No puedo dejar de incluir dicho texto porque como mencioné, deseo mantener la imparcialidad y la objetividad en la presentación del debate, y por ello considero que en mi caso, yo he publicado literalmente lo que este señor me ha enviado por estos motivos como si estuviera citando una declaración literal.
Cualquier cuestión emergente de los derechos de autor sobre el texto original queda bajo exclusiva responsabilidad del Sr. Guillermo Ignacio Martínez.
Como una situación así no se había producido anteriormente en el transcurso del debate sobre el Plan Andinia, no me encontré en la necesidad de hacer estas aclaraciones y por ello publico esta información.
En el futuro, y a partir de la fecha (30 de Mayo del año 2002), ya no publicaré otros textos o comentarios sobre los que surjan cuestiones de autoría y derechos relacionados sin que quienes me envían esos datos adjunten las debidas autorizaciones.
En todo caso, para evitar estos inconvenientes lo que los interesados pueden hacer es adjuntar las URLs o direcciones de las páginas web correspondientes.
30.1)- ¿La Patagonia quiere independizarse? Por Guillermo Martínez.
30.2)- Mi respuesta y refutación del las pruebas del texto (30.1).
Addendum, Febrero de 2005
En relación a este debante en particular, y en esta fecha, ya unos tres años y medio después de que empezaran a circular las ideas acerca de los movimientos independistas / separatistas que supuestamente existirían en la Patagonia, creo que el tiempo transcurrido y la no aparición de ningún proceso de tal nauraleza nos indica claramente la falsedad e inconsistencia de los argumentos vertidos por algunos lectores que me enviaron comentarios - algunos agresivos - pretendiendo utlizar la 'existencia' de esos patrones independentistas como una prueba de la existencia del Plan Andinia o al menos, de una confabulación en contra de la Argentina.
La inexistencia de siquiera algún atisbo de separatismo tras varios años prueba entonces mis argumentos en el sentido de que tales comentarios se hacen siempre que un país se encuentra en alguna etapa de caos profundo, como sucedió en la Argentina a fines de 2001 y principios de 2002, pero que una vez superada la etapa problemática, como mayormente se ha dado en el presente, dichas discusiones tienden a desaparecer.
Quien hubiera aceptado la supuesta existencia de esos movimientos separatistas como una prueba irrefutable de la existencia del Plan Andinia, queda ahora obligado a aceptar que la inexistencia de los mismos también es una prueba de la existencia del mítico plan para apoderarse de la Patagonia.
O bien, debe reconocer entonces que en el pasado tendió a exagerar la validez de las evidencias que supuestamente representaban estos planes independentistas, con lo cual resulta muy claro que carece de seriedad para debatir, y eso es precisamente lo que sostengo al afirmar y solicitar que los participantes en el debate deben contar con educación universitaria, porque de otro modo se carece de seriedad.
Los dos principales problemas que hay en torno al supuesto Plan Andinia son, por un lado, la fata de pruebas con validez científica, contrastadas adecuada e independientemente, y por otro, que las personas que creen en su existencia muy pocas veces están cultural y académicamente preparadas para discernir al mito de la realidad comprobable.
A lo largo de todos los años que ya lleva este debate, siempre me he encontrado con lo mismo, lo cual sugiere que o bien la conspiración no existe, o bien no hay gente intelectualmente preparada como para hacer las comprobaciones del caso entre quienes son sus creyentes.


Cuando The New York Times, hace algunas semanas, publicó una nota sobre una eventual secesión de la Patagonia respecto de la Argentina, dio estado público a una situación de la que se ha hablado varias veces en las últimas décadas.
Pero hay otros casos cercanos a nosotros que tuvieron más concreto desarrollo. Uno de ellos es el de la llamada República de Acre, en la Amazonia boliviana, que en una apasionante historia de cinco años (1899-1904) pasó de una intensa colonización boliviana a una breve independencia, con presidente y todo, y de allí a simple territorio del Brasil . Y es justamente allí donde hay varios movimientos separatistas de variada importancia e intensidad.
Está, por ejemplo, el de San Pablo, que tiene como teórico a Celso Sales, que en un libro de 1887 sostuvo que el Estado estaba bajo un excesivo centralismo del gobierno imperial y apoyó la declaración de independencia y la república. Sus ideas encontraron eco en un movimiento armado que fue aplastado por la Revolución Constitucionalista (1932).
