Motivos para intentar estafar a las aseguradoras hay tantosy tan variados como: sujetos que anhelan hacerse ricos de la noche a la mañana,o aquellos que intentan resolver parcialmente sus tribulaciones presentes, deforma puntual o en algunos con cierto efecto "enganche".
Basilioy Carmen: amor al fraude.
Basilio conoció a Carmen accidentalmente. La atropelló alsalir de un aparcamiento. El seguro del coche indemnizó con 4.800 euros a lamujer por las lesiones sufridas. De tan violento primer encuentro surgió unarelación sentimental. Viendo lo poco que se había investigado el atropellodecidieron repetirlo. Las siguientes escenas fueron parecidas al primertopetazo, pero adornadas de muy diversas maneras: Carmen, en bicicleta; Carmen,cruzando una calle con una televisión en los brazos; Carmen con un carrito debebé...
Siete compañías de seguro, con las que Basilio había firmadouna póliza, pagaron a Carmen un total de 28.200 euros. El timo llegó a su máximasofisticación (o perversión, según se mire) cuando inventaron que Carmen estabaembarazada en el momento del séptimo accidente simulado. Falsificando uncertificado del servicio valenciano de salud engañaron a la aseguradora yllegaron a cobrar 3.600 euros. Como a los gatos, la suerte les sonrió en seisocasiones, pero, a la séptima, les pillaron y fueron condenados a cuatro añosen la cárcel.
Los 4 mosqueteros.
Cuatro chavales viajan en coche por una carretera comarcal,cuando de repente al inexperto conductor se le cruza un perro y en la maniobraacaban chocando contra un poste de electricidad. El coche queda siniestro totaly ninguno de ellos sufre daños corporales.
El conductor como tenía el seguro a terceros, sabe que nocobrará una indemnización por su coche. Sin embargo, le propone a sus amigosque vayan al médico y simulen una lesión como puede ser un “dolor cervical”,para que la compañía les indemnice a cada uno.
Así, juntando lasindemnizaciones de cada uno, el conductor podrá volver a comprarse un coche desegunda mano.
Tras la pérdida económica sufrida por el conductor, surge unsentimiento “equivocado” de solidaridad por parte de sus amigos, que les llevaa perjudicar al resto de asegurados y a la compañía de seguros.
Un muerto muy vivo.
Hay vivos que son muy vivos y muertos que lo son aún más.Muertos tan vivos que les crece el pelo y pegan el estirón. Que son y no son.Que mueren de vivos para resucitar en un calabozo, infierno mundano en el queacabó un hombre que quiso literalmente pasar a mejor vida. Para ello contratóun suculento seguro personal, de los que hacen ricos al que queda detrás y lecuestan un potosí al que los firma con la intención de dejar un lustroso yforrado cadáver. Consuelo amargo. U oportunidad dorada. Esto último tentó alhombre de nuestra historia, decidido a legar una fortuna a su madre en caso desufrir un accidente fatal como el que poco después ( ¡oh, azares del destino!)sufrió.

Y no sufrió: la aseguradora le devolvió el pulso con uninvestigación tan brillante como simple. Bastó comprobar la estatura delcadáver para que el fallecido volviese de entre los muertos, para disgusto desu madre, sacudida por una desgracia distinta a la llorada: rechazaronentregarle la montaña de billetes de la póliza. Porque su hijo en realidad nofue arrollado por un coche que circulaba a gran velocidad. Ni hubo atropello niel cadáver medía lo debido. Ni siquiera el acta de levantamiento del cuerpo niel protocolo de necropsia eran auténticos: lo único real era que el aseguradoera un vivo muy vivo.
Con"e" y "r" de fraude.
El caso ganador del concurso de fraudes en 2002 fue el de unjoven que en dos años presentó 75 reclamaciones a 11 aseguradoras diferentespor accidentes domésticos y robos. El chaval, que pasaba apuros económicos, ibaa la comisaría y contaba que le habían atracado al sacar dinero en un cajeroautomático. Después, peregrinaba por las distintas compañías con las que teníaseguro antirrobo solicitando una indemnización.
Esto lo hizo en 25 ocasiones, hasta que una agencia dedetectives, que trabaja habitualmente con aseguradoras, Gesterc, inició uninvestigación. Al final le acabaron descubriendo. La máquina de escribir con laque redactaba las cartas dirigidas a las diferentes aseguradoras tenía unligero defecto en las letras 'e' y 'r'. Imposible que fuera casualidad.
Un seguro anterior...
A.C. falleció en un accidente de motocicleta y susfamiliares, a pesar de lo doloroso de los acontecimientos, no tardaron encontratarle un seguro, retrotrayendo la fecha de contratación al día delaccidente. Poco después, la aseguradora que emitió la póliza recibió lanotificación judicial de que debía indemnizar a los citados familiares con unacantidad cercana a los 68.000 euros.
Como olía a “chamusquina”, la aseguradora inició unainvestigación y consiguió demostrar que se trataba de un fraude. Todo acababien, los estafadores, “los malos”, son condenados a seis meses de prisión pordelito de estafa de especial gravedad en grado de tentativa y la entidad se ahorra el dinero.
Dime a quién llamas...
El pillado en esta ocasión fue a un cazador al quesupuestamente había disparado su padre por error, un accidente que habíaterminado en la amputación de la pierna. Sin embargo, al iniciar lainvestigación, la compañía descubrió que en la grabación de la llamada alservicio de emergencias, el cazador aseguraba que se había disparado a símismo, que estaba solo y pedía que lo auxiliaran cuanto antes.
Lasredes sociales como aliado.
En los últimos años, los investigadores han encontrado enlas redes sociales un gran aliado para la detección del fraude.
Así, en uno de los casos recientes, una motorista alegóhaber sufrido una caída en una gasolinera que le impedía trabajar, cuando en sured social había publicado fotografías del Gran Premio de Qatar, inclusopilotando vehículos de gran cilindrada.
Homicidiopor seguro.
Dina Abdelhaq asfixió a Tara, su hija de siete semanas, paracobrar $200.000 por su seguro de vida y poder así alimentar su vicio as juegoen 1995. La residente de Illinois, hundida en deudas por jugar en los casinos flotantes, estaba sin empleo y recibíasubsidios sociales.

Tara murió en su cuna sólo dos semanas después de queAbdelhap sacó el seguro de vida a nombre de ella. Abdelhaq recibió unasentencia de 21 años de prisión por fraude de seguro en 2000.
Seguro de propiedad.
Irwin Bransky,distribuidor de programación de computadoras de California, tenía muchamercadería inservible. Por eso cuando en 1994 ocurrió el terremoto deNorthridge en California, Bransky les ordenó a sus empleados que saltaran sobrelos paquetes de programas y que los doblaran con las manos para aumentar lareclamación del seguro.
Bransky presentó una reclamación $5 millones y la compañíade seguro pagó $840,000 antes de que un empleado diera la alarma. Branskyrecibió 51 meses de prisión en 1998.
Incendiarismo.
En 1996, HelenTidwell contrató a dos adolescentes locales para que incendiaran su restaurantede Tampa, Gram´s Country Kitchen, para poder cobrar el dinero del seguro. Perolos vapores de la gasolina que los muchachos derramaron en el restaurante seencendieron accidentalmente y causaron una explosión.
Uno de los muchachosmurió y el otro sufrió cicatrices permanentes. A Tidwell la condenaron a 30años de prisión en 1999.