El 20 de julio de 1969, Neil Armstrong, ante la mirada atónita de mil millones de telespectadores de todo el planeta, plantaba su pie izquierdo en la polvorienta superficie lunar. La luz solar, sin ninguna atmósfera que la atenuase, era muy brillante dando una iluminación perfecta a la escena. Se trataba del comienzo de una nueva era pero también el inicio de una guerra entre la NASA y un grupo no precisamente escaso de lunaescépticos.
Son los que, 33 años después, piensan que todo fue un engaño, un sofisticado montaje destinado a cumplir a cualquier precio la promesa propagandística que, en su momento, realizara el malogrado presidente Kennedy: llegar a nuestro satélite antes de finalizar la década de los sesenta.
Autores polémicos como Bill Kaysing, Ralph René o el cineasta Bart Winfield Sibrel afirman que los desembarcos lunares de las misiones Apolo fueron un fraude. Para ellos -y para un 11% de los norteamericanos según las encuestas realizadas por la NASA- Armstrong pudo dar su «pequeño paso para un hombre», no a medio millón de kilómetros de la Tierra, en las polvorientas llanuras del mar de la Tranquilidad, sino en otras llanuras, no menos polvorientas, que se encuentran a apenas 150 kilómetros de los carteles luminosos de Las Vegas, concretamente en unos estudios cinematográficos construidos en secreto en el desierto de Nevada.
Esta semana salía a la luz que la agencia espacial había decidido encargar (y pagar 15.000 dólares) a James Oberg, ingeniero con gran prestigio como escritor de temática aeroespacial, la redacción de un libro que pusiera fin a la polémica. El padre de la idea, Roger Launius, antiguo director de la oficina de historia de la NASA, afirmaba que el libro no iría dirigido a los conspiranoicos, sino a los maestros, para que impidieran que se siga extendiendo la historia del fraude. Ante las críticas de quienes consideran insólito que a estas alturas la NASA necesite demostrar que el hombre llegó a la, la agencia espacial ha dado marcha atrás.No así James Oberg, que piensa escribir el libro por su cuenta.
Periódicamente la NASA ha tenido que salir al paso de las suspicacias de los norteamericanos que piensan que el alunizaje fue más bien un alucinaje, una alucinación. Las últimas de estas ocasiones fueron el 15 de febrero y 19 de marzo de 2001, cuando la Fox emitió el programa Conspiracy Theory: Did We Land on the Moon? (Teoría de la conspiración: ¿Hemos aterrizado en la ?), presentado por Mitch Pileggi, actor de la popular Expediente X. En él se denunciaba una amplia serie de incongruencias en la versión oficial de la conquista de nuestro satélite.
Y es que no nos encontramos ante una leyenda urbana ni sus defensores son los típicos freaks de programa televisivo nocturno. Por el contrario, quienes han investigado este tema aportan argumentos de peso suficiente como para, al menos, abrir el resquicio de una duda razonable.
Ya en los 70 se empezó a especular con que los graves inconvenientes técnicos sufridos en la misión del Apolo I (se incendió en la cuenta regresiva previa al despegue matando a sus tripulantes) habrían sido imposibles de solucionar en solo dos años.
Por otro lado, la situación política y social de EEUU entonces hace perfectamente verosímil que, en caso de que limitaciones tecnológicas no hubieran permitido la llegada a la en la fecha prometida, se escenificara un montaje para evitar el bochorno internacional. No hay que olvidar que la carrera espacial era uno de los más grandes escaparates propagandísticos de la Guerra Fría, un multimillonario spot publicitario de la grandeza y poderío estadounidense.
Hasta aquel momento, los soviéticos tenían una innegable superioridad frente a EEUU en materia de misiones tripuladas: los primeros en poner un satélite artificial en órbita, en llevar a cabo un vuelo tripulado o la primera maniobra de acoplamiento de dos naves espaciales. Llegar a la serviría para disipar las dudas sobre la inferioridad de la tecnología estadounidense de cohetes, la misma que utilizaban los misiles que formaban la columna vertebral del arsenal nuclear de EEUU.
