y más beneficios. Los sistemas político y económico lo protagonizan personas, que también deben hacer un esfuerzo moral de conversión para ver la realidad de los demás que están en situaciones más desfavorables.
El hermano Víctor Hirch, de la congregación verbita, responsable de Cáritas Quilmes, junto a dos arquitectos involucrados en proyectos de CaritasComentar es Agradecer!!

