La embestida mediática y diplomática del gobierno nacional para llevar la cuestión Malvinas a un debate global, y esperar a partir de allí una resolución o apoyo mayoritario de la comunidad internacional que ponga en jaque la autoridad inglesa sobre las islas es legítima, pero alejada plenamente de la ética, la coherencia, y la correlatividad de los hechos dentro del territorio nacional, si primero no se resuelve la soberanía interna del país.
Es sostenimiento del argumento geográfico es ineludible. Permite admitir con certeza la afirmación las Malvinas son argentinas. Está claro. Desde este punto de vista, también conviene afirmar que las provincias argentinas son argentinas, pero lamentablemente la más falaz de estas afirmaciones es la segunda, y a partir de esta ausencia de realidad, la “contienda” del gobierno con los ingleses es una burda teatralización mediática, si se toma en cuenta tan sólo la escandalosa venta de territorio nacional a representaciones multinacionales extranjeras, paradójicamente, muchas de ellas de origen británico.
Con la benevolencia y coparticipación de funcionarios que hoy se ubican “heroicos” en el frente nacionalista por la concepción de la soberanía, comenzando por la señora presidenta, multimillonarios como Luciano Benetton, Ted Turner, Joe Lewis y Douglas Tomkins, han multiplicado en compra y pertenencia territorial la superficie total de las islas Malvinas. Por supuesto, sin mencionar, las compañías explotadoras de hidrocarburos y minerales que apuestan al vaciamiento de los recursos naturales del país, como la Barrik Gold en su máxima expresión.
El sistema capitalista ha legitimado la apropiación de territorio sólo a través de una base monetaria, financiera y a la misma vez carnicera, y es allí donde los dirigentes políticos se convierten en mercenarios. Al mismo tiempo que se jactan de defender la soberanía, venden territorio nacional al mejor postor, por lo que es posible inferir que realmente la verdadera ofuscación de parte del gobierno es que la cuestión Malvinas esta prevista por una invasión sin previo acuerdo monetario entre ambos gobiernos.
Pero la gravísima pérdida no es sólo territorial sino también cultural, cosa que no ocurre con las pérdidas de las islas, ya que jamás hubo allí una formación histórica ligada a nuestras tradiciones o valores culturales. ( http://www.mapuche.info/lumaco/Benetton.html )
Como ejemplo, la Compañía de Tierras del Sud Argentino Sociedad Anónima, cuyo propietario es el magnate Bennetton, ha adquirido aproximadamente 900 mil hectáreas de tierra en las provincias de Neuquén, Río Negro, Chubut y Santa Cruz. Como gran propietario no sólo ha limitado el acceso público a inmensos monumentos naturales que atraviesan sus nuevos inmuebles, sino que también se ha animado, con la complicidad de los representantes del Estado, a desconocer, maltratar y expulsar a los verdaderos propietarios de esas gigantes hectáreas, los pueblos originarios.
Las comunidades aborígenes son los mayores perjudicados cuando este sistema de caníbales decide ir por todo. Y ya no se trata de nacionalismos vacíos, ni de políticas markitineras sino de la violación constante de los legítimos derechos de todas las comunidades originarias, establecidos inclusive en la constitución. ( http://indigenargentino.com.ar/?p=12 )
¿Qué pensaran los mapuches expulsados de sus tierras en Chubut cuando escuchan al canciller, a la presidenta, a la embajadora y a tantos otros actores bufonados discursar sobre la soberanía de un país? Un gran circo se forma de grandes hipócritas.
Es sostenimiento del argumento geográfico es ineludible. Permite admitir con certeza la afirmación las Malvinas son argentinas. Está claro. Desde este punto de vista, también conviene afirmar que las provincias argentinas son argentinas, pero lamentablemente la más falaz de estas afirmaciones es la segunda, y a partir de esta ausencia de realidad, la “contienda” del gobierno con los ingleses es una burda teatralización mediática, si se toma en cuenta tan sólo la escandalosa venta de territorio nacional a representaciones multinacionales extranjeras, paradójicamente, muchas de ellas de origen británico.
Con la benevolencia y coparticipación de funcionarios que hoy se ubican “heroicos” en el frente nacionalista por la concepción de la soberanía, comenzando por la señora presidenta, multimillonarios como Luciano Benetton, Ted Turner, Joe Lewis y Douglas Tomkins, han multiplicado en compra y pertenencia territorial la superficie total de las islas Malvinas. Por supuesto, sin mencionar, las compañías explotadoras de hidrocarburos y minerales que apuestan al vaciamiento de los recursos naturales del país, como la Barrik Gold en su máxima expresión.
El sistema capitalista ha legitimado la apropiación de territorio sólo a través de una base monetaria, financiera y a la misma vez carnicera, y es allí donde los dirigentes políticos se convierten en mercenarios. Al mismo tiempo que se jactan de defender la soberanía, venden territorio nacional al mejor postor, por lo que es posible inferir que realmente la verdadera ofuscación de parte del gobierno es que la cuestión Malvinas esta prevista por una invasión sin previo acuerdo monetario entre ambos gobiernos.
Pero la gravísima pérdida no es sólo territorial sino también cultural, cosa que no ocurre con las pérdidas de las islas, ya que jamás hubo allí una formación histórica ligada a nuestras tradiciones o valores culturales. ( http://www.mapuche.info/lumaco/Benetton.html )
Como ejemplo, la Compañía de Tierras del Sud Argentino Sociedad Anónima, cuyo propietario es el magnate Bennetton, ha adquirido aproximadamente 900 mil hectáreas de tierra en las provincias de Neuquén, Río Negro, Chubut y Santa Cruz. Como gran propietario no sólo ha limitado el acceso público a inmensos monumentos naturales que atraviesan sus nuevos inmuebles, sino que también se ha animado, con la complicidad de los representantes del Estado, a desconocer, maltratar y expulsar a los verdaderos propietarios de esas gigantes hectáreas, los pueblos originarios.
Las comunidades aborígenes son los mayores perjudicados cuando este sistema de caníbales decide ir por todo. Y ya no se trata de nacionalismos vacíos, ni de políticas markitineras sino de la violación constante de los legítimos derechos de todas las comunidades originarias, establecidos inclusive en la constitución. ( http://indigenargentino.com.ar/?p=12 )
¿Qué pensaran los mapuches expulsados de sus tierras en Chubut cuando escuchan al canciller, a la presidenta, a la embajadora y a tantos otros actores bufonados discursar sobre la soberanía de un país? Un gran circo se forma de grandes hipócritas.