Además, el alunizaje de 1969 se produce en el momento más sangriento de la Guerra de Vietnam y constituía una distracción muy conveniente para los ciudadanos de un país estremecido por los más de 50.000 jóvenes muertos en una contienda cuyas razones y propósito no terminaban de entender.
Fracasar en el intento habría constituido un problema de primer orden al que habría tenido que enfrentarse el presidente Richard Nixon, alias Dick el trapacero. Apelativo que se ganó gracias al escándalo Watergate, que destapó ante la opinión pública su condición de rey indiscutible del encubrimiento, las cintas confidenciales y los trucos sucios. No cuesta demasiado trabajo imaginarse a Nixon respaldando el fraude. Si se trata de aportar pruebas concretas, los escépticos sacan de sus cajones decenas de fotografías oficialmente tomadas por los astronautas en la superficie de nuestro satélite que presentan cierto número de interesantes anomalías. David Percy, prestigioso fotógrafo británico y miembro de la Royal Photographic Society declaraba ante las cámaras de la Fox: «Las fotografías del Apolo fueron falsificadas. Muchas están llenas de inconsistencias ».
SIN ESTRELLAS
La más curiosa de ellas es la que destaca Maria Blyzinky, directora de astronomía del Observatorio de Greenwich (Londres). A falta de una atmósfera que entorpezca el paso de la luz, en la las estrellas deberían ser totalmente visibles. Pues bien, en las imágenes tomadas por los astronautas no aparece una sola estrella. En todas las instantáneas el firmamento presenta un profundo e invariable color negro.
Resulta raro que, dadas las inmejorables condiciones de observación, la gran calidad de la cámara Hasselblad con la que estaban equipados y la sensibilidad de la película utilizada -una Ektachrome de 160 ASA-, a ninguno de los astronautas se le ocurriese hacer una instantánea con un tiempo de exposición suficiente como para recoger ese firmamento único. Tal vez se debiera a que, de todos los elementos susceptibles de falsificación a la hora de construir un decorado que simulase el paisaje lunar, el cielo es precisamente el único imposible de reproducir sin levantar las sospechas de un astrónomo.
Diversos analistas han señalado multitud de fallos en varias imágenes: diferencias imposibles entre fotografías y filmaciones; sombras que en en lugar de ser paralelas a los objetos, como sucedería si la fuente de iluminación fuera el Sol, trazan líneas divergentes, como si el foco de luz estuviera mucho más cercano; encuadres dignos de un fotógrafo profesional y no de un astronauta que lleva la cámara fijada a la altura del pecho de su traje espacial...
Demasiadas incógnitas como para no atreverse a preguntar a los protagonistas de la historia. El pasado 21 de septiembre, el astronauta Edwin Buzz Aldrin, segundo hombre en pisar la , resultó absuelto en los tribunales de un cargo de agresión contra un teórico de la conspiración que le retó de improviso a que jurara ante una Biblia que llevaba a tal efecto que realmente estuvo en la en 1969. El veterano tripulante del Apolo XI, de 72 años de edad, declaró a las autoridades que actuó en legítima defensa cuando golpeó a Bart Winfield Sibrel, de 37 años, a la salida de un hotel de Beverly Hills.
Sibrel es la figura más destacada de la segunda generación de apoloescépticos. Con un dilatado currículo como realizador, que incluye trabajos para la NBC, CNN o Discovery Channel, ha producido reportajes televisivos y un documental en los que expone diversas pruebas y testimonios que ilustrarían el truco lunar. Ahora rueda una nueva película sobre este tema y es precisamente esta producción la causa de su enfrentamiento con Aldrin, que fue filmado por un cámara.
Este incidente hay que enmarcarlo en el código de silencio que rige entre los astronautas del proyecto Apolo. Collins, calla, y Neil Armstrong, presuntamente el primero en pisar la , se niega a conceder entrevistas: «No me hagan ninguna pregunta y yo no les diré ninguna mentira», dijo en una ocasión.
Héroes o Actores ?
