¿Son los insectos la fuente perfecta de alimentos para el futuro? Muchos investigadores creen que sí, pues tienen muchas proteínas y se pueden producir masivamente sin grandes esfuerzos.
Buen apetito
Créalo: los insectos pueden ser deliciosos. ¿Entonces por qué no comer más? Razones hay muchas para sumarlos a la mesa: se reproducen con facilidad, comen menos que las vacas, ovejas o cerdos, no provocan efecto invernadero, ocupan menos espacio para una rápida multiplicación... Son casi perfectos.
Bomba vitamínica
Los insectos, arácnidos y otros pequeños invertebrados contienen una gran cantidad de ácidos grasos insaturados, hierro, minerales, grasas y vitaminas, según la FAO. La institución quiere popularizar el consumo de estos animales en todo el mundo.
Ricas-ricas
En muchos países, los insectos siempre han sido bienvenidos en la mesa, especialmente en Asia, África y algunas zonas de Latinoamérica. Por ejemplo, las orugas mopane, como las de la foto, son un manjar en el sur de África. Pueden servirse asadas, cocidas o a la parrilla.
También arañas y gusanos
En Europa y América se encuentran escarabajos, langostas y otras criaturas que suelen generar asco. También arañas y gusanos, que si bien no son insectos, pueden servir para alimentarse. Un ejemplo son las tarántulas fritas, muy populares en Camboya. Allá las adoran, aunque otros las miran con horror.
A la carta
También la alta cocina internacional sirve insectos y otros invertebrados. En restaurantes mexicanos los gusanos con guacamole son muy populares. E incluso en Alemania ya abren los primeros recintos que ofrecen langostas, gusanos u orugas, aunque todavía para un público refinado de gustos excéntricos.
El secreto mejor guardado
Hay alrededor de mil especies de insectos, arácnidos y otros invertebrados comestibles en el mundo. Esa lista incluye a las abejas. Los insectos son una fuente de alimentos sana, sostenible, rica en vitaminas y proteínas y la mayoría de las veces, sabrosa.
Comprobado: los gusanos son ecologistas
En 2012 un grupo de investigadores analizó la producción de gusanos en una granja de Holanda, ateniéndose a criterios ecológicos. El resultado: para generar un kilo de proteínas se necesitaban menos espacio y energía que en las granjas lecheras o productoras de carne de vacuno.
Abejorros en sopa
En el pasado, los insectos fueron comidos en abundancia en Alemania. Hasta mediados del siglo XX, la sopa de abejorro era muy popular. Se decía que su sabor recordaba a la sopa de cangrejo. Además, era posible encontrar escarabajos azucarados y confitados en las pastelerías.
¿Se te antojaron?
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