Escuchar a grupos de jóvenes tocar covers de sus bandas favoritas es un algo común. Lo sorprendente está en que después de varios años esos mismos jóvenes continúen tocando su propia música y que ahora sean otras generaciones las que toquen sus canciones, esos son Zoé, un grupo de músicos que han logrado vivir de lo que realmente les apasiona, la música y cuyo éxito ha atravesado fronteras, colocándolos en el gusto de la gente, sin restricción de edades.
“Cuando la banda empezaba fueron sacrificios, de repente este compromiso con este sueño fue una apuesta muy grande, porque en realidad nunca sabes, aunque nosotros teníamos la convicción de que lo que hacíamos o lo que proponíamos era bueno y pues no estaba sucediendo al principio nada en cuestión comercial, fue una apuesta muy grande porque no podíamos trabajar en otra cosa, porque esta carrera te chupa todo el tiempo, tienes que estar ensayando, estar en un proceso creativo, estar grabando y tocando, entonces nuestras situaciones económicas eran de repente muy inestables”. Pero quien hace una buena inversión, obtiene mejores ganancias y el trabajo y persistencia siempre salen ganadores. “Para el 99, fue la primera vez que firmamos con la disquera EMI, pero no salió nada, hasta el 2000 que firmamos con Sony y en 2001 salió el primer disco” comenta León.
Se conocieron de niños en Cuernavaca, Morelos, todos con inquietudes y gustos musicales en común. Por azares del destino cada uno tomó rumbos distintos, aunque con el mismo objetivo: la música. Después de algunos años, fue el mismo destino quien los volvió a juntar. Sergio Acosta (guitarra) y León Larregui (voz) fueron los primeros en formar Zoé, un año después se unió Jesús Báez (teclado) y Ángel Mosqueda (bajo) se integró al terminar la universidad, justo cuando la banda se había quedado sin bajista. Finalmente en 2005, en sustitución de Jorge Siddharta, Rodrigo Guardiola (batería) entró al grupo, no sólo a crear armonía entre las baquetas, platillos y bombo, sino también a inyectar sus ideas en el arte visual de la banda.
Sueño transformado en actitud
Ante la frustración que de repente bombardea a algunos músicos, por no ver resultados pronto, Ángel comenta: “Yo creo que desde muy jóvenes, incluso desde niños queríamos hacer música y obviamente hemos pasado por malos momentos y por crisis, sobre todo al principio que fue muy difícil darnos a conocer, pero precisamente cada que pasaba algo malo nos reuníamos y decíamos querremos seguir haciendo esto, eso es algo que incluso nos sigue manteniendo juntos, ese amor y pasión por la música”. No ver a la familia y dejar de hacer ciertas cosas, son algunos de los precios que se pagan al entrar en este negocio. “Creo que es muy importante y más inteligente aceptar en lo que estas y decir ésta es mi profesión, esto es lo que estoy haciendo y eso es lo que hay que hacer”, agregó.
Presente y futuro
Más de diez años no sólo de soñar, sino de luchar por un ideal. “Nosotros no decimos ‘ya la hicimos’ y ‘sí se puede’, son frases que odiamos, son como una posición ya de vencidos. Tratamos de estar mucho en el presente, siempre nos gusta ir con los sueños que nos van a dar alegría y placer, que son reales y próximos, lo qué vamos a hacer con el próximo disco… Ni tener disquera, ni sonar en la radio, ni muchas cosas que la gente cree, ni la exposición significan una verdadera integridad o una verdadera fuerza de lo qué es un proyecto, ahorita, en el momento en el que estamos, la música sigue siendo el principal ingrediente y lo seguirá siendo, pero hay mucho detrás, no podemos zafarnos de la infraestructura que hay como proyecto y de la mancuerna que hay no sólo en México con Alex, sino con gente de otros lugares, porque sin eso no podríamos funcionar”, puntualizó Ángel.
Relación con Mizrahi
La relación con Alex Mizrahi surgió en 2008, cuando Zoé estaba en búsqueda de un nuevo manager, después de varias entrevistas con distintos managers, León nos cuenta la historia de cómo llegaron con su actual manager. “En una plática que fuimos Rodrigo y yo a EMI con el presidente de la disquera, que en ese entonces era Camilo Lara, él nos dijo: ‘oye yo tengo una persona que conozco y que podría encajar con ustedes’, nosotros no sabíamos nada de Alex, porque él se dedicaba más a artistas pop. Hicimos una cita, creo que él estaba en Europa, le hablamos por teléfono, tuvimos la cita, nos vimos en un restaurante argentino y empezamos a platicar. Nos latió, en lo personal, nos gustó su forma de ver, después seguimos esa relación, hicimos un consenso grupal y empezamos a trabajar con él”.