Y frente a ellos, reputados escépticos como Bill Kaysing. Este californiano de pelo cano trabajó como jefe de publicaciones técnicas para la sección de investigación y desarrollo de Rocketdyne, contratista de los motores del proyecto Apolo. Ya entonces empezó a sospechar que el trabajo que se desarrollaba en su empresa poco tenía que ver con la . Tras años de trabajo publicó, pagado de su propio bolsillo, Nunca fuimos a la , el libro donde denuncia los alunizajes falsos, las fotografías retocadas, las presuntas rocas lunares que jamás han salido de la Tierra y los astronautas programados psicológicamente para mantener una impostura tan perfecta que ellos mismos se la creen. Por no hablar de cómo ciertos medios de comunicación fueron partícipes y encubridores de todo ello, empezando por Walter Cronkite, el hombre que narró para los estadounidenses el histórico momento.
MENTIRAS DE LA URSS
Llegados a este punto ya no nos extraña comprobar que la Unión Soviética mintiera reiteradamente sobre su carrera espacial.El 12 de abril de 2001, aniversario de la fecha en que fue enviado el primer hombre al espacio, el diario ruso Pravda sorprendía al mundo con la revelación de que Yuri Gagarin no fue el primero.En 1957, 1958 y 1959 tres pilotos soviéticos murieron en varias tentativas. La guerra propagandística entre ambas superpotencias hizo inviable que los rusos confesaran los trágicos fracasos.
Durante décadas la propaganda soviética vendió la historia de la perrita Laika orbitando alrededor de nuestro planeta durante una semana y siendo fuente de valiosos datos que contribuirían a hacer más seguras las expediciones tripuladas por humanos.Hoy sabemos que Laika falleció apenas siete horas después del despegue, víctima de un ataque al corazón provocado por el pánico.Una muerte muy poco apropiada para el triunfalismo que requería la propaganda de la Guerra Fría, por lo que la fue sutilmente manipulada y no se ha conocido hasta muy recientemente.
¿Recurrieron los norteamericanos a tácticas similares? Es casi seguro que sí. Puede que la NASA, al igual que los soviéticos en su día, desvirtuase la en aras de ocultar las miserias de su programa espacial. Puede que dentro de unos años tengamos la respuesta definitiva a la cuestión de si el hombre fue o no a la en aquella fecha. Una compañía privada, Transorbital, tiene previsto el lanzamiento de un satélite en órbita alrededor de nuestro satélite, equipado con una cámara lo suficientemente potente como para fotografiar los restos de las misiones Apolo sobre la superficie lunar. Tal vez entonces los más suspicaces acepten por fin que los humanos alcanzaron la, para tranquilidad de la NASA.
Santiago Camacho es periodista y autor de Las 20 grandes conspiraciones de la Historia, que será publicado en enero por La Esfera de los Libros.
Lanzamiento desde Cabo Cañaveral - 1969
YO LOS VI DESDE FRESNEDILLAS
EL EX DIRECTOR de la NASA en España, Luis Ruiz de Gopegui, niega que hubiera truco en la llegada del hombre a la
Desde que el hombre puso sus pies en la siempre ha habido incrédulos. ¡Si no lo veo no lo creo! Contra esta actitud es difícil luchar. Pero recientemente se ha reavivado la absurda polémica con motivo de que la NASA fuera a tomar cartas en el asunto. Tuve la suerte de ser testigo de aquel gran acontecimiento, y algo puedo decir. El viaje de una nave espacial es un acto público y no, como creen algunos ingenuos, un experimento secreto que se realiza en un laboratorio clandestino. Cuando una nave tripulada viaja por el espacio exterior está siempre en contacto radioeléctrico con varias estaciones de seguimiento en tierra, que la conducen hacia su destino, analizan todos sus datos de telemedida y le envían las órdenes para que realice muchas operaciones que no son efectuadas por los astronautas que la tripulan. En el caso de las Apolo, las estaciones principales de seguimiento estaban en California, Australia y España (Fresnedillas, cerca de Madrid). Cada una cubría ocho de las 24 horas del día, medían continuamente la posición de la nave, su velocidad y comprobaban que seguía la órbita correcta. Los datos no eran secretos, todo lo contrario, se daban a los medios de comunicación para que los pormenores de aquellos viajes memorables fueran de domino público. En Fresnedillas había 40 o 50 periodistas que disponían de estos datos casi al instante. Lo realmente importante es que los seguimientos de las naves se podían hacer desde cualquier radiotelescopio bien dotado aunque no perteneciera a la NASA.Los rusos, por ejemplo, seguían a las naves americanas para conocer lo mejor posible sus objetivos. También desde otros lugares, Alemania o el Reino Unido, se siguieron estos vuelos. Nadie dudó de que las Apolo llegaran a la . Si todo hubiera sido una farsa, los soviéticos, enzarzados en una tremenda pugna con los americanos por ver quién llegaba primero, hubieran puesto el grito en el cielo y lo habrían denunciado. Un detalle más. El 13 de julio de 1969, tres días antes de que partiera el Apolo XI, los soviéticos enviaron la sonda no tripulada 15. Pretendían, al parecer, recoger pequeñas rocas y traerlas a la Tierra antes que los astronautas del Apolo. Algunos radiotelescopios de otros países pudieron comprobar cómo esa sonda llegó al satélite y consta en todas partes que hubo conversaciones a alto nivel entre soviéticos y americanos para evitar interferencias radioeléctricas entre ambas naves o incluso un posible choque. Por un fallo técnico, la sonda soviética se estrelló contra la superficie de la unas horas después de que Armstrong la pisara.