Existen también movimientos separatistas en la Amazonia y en el Nordeste, pero es en el Sur, especialmente en Río Grande, donde pueden tener eventuales expectativas. En ese Estado, en pleno Imperio se proclamó una república independiente (1836-1945), pero su ejército era muy pequeño: 4500 hombres como máximo, casi todos de caballería, con poquísimas infantería y artillería. Finalmente, con 7000 efectivos al mando de Luiz Alves de Lima e Silva, el intento republicano y separatista fue derrotado. Se lo conoce como de Piratiní, su capital. De ella nació, en Santa Catalina, la República Juliana (1839) y ahí terminó la cosa.
Caso original
El más curioso de los separatistas riograndenses actuales es Lionel Marx, con su República del Pampa Gaúcho. Ha dibujado ya bandera y hasta acuñado nombre para la futura moneda: joya. Más original es el caso planteado por la profesora Raquel Mombelli, de la Universidad Estatal de Santa Catarina ( Identidade étnica e separatismo no Oeste Catarinense , tesis), que propone la creación de un Estado con partes de Santa Catarina y de Paraná (Iguaçú), de 30.000 km2 y un millón de habitantes, en su mayoría italianos. Se está construyendo -señala- una italianidad local. Tanto este proyecto como el que sigue parecen proponer la creación de nuevos Estados brasileños, no de nuevos países. Pero lo exponen en forma lo suficientemente confusa como para pensar que van más allá.
El proyecto El Sur es mi País -señala el periodista Celso Dorvalino Deucher, uno de sus dirigentes- propone crear una nación (sic) con los Estados de Río Grande do Sul, Santa Catarina y Paraná, que tendría unos 25 millones de habitantes. Su formación "lo diferenció de las demás regiones brasileñas y, aunque posee un perfil étnico propio, los grupos colonizadores mantuvieron sus culturas y tradiciones, volviéndose una región que guarda una riquísima diversidad étnica y cultural sin paralelo en el país", pero "con una relativa semejanza cultural con los países del Plata".
El caso de Brasil :

Durante los años 1990, surgieron movimientos separatistas en la región. En Laguna el 18 de julio de 1992, se creó el movimiento secesionista O Sul é o Meu País («El sur es mi país») que busca, mediante la vía democrática y plebiscitaria, la separación de la región Sur de Brasil con el objetivo de formar un nuevo país. Este movimiento tiene como referentes tanto la República Juliana como la República Riograndense. Asimismo, existe otro movimiento, Movimento pela Independência do Pampa («Movimiento por la Independencia de la Pampa»), formado en 1990, que busca la separación del Brasil .
Cualquier cuestión emergente de los derechos de autor sobre el texto original queda bajo exclusiva responsabilidad del Sr. Guillermo Ignacio Martínez.
Como una situación así no se había producido anteriormente en el transcurso del debate sobre el Plan Andinia, no me encontré en la necesidad de hacer estas aclaraciones y por ello publico esta información.
En el futuro, y a partir de la fecha (30 de Mayo del año 2002), ya no publicaré otros textos o comentarios sobre los que surjan cuestiones de autoría y derechos relacionados sin que quienes me envían esos datos adjunten las debidas autorizaciones.
En todo caso, para evitar estos inconvenientes lo que los interesados pueden hacer es adjuntar las URLs o direcciones de las páginas web correspondientes.
30.1)- ¿La Patagonia quiere independizarse? Por Guillermo Martínez.
30.2)- Mi respuesta y refutación del las pruebas del texto (30.1).
Addendum, Febrero de 2005
En relación a este debante en particular, y en esta fecha, ya unos tres años y medio después de que empezaran a circular las ideas acerca de los movimientos independistas / separatistas que supuestamente existirían en la Patagonia, creo que el tiempo transcurrido y la no aparición de ningún proceso de tal nauraleza nos indica claramente la falsedad e inconsistencia de los argumentos vertidos por algunos lectores que me enviaron comentarios - algunos agresivos - pretendiendo utlizar la 'existencia' de esos patrones independentistas como una prueba de la existencia del Plan Andinia o al menos, de una confabulación en contra de la Argentina.
La inexistencia de siquiera algún atisbo de separatismo tras varios años prueba entonces mis argumentos en el sentido de que tales comentarios se hacen siempre que un país se encuentra en alguna etapa de caos profundo, como sucedió en la Argentina a fines de 2001 y principios de 2002, pero que una vez superada la etapa problemática, como mayormente se ha dado en el presente, dichas discusiones tienden a desaparecer.
Quien hubiera aceptado la supuesta existencia de esos movimientos separatistas como una prueba irrefutable de la existencia del Plan Andinia, queda ahora obligado a aceptar que la inexistencia de los mismos también es una prueba de la existencia del mítico plan para apoderarse de la Patagonia.
