Lo que escribí mientras te escondías
Prosa XXII
Escritor: Javier Cárcamo
ESCÚCHALA TAMBIÉN.
link:
En las horas del diluvio
hago una lista de mis penas
y comprendo que los momentos
son solo suspiros,
pedazos de tiempo
devorados por el pasado.
Pienso y veo las cosas rotas,
mis viejos zapatos y mis pocas ropas.
También las cosas viejas,
palabras insistentes
por sentimientos vacíos;
cuadros nunca acabados, pintura desperdiciada,
pasiones inconclusas,
inspiraciones fragmentadas.
Veo los libros mudos,
dan la espalda a quien más los ama.
Sé lo que guardan, sé lo que esconden
por eso ignoro todo.
Tengo los espacios vacíos
esperando llenarse de sueños.
Guardo el altar de un santo
en quien no siempre creo.
Todo, todo entre la inmensa
composición de soledad,
pobreza y amargura.
Así es esta vida
cuando se cierra la puerta.
Los espíritus intentan entrar,
quieren meter sus dedos entre la luz
que se escapa en cada orilla.
Y veo todo así,
mientras se mece sola una silla,
con un yo sentado
que no depende de mi.
Me rodean fantasías destellantes,
figuras de animales mágicos,
el rostro del demonio
en un jabón.
Tengo todo,
una conciencia oscura,
una piedra en la cabeza,
una mujer que no amo
y ni un pan en la mesa.
Prosa XXII
Escritor: Javier Cárcamo
ESCÚCHALA TAMBIÉN.
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En las horas del diluvio
hago una lista de mis penas
y comprendo que los momentos
son solo suspiros,
pedazos de tiempo
devorados por el pasado.
Pienso y veo las cosas rotas,
mis viejos zapatos y mis pocas ropas.
También las cosas viejas,
palabras insistentes
por sentimientos vacíos;
cuadros nunca acabados, pintura desperdiciada,
pasiones inconclusas,
inspiraciones fragmentadas.
Veo los libros mudos,
dan la espalda a quien más los ama.
Sé lo que guardan, sé lo que esconden
por eso ignoro todo.
Tengo los espacios vacíos
esperando llenarse de sueños.
Guardo el altar de un santo
en quien no siempre creo.
Todo, todo entre la inmensa
composición de soledad,
pobreza y amargura.
Así es esta vida
cuando se cierra la puerta.
Los espíritus intentan entrar,
quieren meter sus dedos entre la luz
que se escapa en cada orilla.
Y veo todo así,
mientras se mece sola una silla,
con un yo sentado
que no depende de mi.
Me rodean fantasías destellantes,
figuras de animales mágicos,
el rostro del demonio
en un jabón.
Tengo todo,
una conciencia oscura,
una piedra en la cabeza,
una mujer que no amo
y ni un pan en la mesa.