Es curioso comprobar cómo los intoxicadores profesionales consagran muchas páginas a polemizar sobre falsas anomalías en alguna de las fotografías publicadas por la NASA, indicando, por ejemplo, que en el cielo negro que aparece no se ven las estrellas, cuando es más que evidente que dada la altísima iluminación que hay en la consecuencia de no tener atmósfera, las fotos deben tomarse con el diafragma muy cerrado, por lo que una estrella lejana no impresiona la película. Sin embargo estos profesionales de la desinformación no dedican ni un solo renglón a explicar si es cierto que la nave Apolo XI no fue a la dónde estuvo desde que despegó de Cabo Kennedy ante muchos miles de espectadores hasta que cayó en el Océano Pacífico siete días después.
Luis Ruiz de Gopegui dirigió la estación española encargada de seguir el alunizaje del Apolo XI
El 9 de septiembre de 2005, Bart Sibrel, director de la película A Funny Thing Happened On the Way To the Moon, se enfrentó al astronauta Buzz Aldrin en un hotel de Beverly Hills, demandandole que jurara sobre la Biblia de que en realidad había caminado en la .
Aldrin, de 72 años, el segundo hombre en tocar la superficie lunar, golpeó en la cara a Sibrel, de 37 años, lo que le permitió presentar una demanda contra el astronauta que fue rehusada por los fiscales del condado de Los Angeles.
La NASA perdió los videos del alunizaje
La búsqueda comenzó en 2002 y aún no hay indicios de su ubicación.
WASHINGTON.- Si algo les faltaba a los escépticos, recelosos y demás amantes de las teorías conspirativas era esta noticia: la NASA no encuentra los videos originales de su primer descenso en la , aquel de la recordada frase "un pequeño paso para el hombre, un salto gigante para la humanidad".
Aunque suene increíble, no quedan rastros de la filmación de el quizá más recordado viaje espacial. Ahora, un equipo de expertos, encabezados por veteranos de las misiones Apolo, busca desde hace meses entre los miles de archivos que la NASA mantiene a lo largo de los Estados Unidos. Aunque se resisten a concluir que se perdieron, admiten que están desorientados y sin pistas firmas que seguir.
La historia es conocida, pero sólo hasta cierto punto. Mientras Neil Armstrong se preparaba para dar su "pequeño paso" en julio de 1969, se encendió una videocámara para transmitir las imágenes a la Tierra. Millones de televidentes se emocionaron cuando su bota dejó una huella en el suelo lunar.
Pero lo que muy pocos sabían es que las tres horas de video del Apolo 11 eran de una calidad muy superior a las que difundió la televisión. Más precisa y de menor contraste, sin ese resabio de vidrio empañado con las que todos recuerdan aquella transmisión.
Lo que ocurrió fue que el envío desde la superficie lunar se hizo en una frecuencia muy baja, llegó a tres centros de recepción -uno en California, Goldstone, y dos en Australia, Parkes y Honeysuckle Creek- y allí mismo se grabó en la frecuencia habitual de televisión del modo más simple.
