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Frases de Joaquin Sabina


Todas estas frases las saque de diferentes canciones de sabina, son algunas que me gustan muchisimo y espero que las aprecien.... ya veran como son de buenas..... y yo las monte en las imagenes.... de yapa, va el fragmento de un libro que es buenisimo... espero se den 2 minutos para leerlo, bajo la promesa de que no se arrepentiran ni un poquito.

























































[align=center]La venganza del hijo de Yocasta[/align]
Un momento doctor, no soy yo el deprimido. Así que ni me pida que le hable de mi madre, y déjeme que le hable de la suya. Nada mas no se altere, no es lo que usted cree. Recuerde que su obligación es escucharme, hurgar en mi inconsciente mientras hablo. Si realmente me escucha verá que esto tiene que ver con mi autoestima. O sea con mis problemas, que por ahora van a ser los nuestros, así que empezaremos por usted. Porque hasta donde veo usted tiene un problema: Necesita dinero. De lo contrario no estaría allí sentado, escuchando problemas que no son suyos. Al respecto me encantaría traer conmigo unas tribulaciones del tamaño de sus honorarios, pero aun si así fuera me permito dudar que llegaran a parecerle más llamativas que las suyas. Incluso si ahora mismo me diera por contarle que, siendo muy pequeño, asesine a mis padres, le apuesto diez consultas a que usted seguiría encontrando mas sex appeal en sus problemas que en los míos. Por lo demás, insisto: si estoy aquí tendido y usted allá sentado es porque su trabajo consiste en escuchar todo lo que yo diga y a ratitos tomar esos apuntes que tan interesantes deberían parecerme.
Veamos el asunto con objetividad, usted quiere o requiere mi dinero, y por ahora ese dinero está en mi bolsa. Asumo que su madre, que pos supuesto merece un gran respeto, le inculcó a usted los hábitos más sanos del mundo, como estudiar, ahorrar y trabajar con empeño y esmero. Hasta que un día usted le dijo: “Madre, seré psicólogo” Y la buena mujer se llenó de alegría, a sabiendas de que este mundo está lleno de mentes trastornadas que necesitan un mínimo apretón de tuercas. O sea que con esa profesión usted podía estudiar, ahorrar y trabajar, y convertirse en el hombre de provecho que un día haría valer tantos desvelos. Imagínela en el salón de belleza, pregonando orgullosa que su retoño es un psicoanalista de prestigio. Y ahora supongamos que mi madre asiste al mismo salón de belleza, y por casualidad se integra a la conversación. ¿Qué podría decir mi pobre mama?¿que su hijito es paciente del prestigiado especialista? Como usted puede ver, en dicha circunstancia mi madre se hallaría muy lejos de sentirse orgullosa, y de hecho preferiría callarse. Ya se que nada tiene de anormal el ser paciente de un psicólogo, pero eso haría mejor en aclararlo frente a las viejas argüenderas del salón de belleza, que tardarían poco en ubicarme, si bien me va, como el hijo enfermito de la señora Equis. En cambio su madre quedaría como una progenitora de primera, puesto que sin sus mimos, consejos y sacrificios a ver quién iba a salvar del manicomio al desequilibrado aquel. Eso sí, habría que ver cuántos desequilibrados tienen para pagar lo que usted cobra.
Me dirá que todo esto no lo hace por dinero si no por puro amor a la profesión, pero yo me pregunto qué diría si ahora mismo le contara que mi único verdadero problema es que no tengo ni un centavo para pagarle… ¿ah, verdad? Tranquilícese: no se altere ni se levante de su silla. Si quiere que le enseñe mi cartera, comprobara que esta rellena de billetes, y más de uno va a irse con usted. Pero antes tiene que escucharme hablarle de su madre, su dinero y su vida, asuntos que podrían no ser de mi incumbencia si no hubiera escogido usted una carrera que le obliga a tratar de comprenderme.
Pongamos el asunto bien clarito: usted tiene problemas de dinero y yo los tengo de personalidad; bastara con cambiar unos por otros. Entonces, por favor no me interrumpa. Supongo que en las aulas de la Facultad le habrán enseñado algo sobre los riesgos que suponer quitarle la palabra a un desequilibrado.
Le dejado bien claro que traigo la cartera bullendo de billetes, aun que tal vez también quiera saber que mi cuenta bancaria luce aún más robusta y saludable: está usted atendiendo a un desequilibrado paradójicamente funcional, un enfermo apegado a la buena vida. Y ya que hablamos de eso, he de decirle que si yo fuera usted ya habría retapizado este diván inmundo que en nada ayuda a la autoestima del paciente. ¿Se ha recostado en el, últimamente?¿Sabe lo que es tratar de asuntos de por sí ásperos y espinosos en un mueble que hiede a decadencia? Por no hablar del estado general del consultorio, que a gritos pide una renovación total. Esas dos lamparitas, por ejemplo, están para llorar y supongo que ya bastante le lloran sus pacientes para que usted les saque lágrimas de más. O todavía peor, para cualquier tarde termine haciéndoles segunda: Tan freudiano y tan chillón.
Mirémoslo con calma. El problema podría ser que usted, doctor, no tiene el capital indispensable para invertir en tan urgentes mejorías, y eso querría decir que su futuro depende íntegramente de nosotros, los desequilibrados que venimos a verlo. También podría pasar, y esto es lo que yo creo, que usted tiene el dinero, pero le cuesta decidirse a gastarlo, y ello me lleva a suponer que su querida madrecita le inculcó tanto el hábito del ahorro que ahora es incapaz de distinguir entre inversión y derroche. ¿Qué se hace en estos casos, doctor? No me lo diga; apúntelo. Acuérdese que mientras dure esta consulta mis problemas y los suyos tenderán fatalmente a confundirse.
No dudo que a esta hora tenga suficientes elementos para concluir que soy un caso grave, y por lo tanto necesito de un tratamiento intensivo. Es decir, que por no se cuantos años debo venir a visitarlo y escuchar sus sesudas ocurrencias. Lo cual eventualmente me llevaría a transferir una cierta porción de mi cuenta bancaria a la suya, sin que por ello mejorara la autoestima de mi pobre madre, que año con año seguiría culpándose por haber educado a un coleccionista de traumas.
De modo que volvemos al principio: si yo accediera a hablarle de mi madre, lo más probable sería que usted se empeñara en hallar una solución a mi problema, pero lo único seguro es que resolvería solo el suyo. Por el contrario, desde que comencé a expresarme sobre su madre, me he sentido tan bien que de pronto me cuesta comprender qué estoy haciendo aquí. Creo que su señora madre tiene mucha razón: es usted digno del mayor prestigio, aun con esos problemillas apremiantes. Y ahora, si no le importa, me retiro. Espero me disculpe por no quedarme a oír sus atinados comentarios, pero creo que será más que suficiente con pagarle completa la consulta. Una vez más, perdone que me vaya, pero no sabe cuánto me desespera escuchar la opinión de gente con problemas. Que quiere que haga me deprimo.
Fragmento del libro “El Materialismo Histérico”
Xavier Velasco.


A mi me tomo como 2 horas hacer el post, a ti comentar no te toma ni 3 minutos... asi que espero el detalle

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