O bien, debe reconocer entonces que en el pasado tendió a exagerar la validez de las evidencias que supuestamente representaban estos planes independentistas, con lo cual resulta muy claro que carece de seriedad para debatir, y eso es precisamente lo que sostengo al afirmar y solicitar que los participantes en el debate deben contar con educación universitaria, porque de otro modo se carece de seriedad.
Los dos principales problemas que hay en torno al supuesto Plan Andinia son, por un lado, la fata de pruebas con validez científica, contrastadas adecuada e independientemente, y por otro, que las personas que creen en su existencia muy pocas veces están cultural y académicamente preparadas para discernir al mito de la realidad comprobable.
A lo largo de todos los años que ya lleva este debate, siempre me he encontrado con lo mismo, lo cual sugiere que o bien la conspiración no existe, o bien no hay gente intelectualmente preparada como para hacer las comprobaciones del caso entre quienes son sus creyentes.


Cuando The New York Times, hace algunas semanas, publicó una nota sobre una eventual secesión de la Patagonia respecto de la Argentina, dio estado público a una situación de la que se ha hablado varias veces en las últimas décadas.
Pero hay otros casos cercanos a nosotros que tuvieron más concreto desarrollo. Uno de ellos es el de la llamada República de Acre, en la Amazonia boliviana, que en una apasionante historia de cinco años (1899-1904) pasó de una intensa colonización boliviana a una breve independencia, con presidente y todo, y de allí a simple territorio del Brasil . Y es justamente allí donde hay varios movimientos separatistas de variada importancia e intensidad.
Está, por ejemplo, el de San Pablo, que tiene como teórico a Celso Sales, que en un libro de 1887 sostuvo que el Estado estaba bajo un excesivo centralismo del gobierno imperial y apoyó la declaración de independencia y la república. Sus ideas encontraron eco en un movimiento armado que fue aplastado por la Revolución Constitucionalista (1932).
Existen también movimientos separatistas en la Amazonia y en el Nordeste, pero es en el Sur, especialmente en Río Grande, donde pueden tener eventuales expectativas. En ese Estado, en pleno Imperio se proclamó una república independiente (1836-1945), pero su ejército era muy pequeño: 4500 hombres como máximo, casi todos de caballería, con poquísimas infantería y artillería. Finalmente, con 7000 efectivos al mando de Luiz Alves de Lima e Silva, el intento republicano y separatista fue derrotado. Se lo conoce como de Piratiní, su capital. De ella nació, en Santa Catalina, la República Juliana (1839) y ahí terminó la cosa.
Caso original
El más curioso de los separatistas riograndenses actuales es Lionel Marx, con su República del Pampa Gaúcho. Ha dibujado ya bandera y hasta acuñado nombre para la futura moneda: joya. Más original es el caso planteado por la profesora Raquel Mombelli, de la Universidad Estatal de Santa Catarina ( Identidade étnica e separatismo no Oeste Catarinense , tesis), que propone la creación de un Estado con partes de Santa Catarina y de Paraná (Iguaçú), de 30.000 km2 y un millón de habitantes, en su mayoría italianos. Se está construyendo -señala- una italianidad local. Tanto este proyecto como el que sigue parecen proponer la creación de nuevos Estados brasileños, no de nuevos países. Pero lo exponen en forma lo suficientemente confusa como para pensar que van más allá.
El proyecto El Sur es mi País -señala el periodista Celso Dorvalino Deucher, uno de sus dirigentes- propone crear una nación (sic) con los Estados de Río Grande do Sul, Santa Catarina y Paraná, que tendría unos 25 millones de habitantes. Su formación "lo diferenció de las demás regiones brasileñas y, aunque posee un perfil étnico propio, los grupos colonizadores mantuvieron sus culturas y tradiciones, volviéndose una región que guarda una riquísima diversidad étnica y cultural sin paralelo en el país", pero "con una relativa semejanza cultural con los países del Plata".
El caso de Brasil :

Durante los años 1990, surgieron movimientos separatistas en la región. En Laguna el 18 de julio de 1992, se creó el movimiento secesionista O Sul é o Meu País («El sur es mi país») que busca, mediante la vía democrática y plebiscitaria, la separación de la región Sur de Brasil con el objetivo de formar un nuevo país. Este movimiento tiene como referentes tanto la República Juliana como la República Riograndense. Asimismo, existe otro movimiento, Movimento pela Independência do Pampa («Movimiento por la Independencia de la Pampa»), formado en 1990, que busca la separación del Brasil .