Los ingenieros apuntaron una cámara de televisión directamente al monitor que mostraba las imágenes a medida que se recibían desde el espacio. La filmación resultante se envió al Centro Espacial Houston y de allí al mundo.
"Toda vez que simplemente apuntas a una cámara a una pantalla, obviamente no es la mejor manera de obtener la mejor imagen", reconoció el especialista Richard Nafzger, del Centro de Vuelos Espaciales Goddard, en las afueras de esta capital, en una entrevista reciente.
Nafzger (66) trabajó en la transmisión televisiva de las misiones Apolo y recordó que era la única opción con que contaban. "Era 1969. En el mundo digital de hoy se trata de una reliquia, pero así fue", planteó.
Los ingenieros de la NASA que vieron las imágenes originales sabían lo que el resto del mundo se perdió. Pero nunca se debatió si debían difundir la filmación porque el viaje en sí resultó un éxito. Las cintas se archivaron y, aunque resulte insólito, pasaron al olvido.
Más de 30 años después
Sólo más de tres décadas después, cuando el presidente George W. Bush anunció en 2004 el interés de los Estados Unidos en establecer una estación permanente en la , la NASA sospechó que las imágenes podrían ser de valía. Pero ¿dónde estarían?
Para entonces la búsqueda ya había comenzado, dos años antes, de manera informal. Pero luego se convirtió en una cacería por los depósitos. Meses después, no quedan pistas. "Quizá descubramos las grabaciones mañana o quizá lleguemos a un punto en que concluyamos que no podemos hacer nada más. Ahora, diría que nuestras chances son un misterio", dijo Nafzger.
El director del equipo que durante 5 años diseñó la cámara que transmitió desde la , Stanley Lebar, integra la búsqueda. Al igual que Nafzger, es un veterano de 81 años que sabe que las apuestas van en su contra y se lo recrimina. "Todos comprendimos la importancia de lo que hacíamos, así que deberíamos habernos asegurado que la filmación estuviera a salvo en un lugar seguro", comentó.
Quizá alguien se llevó todo a su casa. Pero Lebar le teme más al paso del tiempo: muchos de sus colegas que podrían saber dónde están las cintas están ya muertos o desmemoriados. Y aun si las encuentran, las cintas bien podrían estar deterioradas.
Para Nafzger y Lebar sí quedó claro ya que las pistas van y vuelven a Goddard, el centro científico más grande de la NASA. Allí trabajan cientos de científicos, entre ellos una docena de argentinos, entre los que se destaca Mario Acuña, miembro del Laboratorio de Física Extraterrestre e investigador de la misión Mars Global Surveyor.
Nafzger y Lebar determinaron que unas 26.000 cajas de las misiones Apolo llegaron a Goddard a fines de los años setenta. Buscaron, pero nunca encontraron las 9 cajas que guardarían el tesoro de los 45 videos de aquel primer alunizaje.
La pérdida de la filmación encarna, claro está, una situación vergonzosa para la NASA. Por su propia imagen y por todo lo que ahora tienen para decir los amantes de las teorías conspirativas, que afirman con toda seriedad que jamás se llegó a la .
"Una de dos variantes es la . La primera es que no quieren que se vean las cintas y entonces las «perdieron»", dijo a LA NACION Don Smith, uno de los responsables del portal de Internet que difunde el "documental" más visto y polémico sobre "por qué es todo mentira": www.moonmovie.com. "Una revisión de esas cintas demostraría que fue todo una farsa", afirmó.
La segunda variante, desafió Smith, es casi agresiva: "Son tan incompetentes que no pueden ni siquiera guardar las cintas. Y si son tan incompetentes, ¿cómo podrían ser a la vez ser lo suficientemente competentes como para ir a la y volver?".
La NASA confía, de todos modos, en que algo salga a la luz. Ya antes, en septiembre de 2001, encontraron una cinta de audio de aquel alunizaje en Houston. Estaba en malas condiciones, pero pudo ser recuperado. Por ahora, siguen buscando.
Verdad o Conspiración ?